En los últimos años, la terapia de oxígeno hiperbárico (TOHB) ha trascendido los límites de los hospitales para instalarse en el mundo del bienestar y la optimización personal. Dispositivos que van desde cámaras rígidas hasta bolsas portátiles se ofrecen con promesas de rejuvenecimiento, mejora cognitiva y mayor longevidad, atrayendo a atletas de élite y gurús de la biohackeo. No obstante, la comunidad médica observa con preocupación esta tendencia, subrayando la falta de consenso científico para tales afirmaciones y los peligros potenciales de su uso inadecuado.
Un tratamiento médico con historia
La terapia hiperbárica tiene una base médica sólida y reconocida. Se emplea desde hace décadas en entornos clínicos para tratar afecciones específicas como la enfermedad por descompresión en buzos, intoxicaciones por monóxido de carbono, heridas complejas que no cicatrizan y lesiones por radiación. El principio es fisiológico: en una cámara presurizada, los pulmones pueden absorber una mayor cantidad de oxígeno, que luego es transportado por el torrente sanguíneo a los tejidos, promoviendo la curación y reduciendo la inflamación en áreas dañadas.
La brecha entre la evidencia y el marketing
El salto desde estas aplicaciones médicas validadas hacia el ámbito del «wellness» es donde surgen las controversias. «El término ‘bienestar’ a menudo otorga una apariencia de legitimidad a prácticas que carecen de respaldo científico robusto», explica un investigador especializado en el campo. Algunos estudios preliminares, principalmente realizados en Israel, han sugerido posibles beneficios en marcadores celulares asociados al envejecimiento o en la función cognitiva de adultos mayores. Sin embargo, los propios autores de estas investigaciones son los primeros en pedir cautela.
Estudios pequeños y condiciones estrictas
Estos trabajos se han realizado con muestras reducidas de participantes y bajo protocolos extremadamente controlados: sesiones diarias y prolongadas en cámaras de acero médicas, durante meses. Los científicos advierten que es imposible extrapolar estos resultados a los equipos comerciales de uso doméstico o a protocolos más laxos. «Las cámaras blandas que se venden online no son equivalentes a los equipos médicos», señala una especialista, quien recalca que muchos de los supuestos beneficios anunciados provienen de estudios en cultivos celulares, no en seres humanos.
Riesgos y falta de regulación
El uso inapropiado de esta tecnología no solo puede ser inefectivo, sino también peligroso. En 2025, dos incidentes fatales, incluido el de un niño, por incendios en cámaras de oxígeno, encendieron las alarmas sobre los estándares de seguridad en algunas clínicas. Mientras los dispositivos para uso médico requieren la aprobación de entidades regulatorias como la FDA, aquellos comercializados con fines de bienestar o antienvejecimiento operan a menudo en un vacío legal, sin supervisión sobre sus afirmaciones o sus condiciones de operación.
La conclusión de los expertos consultados es clara: la terapia hiperbárica es una herramienta valiosa dentro de la medicina, para indicaciones muy concretas. Sin embargo, su promoción como una panacea para el envejecimiento o un complemento de estilo de vida carece, por ahora, del respaldo científico necesario. La recomendación para cualquier persona interesada es consultar con un profesional médico y desconfiar de las promesas exageradas que circulan fuera del ámbito clínico.
