El sector agropecuario y el transporte de cargas enfrentan un escenario de creciente presión sobre sus costos operativos, derivado del sostenido aumento en el precio del gasoil. Este incremento, asociado a factores del mercado internacional, coincide con el inicio de la cosecha gruesa, período de máxima demanda de combustible para maquinaria y logística.
Impacto directo en el campo
Los contratistas de maquinaria agrícola, actores clave en la recolección de soja y maíz, han comenzado a ajustar sus tarifas en respuesta al encarecimiento del combustible. Según informaron desde el sector, el gasoil registró una suba cercana al 30% durante las últimas semanas, lo que representa una porción significativa del costo total de la cosecha.
Para amortiguar el impacto, los ajustes se están implementando de forma gradual y con revisiones frecuentes, evitando incrementos bruscos que puedan afectar la cadena. La estrategia actual consiste en actualizar los valores cada quince días, buscando reflejar la evolución del precio del combustible sin exceder su peso real en la estructura de costos final.
La voz del transporte de cargas
Paralelamente, el sector del autotransporte de cargas, compuesto mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, manifestó una preocupación aún más crítica. Desde sus entidades representativas señalaron que el combustible representa aproximadamente un tercio de sus costos operativos totales.
Ante la magnitud de las subas recientes, advirtieron que, de no trasladarse parcialmente este incremento a las tarifas de flete, muchas compañías se verían obligadas a reconsiderar la prestación de servicios para no incurrir en pérdidas. Esta situación podría afectar la logística en un momento de alta demanda, como es el traslado de la cosecha hacia los puertos.
Un momento económico clave
La coyuntura adquiere especial relevancia dado el rol estratégico de ambos sectores. La cosecha gruesa es un pilar fundamental para la economía regional y nacional, mientras que el transporte por carretera moviliza la mayor parte de la producción. Cualquier disrupción en estas cadenas tendría repercusiones inmediatas en la actividad económica y el empleo.
Por el momento, no se reportan problemas de desabastecimiento de combustible, lo que permite mantener la operatividad. Sin embargo, la incertidumbre sobre la evolución futura de los precios mantiene en vilo a miles de empresas que dependen del gasoil para sus actividades diarias.
