Fragilidad macro y fragmentación: lo que nos espera para cerrar el año

Una situación compleja caracteriza el fin de 2023. Quien resulte victorioso deberá navegar con una economía muy inconsistente, con un cuadro social crítico y un escenario político complejo.

Hoy 07:44

Por Federico Vacalebre para TN – En agosto, la actividad, según el INDEC, creció un 0,3% interanual. Así, se eliminó un lapso de cuatro meses consecutivos interanuales negativos. La variación mensual expuso un aumento del 1,3% contra julio. En términos anuales, explotación de minas y canteras avanzó un 5,1%, comercio mayorista, minorista y reparaciones un 1,3% y actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler 1,4%. A su vez, la mayor incidencia negativa estuvo en la industria manufacturera (-3,5% interanual). En los primeros ocho meses del año, el EMAE mostró una baja del 1,6% contra igual período de 2022. Frente a la falta de divisas, la macro es muy frágil y la incertidumbre tampoco contribuye.

Por su parte, el Ministerio de Economía publicó que, en agosto, el sueldo promedio registrado de los trabajadores estables fue de $344.057. La variación mensual fue un 5,9% y la inflación en ese período fue del 12,4%. Interanualmente, el RIPTE no pudo ganarle a la inflación porque aumentó un 121,1% y la variación del nivel de precios fue de un 124,4%. Hay que considerar que el registro excluye a los trabajadores no registrados, cuyos salarios son los que suelen quedar más rezagados frente a la inflación.

Lo cierto es que después de las elecciones, el mercado manifestó un comportamiento ambiguo, donde cedió la presión dolarizadora, pero se desplomaron bonos y acciones. Ahora, se va a buscar contener la presión cambiaria y la escalada de precios internos. A principio de octubre, el precio de los dólares alternativos, la brecha y los futuros del Rofex habían pegado un importante salto. También, se profundizó el desarme de plazos fijos en pesos y la salida de depósitos en dólares del sector privado, ante una eventual dolarización y la expansión del gasto público pos PASO.

Actualmente, se descomprimió un poco la tensión cambiaria y la brecha cayó entre 30 y 70 puntos. Del lado bursátil, hubo una caída generalizada en el precio de las acciones locales (pérdidas de hasta 25%) y el Índice Merval cerrando un 18% por debajo de su valor en pesos pre elecciones. Los bonos soberanos también se derrumbaron. Todo esto puede estar reflejando un mercado que le asigna una menor probabilidad a un eventual plan de estabilización. Aumentan las chances de un evento disruptivo de deuda, ante una consolidación fiscal que podría dilatarse aún más.

Hoy vemos que una de las prioridades es mantener fijo el tipo de cambio y, por ello, se amplió el “Dólar Agro” a todas las exportaciones de bienes y servicios (liquidando el 70% en el MULC y el 30% restante al CCL). Es probable que se siga ajustando a la demanda, esencialmente a los importadores. En términos inflacionarios, el riesgo de una espiralización en noviembre se esfuma. A favor jugará la fijación del tipo de cambio oficial y una menor volatilidad. No obstante, la devaluación encubierta, las restricciones a las importaciones y la inercia inflacionaria seguirán presionando.

En otras palabras, cabe esperar una inflación mensual de dos dígitos para el remanente de 2023, dispersión de precios relativos, un tipo de cambio oficial que se atrasó más de un 30% desde la devaluación pos PASO, una brecha récord, reservas netas negativas en u$s7.500 millones y un desequilibrio fiscal creciente. Quien resulte victorioso deberá navegar con una economía muy inconsistente, con un cuadro social crítico y un escenario político complejo.

Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA

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