Una enseñanza de Jesús invita a no inquietarse y a confiar en un plan mayor, en un mensaje que resuena en la comunidad santiagueña.
En un pasaje de profunda espiritualidad, Jesús se dirige a sus discípulos con palabras de aliento y esperanza. «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!», expresa, subrayando una paz que trasciende las circunstancias externas.
El mensaje continúa con una promesa: «Me voy y volveré a ustedes». Jesús invita a sus seguidores a alegrarse por su retorno junto al Padre, recordando que el Padre es más grande que él. Además, adelanta estos hechos para que, cuando ocurran, sus discípulos puedan creer.
Finalmente, Jesús señala que el Príncipe de este mundo está por llegar, pero que nada puede hacer contra él. «Es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado», concluye, reafirmando su misión de amor y obediencia.
