Según el relato del Evangelio, los eventos decisivos comenzaron cuando Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, pactó con las autoridades religiosas la entrega de Jesús a cambio de treinta monedas de plata. Posteriormente, durante la celebración de la cena pascual, Jesús anticipó a sus seguidores que uno de ellos lo traicionaría, generando consternación entre los presentes.
La Última Cena y la Agonía en el Huerto
En el transcurso de esa misma cena, Jesús instituyó un ritual fundamental al compartir pan y vino, identificándolos simbólicamente con su cuerpo y su sangre. Tras esto, el grupo se dirigió al monte de los Olivos, donde Jesús expresó una profunda angustia y oró en soledad en el lugar conocido como Getsemaní, mientras sus discípulos dormían.
La Detención y el Juicio
La llegada de Judas al huerto, acompañado de una multitud armada, marcó el momento de la detención. El discípulo identificó a Jesús con un beso, cumpliendo la señal acordada. A pesar de un intento de resistencia por parte de uno de los presentes, Jesús fue arrestado y todos sus seguidores huyeron, incluyendo a Pedro, quien poco después negaría conocerlo en tres ocasiones distintas, tal como le había sido anticipado.
Jesús fue conducido ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde un tribunal religioso lo interrogó. El proceso culminó con la decisión de llevarlo ante la autoridad romana, Poncio Pilato, para solicitar una condena a muerte. Pilato, tras un interrogatorio, accedió finalmente a la presión de los líderes judíos y la multitud, ordenando la crucifixión.
El Camino al Calvario y la Crucifixión
Tras ser flagelado y escarnecido por los soldados, Jesús fue obligado a cargar con la cruz hacia el lugar de la ejecución, conocido como Gólgota. Allí fue crucificado entre dos ladrones. El relato describe sus últimas palabras en la cruz y diversos fenómenos que, según los textos, acompañaron su muerte, como un oscurecimiento del cielo y un terremoto.
Finalmente, el cuerpo de Jesús fue depositado en un sepulcro nuevo, propiedad de José de Arimatea, un discípulo secreto. La tumba fue sellada con una gran piedra y se dispuso una guardia a petición de las autoridades, quienes recordaban que Jesús había predicho su resurrección al tercer día.
