Una imagen captada desde otro ángulo de un video dejó al descubierto una acción provocativa y antirreglamentaria que pasó inadvertida para el árbitro y que pudo haber cambiado el rumbo del partido entre Cruzeiro y Boca por la Copa Libertadores.
La expulsión de Adam Bareiro, antes del cierre del primer tiempo en el Mineirao, condicionó completamente el desarrollo del encuentro. Con un jugador menos, Boca se replegó durante el complemento y resistió hasta los 38 minutos, cuando Néiser Villarreal marcó el 1-0 definitivo para el conjunto brasileño.
Horas después del partido, y con los ánimos más calmados, el delantero paraguayo pidió disculpas públicamente. Sin embargo, la aparición de nuevas imágenes reavivó la polémica.
Minutos antes del cruce que derivó en la doble amarilla, Bareiro ya había tenido un encontronazo con Christian. En una jugada en la mitad de la cancha, el atacante de Boca protegía la pelota de espaldas mientras resistía los embates del volante rival. El video, grabado a ras del campo y desde atrás, no solo evidencia la intensidad física del duelo, sino también un gesto desagradable de Christian: en medio del forcejeo, el mediocampista le tocó la zona glútea a Bareiro, provocando su primera reacción de furia.
El delantero reclamó de inmediato tanto a Ostojich como al cuarto árbitro, el venezolano Yender Herrera, que se encontraba a pocos metros. Sin embargo, ninguno de los oficiales advirtió la acción. De acuerdo a las reglas de la IFAB (International Football Association Board), este tipo de conductas —consideradas ofensivas o indecentes— pueden ser sancionadas con expulsión directa. De haber sido detectado, Christian podría haber visto la tarjeta roja mucho antes del incidente que terminó con Bareiro fuera del partido.
La polémica también reavivó un recuerdo en los hinchas de Boca, un episodio similar protagonizado por Fabián Santa Cruz y Juan Román Riquelme en 2002, cuando el ídolo xeneize reaccionó con una trompada tras una agresión en el duelo ante Banfield y terminó expulsado.
Más allá de las especulaciones, lo concreto es que la jugada no sancionada marcó un antes y un después en el clima del partido. Bareiro jugó condicionado, al límite, y terminó pagando caro una reacción que pudo haberse evitado si la acción previa hubiera sido correctamente sancionada.
