Una multitud de fieles participó de la tradicional peregrinación juvenil y las celebraciones religiosas en Matará.
Más de 200 jóvenes caminaron durante toda la noche como signo de fe, entrega y búsqueda del Señor. Ya en Matará, el pasado sábado se vivieron diversas actividades: encuentros catequísticos, la celebración de la Eucaristía, adoración eucarística, momentos recreativos y espacios de encuentro fraterno compartidos con la comunidad local.
Este domingo, día propio de su fiesta, una gran multitud de fieles —tanto del lugar como de comunidades vecinas— se sumó a la procesión que comenzó en la entrada del pueblo y se dirigió hacia el predio del templo parroquial. Allí, al aire libre, se celebró la Santa Misa y se administró el sacramento de la Confirmación a un nutrido grupo de adolescentes y jóvenes.
Esta experiencia de fe, que desde hace varios años se viene realizando, es una clara expresión de la transmisión viva del Evangelio a las nuevas generaciones en nuestro contexto. Al finalizar esta fiesta, resuenan con fuerza las palabras de Mons. José Luis Corral, que nos invitan a mirar la Cruz no como un peso, sino como el signo supremo del amor de Cristo, el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas y nunca nos abandona.
En un mundo que muchas veces hiere, confunde y roba la esperanza —especialmente a los jóvenes—, la fe se presenta como el verdadero antídoto contra el miedo y la tristeza. La Cruz de Matará nos recuerda que no estamos solos: somos un pueblo llamado a caminar unido, a ser “piedras vivas” que construyen comunidad, a no dejarnos arrebatar la dignidad ni la esperanza.
Cristo es el Camino que queremos recorrer, la roca firme sobre la cual edificar nuestra vida. Por eso, esta peregrinación no termina aquí. Es un envío. Es un llamado a llevar a Cristo a todos los ambientes, a testimoniarlo con la vida, a irradiar su luz en medio de nuestras realidades. Porque de la Cruz brotan la fuerza, la sabiduría y la vida nueva. Que, sostenidos por esta fe, podamos decir con confianza renovada: Jesús de Matará, no queremos soltarte. Conducinos por tu Cruz hacia la vida plena, y hacé de nosotros testigos de tu amor en medio del mundo. Amén.
