La cantante mexicana Fey vuelve a Argentina después de casi 20 años para presentarse en el Gran Rex. En esta entrevista, comparte su nostalgia por el país, su gusto por el mate y los panqueques con dulce de leche, y reflexiona sobre su carrera y el consejo que le daría a Lali Espósito.
Pasaron cerca de 20 años de su última visita, sin embargo, su amor por Argentina sigue intacto. En las calles, en las radios o en las plataformas, los éxitos de Fey, como “Azúcar amargo”, no dejan de sonar. Es por eso que, a horas de su show en Buenos Aires, la nostalgia y la emoción invaden a la estrella pop.
Al ser consultada por su gusto por el mate, la estrella pop revela: “Es muy familiar la sensación. Pero te confieso que allá me lo preparaban siempre en las tardes, no en el día. Tipo a las 5 de la tarde y los panqueques con dulce de leche”.
– ¿Cómo te recibió Buenos Aires y cómo la notas después de tantos años?
– ¿Y qué recordás de lo que te contaba tu mamá de Buenos Aires, de Argentina?
– Y ahora vas a presentarte en el Gran Rex…
– ¿Cuál es la sensación que vas teniendo a lo largo que recorres los países con este tour?
– Tus canciones suenan en programas de televisión, en concursos de canto, estás siempre…
– Yo te lo juro que también siempre están conmigo. Es esa añoranza por regresar. Es como pues de dónde es tu mamá. Es tu sensación de nacimiento, de hogar, es muy fuerte.
– ¿Y cómo recordás tu infancia? ¿Cuál es la lección más importante que te dieron tu abuela y tu mamá?
– Pues mi abuela creo que fue mi mayor cómplice de toda la vida desde que nací. Ella dio toda su vida para cuidarme. Y me recuerdo riéndome todo el tiempo con ella, una simpatía. Todo era complicidad, todo era risa, todo era un juego para mi abuela. Y mi mamá y mi tía no lo podían creer porque con ellas era otra historia, era una mamá. Entonces, conmigo fue puro juego la vida. Y así fue hasta el último momento, de partirnos de risa. Canceriana como yo también. Y de chiquita, pues una vida muy rara, porque vivía mi mamá y mi tía cantaban y ella me tenía en el hotel, el mismo hotel donde cantaba, todo en el cuarto y dormidita, pero luego iba los ensayos, me subía y me bajaba del escenario, las lentejuelas, los sprays de pelo que salían. Eso fue mi vida un poco pues eso, estar como con los padres que son de teatro y que son que son artistas es eso.
– Y ellas fueron quiénes te introdujeron para brillar de chica, ¿no? A los 14 años ya estabas haciendo presentaciones…
– Sí, empecé de corista. Empecé a hacerles coros a mis tías porque ya no cantaba mi mamá con mi tía porque ella decidió dejarlo y empecé de corista y ahí como a los 16 empecé a entrar a una disquera la cual no funcionó porque no me gustó lo que estaba pasando. Ya después ya fue lo de Sony Music, años después. Pero siempre me preparé desde que tengo conciencia.
– En esa época, a veces te rechazaban los temas y, después de unos días, ¿los volvías a presentar y te los aceptaban?
– Sí, pero yo aprendí eso en el ANR. Me decían: “Ponme las canciones, esta sí, muy buena, esta no sirve de nada”. Perfecto. Siete días después, “Gatos en el balcón” se la volví a poner. No se acordaba. Y decía yo, no pues sí sabe muchísimo. Memoria no tiene. Después de eso me decían: “¿Tú peleaste para que te dejen hacer lo que tú querías?”. No, yo no peleaba, yo hacía eso. Después de eso ya la grababa. Ni siquiera estaba cantada por mí, se las llevaba para escoger el repertorio.
– Recuerdo que llegaron a decirte que tu canción era una porquería, ¿qué te pasaba cuando te decían eso?
– No te lo tomas personal en la vida. Cuando uno no se lo toma personal nada y es un juego y al final no te importa lo que opina la otra persona. Yo tenía muy en claro todo, estaba muy contenta con lo que estaba haciendo y sabía que no existía nada así en ese momento, entonces también era difícil transmitir algo que no estaba, ¿no? Decirles: “Es que esto se va a oír así, confía”. ¿Por qué van a confiar en ti?.
– Fuiste una adelantada a tu época, de mostrar sonidos que después fueron tendencia, fueron hits mundiales.
– Sí fue muy arriesgado porque en ese entonces yo como niña decía: “Yo no me identifico con nada de lo que veo, no me he veo así tan elegante, no me gusta la música que estoy oyendo”. A mi me gustaba el electrónico, bailar. Se fue fusionando ese pop. Y en español casi no había nada electrónico pop. Es que no existía en los 80. Y después logré hacer mi electrónico, que sigo haciendo, y a veces me dicen incomprendidamente, “Esto cómo lo vamos a poner en la radio esto no funciona”. Ya la radio no importa.
– Tus canciones nos hacen revisitar distintos tipos de sentimientos, ¿cómo van cambiando para vos? Por ejemplo, “Azúcar amargo”?
– Se transformó tanto que en ese entonces tal vez se la cantaba una persona y era algo que quieres esconder. Y van pasando los años y hoy les voy encontrando un sistema, un rollo que digo, “es que me estoy cantando a mí también”. Es mi alma diciéndome, “Oye, te quiero reconocer, quiero que seas libre, quiero que no te olvides de tu esencia, ¿no?”.
– Yo creo en la vida y en el amor. Si el amor existe siempre en la pareja, eso es otra cosa. Creo que no estamos diseñados para estar todo el tiempo siempre con un ser humano, aunque sea nuestro mejor amigo, nuestros hijos. Tenemos que tener e
