El Evangelio según San Marcos relata la historia de un dueño de viña que envió a sus servidores y finalmente a su hijo, a quien los arrendatarios mataron. La lectura fue compartida en celebraciones religiosas en la provincia.
En el marco de las celebraciones dominicales en Santiago del Estero, se leyó el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 12,1-12. El texto presenta una parábola en la que un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Luego la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Según el relato, a su debido tiempo el dueño envió a un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía. Los viñadores tomaron al servidor, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías. El dueño envió a otro servidor, a quien también maltrataron y llenaron de ultrajes. Un tercer servidor fue muerto, y otros fueron golpeados o asesinados.
El dueño decidió entonces enviar a su hijo, a quien quería mucho, pensando: “Respetarán a mi hijo”. Sin embargo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo y la herencia será nuestra”. Tomaron al hijo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
Jesús preguntó: “¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros”. Citó luego la Escritura: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos”.
El Evangelio concluye señalando que los líderes religiosos buscaban detener a Jesús, porque comprendieron que la parábola se refería a ellos, pero temían a la multitud. Finalmente, lo dejaron y se fueron.
