domingo, 14 julio, 2024

Avisó que su mujer se había quitado la vida, pero era un femicidio

La esposa de un sargento 1° de Gendarmería Nacional fue hallada estrangulada en su casa y lo que parecía un suicidio derivó rápidamente en una investigación por homicidio.

A casi una semana del hecho, no hay detenidos pero los agentes que trabajan en el caso tienen al gendarme como principal sospechoso.

El viernes de la semana pasada, el suboficial Jorge César Páez (55) terminó su guardia minutos después de las 6 y se dirigió en su auto a su casa, donde vivía junto a su esposa, Graciela Beatriz Soto (49).

La propiedad está a sólo tres cuadras del Escuadrón 11, en la ciudad de San Ignacio, Misiones.

En su declaración ante la Policía, el hombre aseguró que al ingresar a la casa se encontró con la puerta de acceso abierta pero no encontró a su pareja, con la que había vuelto a convivir hacía un tiempo.

Tras advertir que no estaba en el dormitorio, el sargento se dirigió hacia la parte posterior de la casa y la halló pendiendo de una soga que estaba atada a los tirantes de un pequeño galpón.

El gendarme relató que rápidamente constató que ya no tenía signos vitales, por lo cual decidió avisar a sus compañeros de trabajo que su esposa se había quitado la vida.

Tras el arribo de sus camaradas, Páez llamó a su hijo subalférez que presta servicios en Córdoba para comunicarle la muerte de Soto. Y luego contactó a una funeraria de la ciudad para retirar el cuerpo para el velatorio, premura que no pasaron por alto los investigadores.

Fue uno de los gendarmes el que llamó a la comisaría de San Ignacio para notificar el fallecimiento de Soto. Para ese entonces había pasado más de una hora del hallazgo del cadáver de la mujer.

A los policías que llegaron al lugar les llamó la atención que el cuerpo estaba con las rodillas casi tocando el piso. El médico policial no dudó en señalar que estaba frente a un homicidio.

En el cadáver halló lesiones de arrastre post morten en una rodilla y tobillo. Y que la muerte era reciente, ya que el cadáver todavía estaba tibio y no había indicios de rigidez.

Esos datos fueron aportados al juez del caso, Roberto Sena, quien le pidió a la Policía que caratulara el caso como una “muerte por causas dudosas” y se diera intervención al Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial para una autopsia.

Los profesionales que realizaron el estudio aportaron nuevos datos: la mujer fue estrangulada desde atrás por una persona de mayor porte. Y que el fallecimiento ocurrió entre las 5 y las 6 de ese día. Es decir que la data de la muerte, teniendo en cuenta un pequeño margen de error, coincide con el horario de salida de Páez de su guardia.

El hombre declaró ante la Policía como testigo sospechoso y dio detalles de sus movimientos en las horas previas. Los investigadores también le tomaron declaración a otros tres gendarmes que esa noche compartieron un patrullaje con Páez y sus dichos fueron coincidentes.

Los vecinos aseguraron que esa madrugada no escucharon nada extraño y que Soto habitualmente se levantaba temprano todos los días porque entre las 6 y las 6.30 salía a caminar por las calles de la ciudad, que está camino a Cataratas, a 60 kilómetros de Posadas.

Un dato no menor es que la mujer tenía colocada la ropa que habitualmente utilizaba para hacer las caminatas y la cama estaba tendida correctamente. Es decir que el ataque se produjo después que había iniciado su día.

Otro dato llamativo es que el asesino ingresó a la casa sin ejercer violencia y en el lugar no se hallaron faltantes de objetos de valor.

Con el paso de las horas, los detectives fueron sumando indicios que colocan a Páez en una situación complicada. Algunos testigos dijeron que el gendarme era muy celoso, a tal punto que su pareja no podía tener redes sociales ni tampoco amistades.

La pareja ya había estado separada, pero en los últimos meses retomaron la convivencia. Soto aparentemente ya tenía tomada la decisión de abandonar a Páez nuevamente porque se había enterado que el hombre tenía un hijo de una relación extramatrimonial.

La Justicia dispuso el secuestro del celular del gendarme para ser peritado y también una requisa en la casa que alquilaba junto a su pareja y en la que estaban construyendo. No se halló nada relacionado con el crimen. Tampoco en su auto.

Pese a que es uno de los principales sospechosos de la muerte de Soto, el juez del caso autorizó a Páez a viajar a Córdoba, donde vive su hijo. Ahora los investigadores esperan el resultado del peritaje sobre su celular, donde esperan hallar nuevos indicios incriminatorios.

EMJ

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