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Todo aquel que alguna vez haya pasado por la góndola de suplementos, vio frascos de pastillas y gomitas que prometen reforzar el sistema inmunológico. Muchos se ven tentados a probarlos para ver si es verdad. De hecho millones de personas consumen suplementos con ese objetivo.
Un estudio reciente publicado en JAMA Network Open analizó los hábitos de más de 15.000 personas y encontró que uno de cada nueve estadounidenses tomó suplementos para fortalecer su sistema inmunológico entre 2017 y 2020.
“Es un tema que surge todo el tiempo”, comentó el Dr. Michael Ben-Aderet, director asociado de epidemiología hospitalaria en Cedars-Sinai, quien no participó en el estudio. “Hay una gran tendencia a querer optimizar la salud a través de suplementos”.
Sin embargo, la mayoría de las personas los consumió sin la recomendación de un médico. Aquí está el punto clave: varios médicos especialistas en enfermedades infecciosas y científicos advierten que no hay suficiente evidencia de que estos realmente funcionen.
¿Qué dice la ciencia?
Los suplementos para el sistema inmunológico suelen incluir vitaminas y minerales esenciales para las defensas del organismo. Entonces, parece lógico pensar que pueden ayudar a prevenir infecciones virales o reducir sus síntomas.
De hecho, ciertos nutrientes como las vitaminas A, C, D y el zinc juegan un rol clave en la protección contra patógenos. La falta de ellos puede aumentar el riesgo de enfermarse, explicó la Dra. Mahtab Jafari, profesora de ciencias farmacéuticas en la Universidad de California, Irvine.
Sin embargo, según Ben-Aderet, la mayoría de las personas obtiene estos nutrientes a través de una alimentación equilibrada. Para ellos, no hay evidencia convincente de que los suplementos sean necesarios.
Existen miles de suplementos que dicen ayudar al sistema inmunológico. Algunos contienen un solo nutriente; otros, una mezcla de ingredientes. Entre los más comunes están la vitamina D, la vitamina C y el zinc, pero los estudios sobre sus beneficios siguen sin ser concluyentes.
Por ejemplo, un análisis de 2020 encontró que los suplementos de vitamina D no protegían contra infecciones virales en personas con niveles normales o altos de esta vitamina. Sin embargo, otro estudio de 2021 con casi 50.000 participantes indicó que su consumo redujo ligeramente el riesgo de infecciones respiratorias agudas. (Pero este último estudio incluyó autores financiados por la industria de suplementos).
Para la vitamina C y el zinc, la evidencia es igualmente poco convincente. Un análisis de 2013 con más de 11.000 personas concluyó que la vitamina C no reducía el riesgo de resfriados, aunque podría acortar su duración. En cuanto al zinc, un análisis de 2024 con más de 8.000 participantes determinó que no previene el resfriado común y su impacto en la duración de los síntomas es mínimo.
Otras opciones como el saúco o la equinácea también aparecen en suplementos para el sistema inmunológico. Pero, a diferencia de las vitaminas y los minerales, estas plantas no son esenciales para la inmunidad y hay aún menos estudios confiables que respalden su eficacia.
“Me encantaría que hubiera una solución mágica”, dijo la Dra. Jen Wall Forrester, directora de prevención de infecciones en UC Health. “Pero el sistema inmunológico es extremadamente complejo y es poco probable que los suplementos lo cambien significativamente”.
¿Por qué no sabemos si realmente funcionan?
El problema principal es que no hay suficientes ensayos clínicos de alta calidad —el estándar de oro en investigación médica— que evalúen la eficacia de estos suplementos, explicó el Dr. Pieter Cohen, profesor en la Escuela de Medicina de Harvard y experto en seguridad de suplementos.
Además, en Estados Unidos, los suplementos no requieren aprobación de la FDA antes de salir al mercado. Esto significa que las empresas pueden vender productos con ingredientes que no fueron rigurosamente testeados, y ni siquiera necesitan demostrar que contienen lo que dicen.
De hecho, un estudio de 2022 analizó 30 suplementos para el sistema inmunológico y descubrió que más de la mitad tenían etiquetas incorrectas, 13 estaban mal rotulados y 9 contenían ingredientes no declarados.
¿Cuál es la conclusión?
“Cuando sacás un suplemento de la góndola, tenés que ser muy escéptico”, advirtió Ben-Aderet.
Si querés probarlos de todos modos, fijate si tienen sellos de certificación de calidad de terceros, como los de U.S. Pharmacopeia o NSF, recomendó Jafari. También podés revisar en el sitio web de la FDA si la empresa recibió advertencias por publicidad engañosa o malas prácticas de fabricación.
Y, antes de tomar cualquier suplemento, consultá con un médico. Un profesional puede evaluar tus niveles de vitaminas y minerales, advertirte sobre posibles efectos secundarios o dosis peligrosas, y asegurarse de que no haya interacciones riesgosas con otros medicamentos.
Si tu médico dice que el suplemento es seguro, podés probarlo. Pero, como señaló Wall Forrester: “Probablemente solo estés gastando plata”.
The New York Times
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