La sustancia utilizada en la muerte del anestesista Alejandro Salazar en Buenos Aires es la misma que causó el deceso del cantante Michael Jackson en 2009, poniendo en foco los riesgos de su uso fuera del ámbito médico controlado.
La muerte del anestesista Alejandro Salazar, de 31 años, encontrado en su departamento de Palermo, presenta una coincidencia con el fallecimiento de la estrella del pop Michael Jackson en 2009: ambos casos están relacionados con el uso del anestésico Propofol.
Según informaron fuentes del caso a la Agencia Noticias Argentinas, la autopsia de Salazar confirmó que su deceso se debió a una congestión, edema pulmonar y edema meningoencefálico, producto del consumo de Propofol y fentanilo. Estos fármacos son utilizados en entornos médicos para inducir y mantener la anestesia, requiriendo un estricto monitoreo profesional.
En el caso de Michael Jackson, quien falleció el 25 de junio de 2009, la investigación judicial determinó que el artista murió por «intoxicación aguda por Propofol». Su médico personal, el Dr. Conrad Murray, le administró una dosis de esta sustancia en su residencia privada para ayudarlo a dormir, sin el equipo de monitoreo necesario y dejándolo sin supervisión. Murray fue condenado por homicidio involuntario.
El Propofol es un anestésico intravenoso de uso hospitalario, empleado para inducir anestesia general, sedación en procedimientos como endoscopías o en terapia intensiva. Actúa sobre los neurotransmisores del cerebro induciendo un estado de relajación profunda. Cuando se combina con opioides como el fentanilo, puede potenciar su efecto, pero también aumentar el riesgo de depresión del sistema nervioso central, apnea o paro respiratorio.
Estos casos han generado debates sobre el uso indebido de fármacos de alto control fuera de entornos sanitarios, destacando la importancia de su administración exclusiva por profesionales de la salud y con el equipamiento de vigilancia adecuado para prevenir riesgos graves o muerte súbita.
