América Latina experimenta un cambio hacia la derecha, con nuevos líderes que priorizan seguridad y economía, mientras el centro político enfrenta desafíos para mantener su relevancia.
América Latina atraviesa un giro político hacia la derecha. Tras el desgaste de varios gobiernos de izquierda, fuerzas conservadoras y populistas de derecha han ganado terreno desde 2025. Este cambio sucede después de la llamada marea rosa de los años 2000 y se ve impulsado por el descontento ciudadano, el auge de líderes disruptivos y una nueva política exterior de Estados Unidos.
De las 15 democracias analizadas, nueve han cambiado de orientación política desde 2022, en su mayoría de izquierda a derecha. Figuras como Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador encarnan este nuevo clima político con estrategias populistas, mientras que líderes como Luis Abinader en República Dominicana representan una derecha moderada que apuesta por la estabilidad y el pragmatismo.
El cambio no responde únicamente a un entusiasmo ideológico por la derecha, sino también a un voto de protesta contra gobiernos de izquierda que no cumplieron con las expectativas. La política exterior de Estados Unidos también ha influido, con una postura más activa en la región.
La nueva derecha latinoamericana es diversa. Incluye desde populistas radicales hasta conservadores moderados. Al mismo tiempo, líderes conservadores moderados han prosperado electoralmente, centrados en la estabilidad económica, la lucha contra la corrupción y la gestión técnica.
Pese a sus diferencias, los gobiernos de derecha comparten prioridades comunes: seguridad, crecimiento económico y rechazo al legado de la izquierda. También promueven políticas de libre mercado y se presentan como defensores de valores tradicionales.
La izquierda, por su parte, ha perdido impulso. Los partidos de centro y centroderecha tradicionales enfrentan un dilema: aliarse con los nuevos populistas de derecha para mantener relevancia, o distanciarse para preservar su identidad.
Un rasgo notable de esta derechización es la participación de las nuevas generaciones. Los votantes jóvenes han mostrado poca aversión a respaldar candidatos de derecha o antisistema, impulsados por el uso de redes sociales y el desencanto con gobiernos previos.
La gran pregunta es si este giro a la derecha será sostenible y generará mejoras reales en la vida de los ciudadanos, o si terminará siendo una fase pasajera más en el ciclo pendular de la región.
