“Carreras flexibles”: por qué son las que más se adaptan al mundo del trabajo y son furor

La noticia llamó la atención esta semana. Cada vez son menos los jóvenes que eligen estudiar en Sociales o Filosofía en el CBC de la UBA y crecen fuerte los anotados a las tecnológicas. ¿Cómo se explica este cambio? ¿A los jóvenes de golpe empezó a gustarles las materias duras? ¿O tiene que ver con…

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La noticia llamó la atención esta semana. Cada vez son menos los jóvenes que eligen estudiar en Sociales o Filosofía en el CBC de la UBA y crecen fuerte los anotados a las tecnológicas. ¿Cómo se explica este cambio? ¿A los jóvenes de golpe empezó a gustarles las materias duras? ¿O tiene que ver con la crisis argentina y la necesidad de encontrar carreras con salida laboral más asegurada?

Los expertos consultados por Clarín creen que la cuestión es más profunda y la respuesta va más allá de las disciplinas, las carreras o incluso del dinero que eventualmente puedan ganar en un incierto futuro laboral. Se trata un cambio de época.

Explican que lo que se está viendo (no sólo en la UBA) es que los jóvenes están buscando formatos de carreras distintos: más flexibles, que les permita ir avanzando –por distintos recorridos- en su formación y, al mismo tiempo, en sus carreras laborales. En un ida y vuelta que sea dinámico.

Lo que entró en crisis, en definitiva, son las carreras tradicionales largas (promedio 8 años de duración), de formato único y con terminalidad (que significa que recién cuando la terminan arrancan de cero en un trabajo). Las carreras humanísticas, en este sentido, son las que menos se adaptan a un formato más flexible ligado al mercado laboral, y eso explicaría que estén perdiendo en la preferencia de los nuevos estudiantes.

Una clase, esta semawna, en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, sede Constitución. Luciano Thieberger.

No pasa sólo en la Argentina. La crisis del modelo universitario, y las posibles soluciones (carreras modulares, con microcréditos) fueron debatidas la semana pasada en la Conferencia Mundial de Educación Superior en Barcelona, la principal reunión sobre educación superior, a la que fueron los consejos de rectores de universidades públicas y privadas del país, entre otros especialistas.

“Los jóvenes hoy buscan carreras cortas y con impacto rápido por la necesidad que tienen de trabajar. Por eso el modelo de universidad tradicional no les es atractivo. Hacen un curso de acá, otro de allá, mientras trabajan. Y siguen buscando por otros lados. Lo que buscan es ir asegurando caminos flexibles de formación y que puedan estar articulados con el trabajo. Que la formación tenga sentido; que puedan entrar y salir cuando lo necesiten”, le dijo a Clarín Mónica Marquina, doctora en Educación Superior, profesora de Política Educacional y Educación Comparada en la UBA e investigadora del Conicet.

Laboratorio de Desarrollo e Investigaciones Tecnológicas en la Universidad de La Matanza.

“Los pibes quieren formaciones rápidas que les vayan dando acreditaciones. Piden opciones más dinámicas. No se proyectan con tanto tiempo como lo que proponen las carreras tradicionales”, agregó Marquina, quien participó en la conferencia de Barcelona.

Marcelo Rabossi, investigador de la Universidad Di Tella y especialista en educación superior, también cree que hay un cambio de época entre los adolescentes en edad de entrar a la universidad con respecto a las generaciones anteriores.

“Se comienzan a observar otras demandas. Deberíamos tomar en cuenta que cuando los primeros millennials ingresaron a la universidad -unos 20 años atrás- si bien ellos fueron la primera generación nativa digital, la oferta de carreras vinculadas a la tecnología como herramienta creativa era más que escasa. No existían las opciones actuales”, afirma.

Matías Ghidini, especialista en mercado laboral, no cree que se trate necesariamente de un cambio de época. “No estoy tan seguro de que tenga que ver con la crisis, sino que inevitablemente con el paso del tiempo, los procesos lentamente llegan y los jóvenes van entendiendo cuáles son las oportunidades de salida laboral del trabajo del futuro, que tiene mucho que ver con la tecnología y lo que se llama el conjunto de las orientaciones STEM, ciencia, la tecnología, la ingeniería y la matemática. Tiene que ver más con una evolución natural de la demanda laboral y la fisionomía de los profesionales del futuro que con la crisis y asegurar una demanda laboral”, dijo a Clarín.

¿Cómo se adaptan las universidades?

Las nuevas demandas de los jóvenes (y del mercado) están planteadas. Ahora, ¿cómo se están adaptando las universidades? En principio, lo están debatiendo. Y mucho.

Desde hace años la transformación hacia este tipo de oferta educativa está en la agenda de las universidades en todo el mundo. En Argentina, por ejemplo, a fines del año pasado el Gobierno y los rectores de las universidades nacionales acordaron revisar la duración de las carreras y dar títulos intermedios. Firmaron una declaración conjunta en este sentido. Por ahora está solo el documento.

“Lo que hay que entender es que si la universidad no ofrece estos recorridos más dinámicos los chicos lo hacen igual, por su cuenta. Y lo hace también el mercado: empresas que ofrecen formaciones y acreditaciones de ciertas competencias para aplicar en determinados puestos. Las universidades pueden dar algo más interesante que las empresas sin caer en la carrera larga tradicional. Pueden dar contenidos modulares y con microacreditaciones, por ejemplo. Todo esto se está discutiendo en el mundo”, dice Marquina.

Frente de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, sede Barrio Norte, esta semana. Luciano Thieberger.

Para Rabossi, de a poco las universidades están cambiando. “Si bien son entidades perezosas a la hora de cambiar, en los últimos años han venido incrementando la oferta de carreras de manera más acorde a la cuarta revolución industrial, la de la computación cuántica, la robótica, la inteligencia artificial y la nanotecnología. Inclusive las instituciones públicas, en general menos propensas a seguir a los mercados, hoy los miran con mayor atención a la hora de adecuar su propia oferta académica. Creo que comienzan a desperezarse, a dejar de lado el traje conservador, pero aún está por verse a qué velocidad lo harán”, afirma.

Rabossi reconoce, de todas formas, que las universidades argentinas “aún no se han animado por completo a acortar las carreras de grado. Solo el 10% de la oferta académica ofrece alternativas de pregrado de dos años y, sobre todo, aún son remisas a formar graduados en competencias blandas: cuestiones como manejo del tiempo, adaptabilidad, capacidad de liderazgo, creatividad”.

Ghidini afirma que “es necesario una mayor comunicación de todo el sistema educativo, el gobierno y las empresas para difundir más repetida y ampliamente cuáles son las carreras con más salida laboral. No para que eso defina una elección, sino también para que desafíe vocaciones y las confirme eventualmente”.

“Por otro lado, hay que pensar que la carrera universitaria no tiene hoy el protagonismo decisivo que tenía en otra época, en cuanto a condicionar un futuro éxito profesional. Es una certeza que se sigue estudiando toda la vida. No es que hacés una carrera y no se estudia más. Así que se tiene que sacar un poco el acento en la indispensabilidad de una carrera universitaria que decide si uno va a tener salida laboral o no. Obviamente que es mejor elegir correctamente pero tampoco es el fin del mundo si no se lo hace“, agrega Ghidini.

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