La falta de submarinos operativos y la obsolescencia de su flota plantean desafíos para la defensa marítima nacional, mientras se analiza una propuesta italiana como solución a corto plazo.
La Armada Argentina enfrenta actualmente desafíos en su capacidad operativa, destacándose la carencia de submarinos plenamente funcionales para la vigilancia y disuasión en el amplio territorio marítimo nacional. Según análisis del sector, esta situación genera una vulnerabilidad en áreas sensibles como el control de la pesca ilegal y la presencia en regiones de interés geopolítico.
De una flota total de 42 buques, se estima que solo alrededor de 18 se encuentran en condiciones de navegar. La institución ha incorporado patrulleros oceánicos, pero requiere modernización en sus unidades principales. Asimismo, la aviación naval presenta incertidumbres, con aviones Super Étendard adquiridos en 2019 aún sin entrar en operaciones plenas.
La distribución del presupuesto, destinado en un alto porcentaje a salarios y pensiones, limita los fondos para mantenimiento, combustible y actualización de equipos. Esta coyuntura ha sido asociada, según reportes, a un éxodo de personal calificado.
La pérdida del submarino ARA San Juan dejó a la Armada con una única unidad submarina disponible, el ARA Salta, de la clase Type 209 construido en los años 70. Su función actual se limita principalmente a tareas de entrenamiento, sin capacidad para misiones prolongadas de patrullaje o combate.
En este contexto, ha tomado relevancia una propuesta de Italia para proveer submarinos de segunda mano, como los de la clase Sauro o modelos más modernos como los U212. Esta alternativa se presenta como una solución pragmática y de rápida implementación para cubrir la brecha operativa actual, con un costo significativamente menor al de unidades nuevas.
No obstante, expertos y sectores dentro de la misma fuerza señalan posibles desventajas, como una dependencia de repuestos y soporte técnico italiano, y una vida útil limitada de las unidades usadas, lo que podría requerir nuevas soluciones en pocos años.
Paralelamente, se mantienen planes a largo plazo que apuntan a la construcción de submarinos en astilleros nacionales, posiblemente mediante asociaciones con países como Francia o Alemania que incluyan transferencia tecnológica. La visión estratégica combina, por tanto, la atención a la urgencia operativa con el desarrollo de capacidades industriales y de defensa propias a futuro.
