JULIO ARGENTINO ROCA: UN AMIGO DE SANTIAGO DEL ESTERO

03/09/2023 – 12:12 Opinión

Las grandes figuras del pasado son utilizadas, en ocasiones lamentablemente cada vez más frecuentes, con fines subalternos y se las somete al escrutinio con criterios políticos y sociales del presente, con el objeto de desfigurar al personaje histórico y se busca impedir una justa valoración de su rol en la sociedad de otros tiempos. Otro daño es perder la riqueza de su aporte a la historia nacional a través de la descontextualización. El caso de Julio Argentino Roca es el más notable de estos tiempos, cuando es objeto de ataques falsos sin otra finalidad que lograr la demolición de la mejor historia argentina.

Es muy importante destacar que no existen textos que agredan la figura de quien fuera presidente argentino por más tiempo que ningún otro ciudadano (12 años en dos períodos no consecutivos) que haya sido escrito antes de 1990, tiempo en que la historia comenzó a ser subordinada a la política. Por supuesto que existían polémicas y posturas diferentes sobre sus acciones, pero no ataques personales que lo tratan cual si fuera un delincuente serial y es acusado de crímenes que eran considerados tales en los tiempos en que los hechos ocurrieron.

Para Santiago del Estero, la presencia de Roca en los más altos estrados de la República significó un tiempo de integración, de progreso y de gran dinamismo político y social. Vamos a recorrer hoy los hitos de la relación de Julio Argentino Roca con la provincia “madre de ciudades”.

Su familia y la herencia santiagueña de Roca

Su madre Josefina Agustina Paz era descendiente de una de las familias fundadoras de Santiago del Estero, siendo el capitán Sancho de Paz y Figueroa el patriarca desde fines del siglo XVI. El bisabuelo materno de Roca, don José Fermín de Paz y Figueroa, nace en Santiago del Estero en 1747, casándose con la tucumana María Ventura de Figueroa en la ciudad de San Miguel. Tuvieron ocho hijos y el primogénito, Juan Bautista, se casa con la porteña María Plácida Pereyra, con quien tiene 12 hijos, entre los que se destacan Marcos Paz, vicepresidente de la República, y Josefina Agustina, la madre de Alejo Julio Argentino Roca.

Un dato relevante de su genealogía es que Roca es pariente por vía uterina de la beata María Antonia de Paz y Figueroa, Mamá Antula. En toda su vida pública la relación de Roca con Santiago del Estero es amable, por su ancestralidad y por los eventos de su vida política vinculados a la provincia. Vamos a por ellos.

Los logros santiagueños en las presidencias de Roca

La primera presidencia del tucumano fue sumamente importante para la provincia de Santiago del Estero. Si bien la inestabilidad política llevo al Poder Ejecutivo Nacional a decretar dos intervenciones federales, encabezadas por Filemón Posse e Isaac Chavarría, en el período de Roca gobernaron Santiago seis gobernadores: Pedro Gallo, Pedro Lami, Luis Generoso Pinto, Pedro Firmo Únzaga, Sofanor de la Silva y Absalón Rojas. Durante esta presidencia, de 1880 a 1886, fue presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación el gran ilustre santiagueño José Benjamín Gorostiaga.

La decisión presidencial más trascendente para Santiago del Estero fue la entrega, en dos etapas, de una gran porción del actual territorio provincial, que hasta 1884 dependía de la gobernación del Chaco. La sanción de la ley 1.532 de territorios nacionales el 16 de octubre de 1884 estableció una primera frontera entre Santiago del Estero, Santa Fe y el Chaco, que amplió el espacio más allá del río Salado, consuetudinariamente considerado hasta entonces el límite oriental de la provincia, a lo largo de la línea de fortines.

En su segunda presidencia, Roca propone extender el territorio hasta los límites actuales, lo que queda consagrado por la ley 4.141 sancionada el 18 de noviembre de 1902. Entre 1898 y 1904, el segundo tiempo de Roca, gobernaron la provincia Dámaso Palacio, Remigio Carol y Pedro Barraza. Hay que destacar que estas decisiones duplicaron el antiguo territorio provincial y hoy se han convertido las tierras allende el Salado en la fuente más importante de producción agropecuaria de la provincia.

En 1881 comenzó a funcionar la Escuela Normal Nacional de Maestras bajo la conducción de Juana Pérez. En 1884, bajo la dirección de Francisca Jacques se diplomaron allí las primeras cinco maestras de Santiago del Estero. El 12 de octubre de 1884 los rieles alcanzaron la “madre de ciudades”. Hasta entonces sólo tenía el ferrocarril una estación en territorio santiagueño: Frías. Fue una gran ceremonia para la cual la empresa denominó una locomotora con el mote de “Santiago” y los rieles culminaban en la plaza Libertad.

Santiago del Estero, un refugio seguro

En la vida de Julio Argentino Roca, el paso por Santiago era siempre un remanso de tranquilidad y calma. Cruzó su territorio por primera vez a inicios de la década de 1850, sin haber certeza de la fecha, rumbo al Colegio del Uruguay, en Concepción del Uruguay, donde ingresaría al Aula Militar. Vuelve a pasar hacia el norte como oficial del Ejército para unos ejercicios militares en 1862. El regreso hacia Buenos Aires de ese viaje tuvo un condimento romántico: no pudo seguir su romance con Ignacia Robles por la oposición de los padres de la joven, aunque décadas después se conocerá con la hija que ambos tuvieron: Carmen. Varios fueron los viajes de Roca hacia el norte argentino, en lo que se detuvo fugazmente en la “madre de ciudades”. Pero el último periplo es memorable.

El 4 de febrero de 1905 estalla en varias ciudades importantes del país una revolución encabezada por el radical Hipólito Yrigoyen contra el gobierno de Manuel Quintana. En la ciudad de Córdoba los sublevados toman prisionero al vicepresidente José Figueroa Alcorta, otro hombre con raigambre santiagueña. El general Roca estaba pasando una temporada en su estancia “La Paz”, cerca de Ascochinga, y le sorprendió el galope de algunos paisanos que llegaron para avisarle que venían en su búsqueda. Roca emprendió una cabalgata de decenas de kilómetros con varios amigos y seguidores rumbo a la estación Sarmiento del ferrocarril Central Córdoba, donde abordó un tren que por Frías lo llevó a Santiago del Estero. Cada cierto tiempo, el tren se detenía y los precavidos huidores levantaban los rieles para evitar la persecución.

Al llegar a la ciudad de Santiago del Estero Roca se alojó en la casona de los Santillán, quedando un extraordinario registro fotográfico de ese momento tomado frente al chalet, donde se puede ver al ex presidente, al gobernador Domingo Santillán, al ex gobernador Gregorio Santillán y al futuro gobernador Antenor Álvarez. Esta fotografía se debe al celo profesional del gran historiador santiagueño Antonio Castiglione, a quien se la agradecemos. Pero sin duda el cariño que Roca siempre sintió por la “madre de ciudades” viene de su sempiterna amistad con un loretano que lo acompañó más de medio siglo: Artemio Gramajo.

Un tucumano y un santiagueño: amigos para siempre

Esta amistad nació durante unos ejercicios militares al mando de Roca. Un mediodía, Gramajo había preparado un lechón asado para la soldadesca, pero el jefe ordenó levantar campamento y dejar para otra oportunidad el manjar. Era la forma de templar la autoridad y la obediencia. Transcurridas un par de horas desde la partida, Roca lo chuceó a Gramajo preguntándole si hubiera estado rico el lechón, a lo que Gramajo, extrayendo de su alforja la cabeza asada del animal, se la ofreció diciendo: “Supuse que ud. se había quedado con las ganas, por eso la traje”. Desde ese momento tucumano y santiagueño fueron compañeros para siempre.

La llegada de Roca en 1877 al ministerio de Guerra y Marina sellará el destino de Gramajo: lo elige edecán, desde ese momento hasta su retiro, cuatro décadas después. En abril de 1879 parten desde Carhúe en la Campaña del Desierto y será la oportunidad del santiagueño para destacarse como gran cocinero. Estaban Roca y otros altos oficiales esperando el almuerzo, que se suponía frugal por la falta de carne y Gramajo, siempre creativo si de comer se trataba, logró hacerse de unas papas, un poco de aceite, unos huevos de avestruz, un frasco con arvejas (primeras conservas que el ejército llevó a una campaña) y algo de panceta seca. Fue mezclando los ingredientes, pero sobre todo cocino las papas bien “babé”, y así disfrutaron una delicia imprevista en medio de la estepa patagónica. Uno de los corresponsales de guerra envió un telegrama a Buenos Aires con la “receta” del almuerzo de Roca y su edecán. Era tal el fervor patriótico que acompañaba aquel tiempo que el revuelto de Gramajo se convirtió en un plato disfrutado en las casas y en las fondas.

Viajaron siempre juntos por el mundo, y el 11 de enero de 1914 moría en Buenos Aires el coronel Artemio Gramajo. Para Roca había muerto el mejor amigo y el gran compañero. En la Recoleta, al día siguiente, muchos se asombraron de que Roca pidiera la palabra para despedir a su alter ego, ya que no era un buen orador y no le gustaba hablar. Nunca se había visto al anciano general llorando en público como esa vez. Diría con voz entrecortada: “Para mí, portar los restos mortales del Coronel Artemio Gramajo, es como adelantar mi propio funeral”. Los hechos le iban a dar la razón: sólo nueve meses después, el 19 de octubre, él iba a morir y desde entonces comparten, en mausoleos cercanos, su presencia en el panteón nacional de los argentinos.

No cabe duda, yendo a los hechos históricos, que son irrefutables, que el teniente general Julio Argentino Roca, dos veces presidente y el constructor del estado moderno, tuvo en su acción y en su reflexión a Santiago del Estero como uno de sus lugares queridos, y por eso indagando en las grandes instituciones, empresas y epopeyas santiagueñas, se ve el rastro de “El Zorro”, tal como era llamado por su astucia política.

 Por Eduardo Lazzari, historiador

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