Distanciados y enfrentados, Axel Kicillof y Máximo Kirchner preparan una tregua para la Provincia

El pasado 22 de octubre, Unión por la Patria lograba imponerse en las elecciones generales a nivel nacional pero los 36,78% puntos alcanzados por la fórmula Massa-Rossi no fueron suficientes para evitar un balotaje con Milei-Villaruel, de la Libertad Avanza, el que se llevará a cabo este 19 de noviembre. Pero en la provincia de Buenos Aires, donde no hay segunda vuelta para la elección a gobernador, el cristinista Axel Kicillof logró la reelección, con comodidad ante las flojas performances del macrista Néstor Grindetti y la ahora libertaria Carolina Píparo.

Así que mientras Sergio Tomás Massa se mostraba esa noche de domingo en el búnker peronista con un discurso de «unidad nacional» y acompañado solamente de su familia -y la de Agustín Rossi- sobre el escenario, Axel Kicillof salía de su oficina propia en el Complejo C y festejaba por su lado de modo eufórico frente a la militancia reunida. El gobernador bonaerense reelecto lo hacía abrazado con Carlos Bianco (su mano derecha), la vicegobernadora Verónica Magario y Cristina Álvarez Rodríguez, una curtida y hábil dirigente peronista que se sumó al team de Kicillof.

Ese festejo cayó mal entre varios: la consigna era mostrarse serenos, no repetir viejos errores de celebrar anticipadamente (como les pasó en el mismo escenario en las legislativas de 2021) y mostrarse como seres prudentes. Donde más molestó ese furor fue en Máximo Kirchner y sus más allegados pues el gobernador y el hijo de Cristina Elisabet Kirchner están enfrentados políticamente. Es más: en la noche del 22 de octubre, nunca se juntaron a conversar en el búnker peronista y se evitaron toda la jornada.

Sergio Massa y Máximo Kirchner, en China.Sergio Massa y Máximo Kirchner, en China.Las discusiones entre ambos respecto de la estrategia electoral y las candidaturas para esta elección, así como el reclamo de «generosidad» en el gabinete provincial para La Cámpora, terminaron de dinamitarse con la salida del viajero Martín Insaurralde de la gestión -tras el Yate Gate- y con el divorcio político del jefe camporista con Andrés Larroque: «El Cuervo» fundó su propia agrupación (La Patria es el Otro) y se alineó con Axel. Así, los fieles a Máximo se quedaron sin ministros puros en el gabinete bonaerense. Allí, el hijo de Néstor Kirchner coincidía con varios intendentes peronistas en la acusación a Kicillof de «jugar para él solo».

Esa guerra declarada entre el heredero familiar y el gobernador ya agotó a la vicepresidenta quien les pidió a ambos que, pasada la elección nacional del 22/10, se sienten y se pongan de acuerdo. El gobernador ya dijo que eliminará la Jefatura de Gabinete, tras el escándalo de Insaurralde firmando decretos a distancia, desde las comodidades del verano en Marbella junto a Sofía Clerici. Así, Kicillof ratificará el poder de «Carli» Bianco, a quien nunca le quitó protección política.

Así que los dos jóvenes contendientes se mirarán y se pasarán «facturas» por sus respectivos logros: Kicillof dirá que él ganó la Provincia y Kirchner le mostrará la lista de 12 intendencias que La Cámpora manejará en tierra bonaerense desde el 10 de diciembre. Axel dirá que su estrategia de campaña separada de la nacional rindió y que «la gente» revalidó su gestión al votarlo con claridad.

El diputado Kirchner afirmará que su agrupación también creció en otras localidades del país: Santa Rosa en La Pampa y Ushuaia y Río Grande, en Tierra del Fuego. Allí hay un párrafo a destacar: Walter Vuoto renovó en Ushuaia pero el suicidio del senador Matías Rodríguez (quien dejó una carta denunciando que su esposa lo engañaba con su amigo, el intendente), generó un escándalo de proporciones, lo que hizo que el camporista Vuoto no fuera a votar en la elección donde reeligió. Las pocas veces que sale de su domicilio, los vecinos le gritan «¡Asesino!». Vuoto no se inmuta: sigue teniendo en su perfil de Twitter, la definición de «intendente de Ushuaia, argentino y familiero».

Sergio Massa y Máximo Kirchner en el Congreso.  Foto Federico Lopez Claro Sergio Massa y Máximo Kirchner en el Congreso. Foto Federico Lopez Claro Volviendo a la pelea política entre Kicillof y Máximo, ambos ya se preparan para sentarse a dialogar. Los que fomentan esa conversación para ordenar el escenario bonaerense, dicen que sucederá tras el balotaje nacional del 22 de noviembre. Es que no será lo mismo si Massa llega a Presidente que si el peronismo debe dejar la administración nacional y las necesidades cotidianas de muchísimos dirigentes, deberán ser contenidas por el gobierno provincial. Cerca del diputado nacido en La Plata, dicen que «primero, ganemos la elección nacional, después vemos… Hay que ganar. Solo nos preocupa eso», relativizan.

Pero son varios los actores bonaerenses que hablan con ambos para definir los espacios políticos: la salida de Insaurralde deja varios huecos abiertos y Kicillof no quiere a nadie más que sea allegado al ex marido de Jesica Cirio. En tanto, Máximo debe definir su futuro: en este turno, reeligió como diputado nacional. Podría volver a la jefatura de bloque de diputados pero el recuerdo de su paso al costado cuando Alberto Fernández acordaba con el FMI, dejó secuelas en el Parlamento.

También se habla de que dejaría la Presidencia del PJ bonaerense (a donde llegó impulsado por Insaurralde). Pero de suceder eso, debería ser con un rol más elevado para el heredero de Cristina. La posibilidad de ocupar un ministerio nacional es barajada, tanto en el cristinismo como en el massismo. Sergio Massa y Máximo Kirchner han construido un acuerdo político sólido y el tigrense -de llegar a la Presidencia- piensa en un lugar destacado para su socio y amigo. Los ministerios de Trabajo y Desarrollo Social maridan con el perfil del conductor de La Cámpora, que deberá desempeñar en un rol que le permita sostener un discurso de dureza, ante el inevitable ajuste que deba hacer el próximo gobierno, gane quien gane.

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