El relato del encuentro en el sepulcro, narrado en el Evangelio de Juan, es un episodio central de la tradición cristiana que invita a la reflexión.
Según el relato del Evangelio de Juan, María Magdalena se encontraba afligida fuera del sepulcro de Jesús. Al asomarse, vio a dos ángeles vestidos de blanco, quienes le preguntaron la razón de su llanto. Ella respondió que habían llevado el cuerpo de su Señor y no sabía dónde lo habían puesto.
Al volverse, se encontró con Jesús, pero inicialmente no lo reconoció, creyendo que era el cuidador del lugar. Fue cuando él la llamó por su nombre, «¡María!», que ella lo identificó como su Maestro.
Jesús le dijo entonces: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'». María Magdalena fue posteriormente a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y le había transmitido ese mensaje.
