La apertura de importaciones de residuos reciclables y la baja en los precios del cartón y el plástico complican la economía de cientos de familias que viven del reciclaje en la provincia.
En un contexto económico complejo, los recuperadores urbanos de Santiago del Estero enfrentan un nuevo desafío: la apertura de importaciones de residuos reciclables, una medida que, según advierten desde el sector, profundiza la caída de sus ingresos y afecta directamente a cientos de familias que viven de esta actividad.
En diálogo con La Mañana de Info, Sergio Páez, integrante de la asociación TraeeR, explicó que el panorama actual combina varios factores adversos. “Hoy las familias de recuperadores están pasando una gran necesidad económica. Los precios del cartón y el plástico están a un 20 o 30% de lo que valían hace dos años”, detalló. Para dimensionar la situación, graficó: “Un cartonero tiene que vender 40 kilos de cartón para comprar un kilo de pan”.
Páez apuntó directamente al impacto de las políticas nacionales. “La apertura de importaciones nos afecta porque están comprando cartón y otros residuos a Brasil. Eso se suma a la caída del consumo: hay menos mercadería, menos cajas, menos botellas. Es un círculo que nos perjudica”, sostuvo.
Frente a este escenario, desde TraeeR buscan alternativas para sostener la actividad. Una de las estrategias es avanzar en la economía circular y la profesionalización del sector. “No queremos que sea solo comprar y vender. Estamos capacitando para agregar valor a los materiales reciclados”, explicó. En esa línea, la organización ya impulsó la creación de cinco grupos de emprendedores que transforman residuos en nuevos productos. “Hay quienes hacen vasos con vidrio reciclado, otros almohadones, pinturas y objetos decorativos. La idea es que puedan generar ingresos extra a partir del reciclaje”, indicó.
A pesar de las dificultades, Páez destacó el trabajo articulado con el Estado provincial y municipal. “Recibimos apoyo con plantas para el ecocanje, tricicletas y otras herramientas. Es un trabajo conjunto que permite sostener parte de la actividad”, señaló. Uno de los ejemplos más concretos de esta articulación es la producción de ladrillos ecológicos. Según explicó, el circuito involucra a distintos actores: los vecinos participan del ecocanje, las asociaciones recolectan materiales reciclables y el Instituto Provincial de Vivienda los utiliza para la construcción de viviendas. “Es una cadena donde participan el Estado, las organizaciones y la comunidad, todos trabajando por el ambiente y la calidad de vida”, remarcó.
En ese marco, la asociación también se prepara para celebrar un nuevo aniversario con un congreso que pondrá en agenda temas clave. “Vamos a cumplir 12 años y organizamos un encuentro sobre medio ambiente, paz y familia, tres ejes fundamentales en este momento”, adelantó. Finalmente, Páez dejó un mensaje que resume la filosofía del espacio: “En tiempos difíciles, no solo en lo económico sino también en lo ambiental, tenemos que trabajar con un lema claro: amar al prójimo y al ambiente como a uno mismo”.
