Los chicos y las drogas: por qué en la escuela no se habla y qué se debería hacer

Casi en simultáneo a la polémica campaña contra el consumo de drogas de Morón (“tomá poquito para ver cómo reacciona tu cuerpo”), el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires (UBA) dio a conocer una encuesta en la que más del 80% de los consultados con hijos en edad escolar aseguró…

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Casi en simultáneo a la polémica campaña contra el consumo de drogas de Morón (“tomá poquito para ver cómo reacciona tu cuerpo”), el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires (UBA) dio a conocer una encuesta en la que más del 80% de los consultados con hijos en edad escolar aseguró que el consumo problemático no había sido abordado en las instituciones educativas de su entorno. ¿Cómo se aborda el tema drogas en las escuelas?

Otras preguntas de esa encuesta de la Facultad de Psicología, titulada “Exploración sobre la percepción sobre el consumo problemático de sustancias por parte de la población general”, dan contexto a estas líneas.

Por ejemplo, casi el 77% de los más de 2.000 participantes de todo el país consideró que, en comparación a temas como medio ambiente, discriminación, equidad, género y educación sexual, el uso de drogas es poco abordado en las escuelas.

Y casi el 86% cree que el consumo de sustancias es peor ahora que en el pasado.

El folleto de la polémica en Morón que recomienda cómo consumir droga

Partiendo de esas cifras, quizás ocurra lo que un directivo de una primaria de gestión pública del sur bonaerense describió con franqueza: “Si los chicos no traen el tema, no lo tocamos”.

Según esa fuente (que pidió no ser nombrada), “todo tema relacionado con la salud y el cuidado del cuerpo se aborda con los contenidos de la (Educación Sexual Integral) ESI. Si llegan a surgir en el aula temas de actualidad, como la campaña de Morón, es por inquietud de los chicos”.

Si lo hacen, “el tema se trata en el momento y, de ser necesario, se le da intervención al gabinete del Equipo de Orientación Escolar”.

Esa unidad, el EOE, también figura en el material que proveyeron a Clarín desde el Ministerio de Educación porteño, una guía para docentes titulada “Valija de vida saludable”.

La guía aclara que “si bien los contenidos curriculares comunes -tanto los (Núcleos de Aprendizajes Prioritarios) NAP como el diseño curricular para la Escuela Primaria (2004)- no hacen referencia específica a la prevención de adicciones, algunos temas reunidos en las diferentes instancias y unidades curriculares pueden ofrecer una plataforma conceptual fértil para favorecer una aproximación inespecífica a la problemática, al tiempo que permiten trazar un camino para el eventual abordaje específico de los consumos problemáticos que puedan entreverse en la escuela”.

Jornada de educación sexual integral y prevención de adicciones en un secundario de Santa Teresa, Santa Fe.

Pero, si el 80% de los padres siente que falta información sobre drogas y consumo problemático en las escuelas es porque, al menos en Primaria, no ocurre de manera “específica”.

“Si abordamos el contenido es a partir de un enfoque pedagógico: el cuidado del cuerpo, el respeto…”, aclaró el directivo bonaerense.

Hablar de drogas en el aula

¿Debería darse información sobre drogas en las escuela Primaria?

Para Marta Braschi, no. Es pediatra y toxicóloga del Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez” y también del Dispositivo Pavlovsky, un centro ambulatorio destinado a personas con consumo problemático de sustancias.

Según la experta, la falta de claridad sobre esos conceptos es lo que conduce a una confusión respecto de estrategias como la -tan debatida estos días- “reducción de daños”.

“Una cosa es la prevención primaria, otra la secundaria y otra la terciaria. Cuando trabajás desde la prevención inespecífica, desde espacios como ‘vida saludable’, no se puede hablar de drogas de modo específico porque en ciertos contextos podría hasta ser apologético”, explicó, y dio un ejemplo.

“Uno podría preguntarle a los chicos con qué creen que se puede intoxicar una persona. Ahí, quizás, alguno diga ‘con alcohol’ o ‘con cocaína’”, dijo.

“Los temas finalmente salen… los chicos miran mucho, son muy observadores. Por más que no consuman y no tengan contacto directo, a través de un familiar pueden referenciar las distintas situaciones”, opinó.

Los adolescentes y las estrategias contra las drogas

Distinta es la prevención secundaria y terciaria, siguió Braschi: “La secundaria se pone en marcha cuando tenés un paciente que toma contacto con cierta sustancia. Tratás de desplazarlo de ese consumo. Trabajás temas ligados a sus derechos, a lo que le pasa. Como experimentador, lo estimulás a desvincularse”.

Para los expertos, se deben aplicar distintas estrategias contra el consumo problemático, según el contexto. /Shutterstock

Es en “los que tienen instalado el consumo problemático que se trabaja en prevención terciaria y, ahí, la reducción de daños es una estrategia que se puede aprovechar. Cada estrategia tiene un contexto y precisa una herramienta diferente”, aclaró.

Luego, enfatizó: “No usaría reducción de daños en el contexto de un niño que no tomó contacto con sustancias. Sería claramente apologético”.

Si bien alumnos consultados relativizaron la eficacia de estos dispositivos, desde la Universidad de Buenos Aires aseguraron que “cada colegio de la UBA cuenta con, ya sea una asignatura única o sostenida, talleres, tutorías o seminarios que abordan la educación sobre sustancias, toxicidad, consumo, riesgos y daños”.

Sin dudas, el rol institucional no es sencillo, en este sentido.

Ariel Alberto Rotondo conduce hace 12 años un colegio secundario (el Instituto Estrada) en Santa Teresa, localidad de 3.500 habitantes a 50 kilómetros de Rosario, Santa Fe. Definió el tema “adolescentes y drogas” como “muy preocupante”.

Jornadas de prevención de adicciones en una escuela secundaria de Santa Teresa, Santa Fe.

“Dicho de un modo coloquial, ellos saben quién vende, quién la consume, cuánto cuesta, dónde se consigue”, contó, y opinó que “los programas provinciales se dan en algún momento del año. Duran una semana y se habilita a la escuela algún material para abordar la problemática. No son muy efectivos”.

Rotondo aclaró que refuerzan la problemática a partir de “proyectos, por ejemplo, uno en cuarto año que se llama ‘Yo elijo’, que consiste no solo en elegir la vocación sino también el género, el consumo… todo abordado desde el Derecho para que los chicos puedan expresarse”.

Pero no es simple. Por un lado, porque “los programas oficiales no tienen mucho sentido. Parecen conmemoraciones antes que programas serios para abordar la temática”.

Por otro lado, porque “falla el vínculo entre las familias y la escuela. Entre lo pedagógico y lo que pasa el fin de semana en cada hogar. Claramente hay una disociación”.

Teoría y realidad sobre el uso de drogas

“Disociación” fue la palabra que también usó el psicólogo Martín Etchevers. Es secretario de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la UBA y profesor de la materia “Clínica Psicológica y psicoterapias: psicoterapias, emergencia e Interconsultas”, además de uno de los investigadores que firma la encuesta citada arriba.

“En la escuela no existe un abordaje sobre el tema drogas, y cuando existe, se hace desde una perspectiva social, antropológica o incluso global, sin ir a contenidos específicos, que si existen quedan romantizados. Socialmente se plantea el consumo desde una perspectiva romántica. El consumo es visto como recreativo… como ir al cine”, señaló.

En Argentina, casi el 80% de los padres con hijos en edad escolar cree que el consumo de drogas es cada vez más preocupante.

Para Etchevers, el problema son los efectos sociales de esa disociación: “Por un lado, se acepta que Diego Maradona no podía enlazar dos palabras. Por otro, la contradicción de preguntar qué deterioró su salud y por qué murió”.

“Considerar que el consumo es algo que se puede regular es como decir que no es del todo dañino, como si hubiera una voluntad asociada a la conciencia. Pero, precisamente, ¡el consumo es para alterar la conciencia y la voluntad!”, remarcó.

Uno de los peores efectos es que “las drogas alteran nuestros roles: nuestro rol como cuidadores, como jueces o políticos…”

En definitiva, “hay una idealización: que es posible ser un buen consumidor. Un consumidor responsable. Y que no hay un costo a pagar”.

MG

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