La organización advierte que las restricciones a exportaciones de energía y fertilizantes podrían agravar la crisis alimentaria y empujar a millones a la pobreza, con efectos que trascienden la región.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) instó a los países a evitar imponer restricciones a las exportaciones de energía y fertilizantes en el contexto del conflicto en Medio Oriente. Advierten que tales medidas, aplicadas en el pasado, han exacerbado los aumentos en los precios mundiales de los alimentos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) subrayó la necesidad de que los insumos agrícolas circulen por el Estrecho de Ormuz «lo antes posible» para evitar un mayor deterioro. El organismo pidió a los gobiernos reconsiderar los mandatos de biocombustibles y evitar limitaciones a la exportación.
En las últimas semanas, varios países han buscado asegurar el abastecimiento de fertilizantes para sus agricultores. Productores clave han restringido exportaciones, obligando a los compradores a pagar sobreprecios. China detendrá las exportaciones de ácido sulfúrico a partir de mayo, Rusia suspendió temporalmente la exportación de nitrato de amonio y la empresa estadounidense CF Industries Holdings Inc. anunció que priorizará el mercado interno.
Aunque el índice de precios de los alimentos de la FAO se mantuvo estable en marzo, se prevé que la presión aumente cuando los agricultores ajusten sus decisiones de siembra. Los precios de la urea granulada en Medio Oriente han subido un 70% desde el inicio del conflicto, según datos de Bloomberg Green Markets.
Por otro lado, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alertó que la guerra podría empujar a la pobreza a más de 30 millones de personas en 162 países. Sus proyecciones indican que, incluso tras un alto el fuego, se observa una transición a una fase prolongada de la crisis. En el peor escenario, hasta 32 millones de personas adicionales podrían verse afectadas.
El impacto se concentra en países directamente involucrados y en aquellos dependientes de la energía importada. El administrador del PNUD, Alexander de Croo, afirmó: «La guerra es desarrollo en sentido inverso. Un conflicto puede deshacer en semanas lo que los países han construido durante años». Señaló que la crisis fuerza a tomar «decisiones imposibles» entre estabilizar precios o financiar servicios esenciales como salud y educación, una situación que calificó como «inaceptable y evitable».
