Se estrenó “Jujuy Desoído”, el documental que da voz a las víctimas de Milagro Sala

En cuatro partes, el documento recoge testimonios que exponen la violencia física y psicológica que ejercía la dirigente. Violaciones, golpizas, tortura y muerte a hombres, mujeres y niños en un estado de terror financiado por el poder nacional y avalado por la Iglesia y los organismos de DDHH. Fecha de publicación: 08 de diciembre 2021,…

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En cuatro partes, el documento recoge testimonios que exponen la violencia física y psicológica que ejercía la dirigente. Violaciones, golpizas, tortura y muerte a hombres, mujeres y niños en un estado de terror financiado por el poder nacional y avalado por la Iglesia y los organismos de DDHH.

El documental recoge testimonios que exponen la violencia física y psicológica que ejercía Milagro Sala (Foto: Captura)

Pegó y torturó a mujeres, niños y ancianos. Violó, asesinó y mandó a matar. Amenazó, incendió. Manejó millones en operaciones fraudulentas. Instaló un estado de terror a gran escala, pagado con recursos del poder nacional y avalado por el Papa Francisco, Amnesty International y un enorme abanico de dirigentes políticos y organizaciones sociales.

Muchos identificados con fuerzas políticas que aseguran defender los derechos del pueblo, pero que a los jujeños les dieron la espalda, para apoyar a la poderosa Milagro Sala.

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Es lo que se desprende después de ver el impactante Jujuy Desoído, un documental en cuatro partes que se estrenó online. Un documento valioso precisamente por la decisión de los realizadores de limitarse casi exclusivamente al registro de los testimonios. Sin intervención visible de entrevistadores y con los realizadores en las sombras, a excepción del director, casi el único nombre que aparece en los créditos, Pablo Racioppi. El miedo a Sala —”si sale me mata”, se escucha a los que hablan en cámara— parece extenderse a los que están detrás de cámara.

Frente a ella, un desfile de argentinos y argentinas, jujeños y jujeñas, en su inmensa mayoría humildes trabajadores, muchos de comunidades originarias, que se animan a contar las penurias, el terror y la locura de lo que todavía hoy es, para muchos, una figura a defender. Con extremos difíciles de entender, como su reivindicación en organismos de defensa de las minorías, que piden por una misógina, homofóbica y “verduga”, una palabra que resuena de manera especial en un documental de víctimas.

“Negra”, “sucia”, “muerta de hambre”, le grita Sala a los que la enojan en varias imágenes de archivo. Y los entrevistados, con lágrimas en los ojos, relatan sobre las palizas a manos de patotas de “la Tupac”, a veces avaladas por funcionarios provinciales, que llamaban a Sala “mamita”. Historias de golpizas que dejan a las víctimas como “muertos en vida”, en boca de familiares y testigos. Hombres y mujeres que no pueden contener la angustia ni disimular el pánico.

“Hoy, lo más fuerte que tiene Sala es el miedo de la gente que tiene miedo”, dice Racioppi. “Los que se animaron a hablar, la debilitan. Si muchísima más gente se animara a contar lo que vio, o lo que les pasó, se desintegraría. Este año hubo elecciones en Jujuy. En la escuela de El Cantri, uno de los bastiones conceptuales de la Tupac, votaron algo más de ocho mil personas que viven en el barrio: a la fuerza política de Sala la votaron 99 personas. De ocho mil y pico. En el barrio emblemático de la Tupac Amaru”, asegura.

Los testimonios de “Jujuy Desoído” que hielan la sangre

El primer capítulo es el más “intervenido” para introducir brevemente una historia de Sala y la irrupción de “la banda de la Flaca”, como todavía se lee en algunos muros de la provincia del norte. Eso implica remontarse a los noventa, cuando los vientos de desempleo del menemismo dejaron en la calle a buena parte de la población trabajadora, en una provincia en la que el 80 por ciento dependía del Estado. Ahí aparece Carlos “Perro” Santillán y más tarde, de la mano de sindicalistas de ATE, Sala. “Una figura que terminó escalando, con los recursos del kirchnerismo, a un nivel que todavía nadie puede cuantificar”, dice el director.

“La banda de la flaca”: la inscripción que todavía se lee en algunos muros de Jujuy (Foto: Captura).

Santillán, y un par de periodistas, son los testimonios que hilvanan el núcleo central del documental, el que construyen las víctimas. Hay una escena de Santillán resistiendo las amenazas, insultos y pedradas de Sala y la Tupac que podría ser una parodia de un film hollywoodense de pandillas, si no fuera lo que es.

Hablan también los militantes de la Tupac, las mujeres que formaron parte de su organización, sus hombres de seguridad. En uno de los momentos más estremecedores, uno cuenta cómo violaron a su hijo en casa de Milagro con el chico a su lado. Varios dan cuenta de la obligación de ir a marchas y a acampar, pagándose todo de sus bolsillos: “Éramos rehenes de todo eso”. Hablan de las usurpaciones que provocaban puebladas de la gente defendiendo sus tierras del robo. Puebladas que terminaron con muertos ya célebres, que todavía lloran las comunidades, como Pato Condorí, baleado cuando la organización Tití Guerra entró a Humahuaca y la gente salió a defenderse. Cuando la policía llegó, para sorpresa de esa gente, llegó para apoyar a los violentos.

En la entrada de Humahuaca, hecho con los hierros y carrocerías de la organización Tití Guerra, vinculada a la Tupac. Su irrupción en la ciudad produjo una pueblada en la que Condorí fue baleado.

Mi hija está muerta viva. No la puedo recuperar. Nunca más volvió a ser mi hija, después de esa golpiza”, dice una mujer angustiada, con una remera que dice Gucci, en una cocina modesta. “Nos tomaban asistencia. Nos sacaban el bolsón de comida si nos caíamos de cansados o faltábamos a las marchas. Trabajábamos más de doce horas. Veíamos cómo les sacaba la casa de El Cantri a mujeres con hijos chicos, porque habían faltado o hecho algo que a ella no le había gustado”.

La condena de Milagro Sala

“Cuando a ella la detienen, en 2016, empieza el juicio por la llamada megacausa, que tenía que ver con el dinero de las cooperativas, con la corrupción. Pero después se empezó a animar a denunciar otra gente que no se animaba antes —dice Racioppi —. El punto de partida de este proyecto fueron un par de testimonios que recogió Gabriel Levinas para un libro que nunca hizo. Cuando quise buscar otros involucrados, me puse a ver materiales, documentales sobre la Tupac, cosas que ella había hecho para transmitir su relevancia en Jujuy. Y me llamó la atención que en todos esos materiales no hablaban jujeños. Ni a favor ni en contra, no había jujeños por ninguna parte. Hablaban ex funcionarios como Victoria Donda, Pietragalla, Zaffaroni, Verbitsky, Carlotto, pero no había jujeños. Eso me encendió la alarma. Y pensé en armar algo en lo que sólo hablara la gente de Jujuy”.

Escuchar a esos jujeños, ver la forma en que hablan de lo que vivieron, pone la piel de gallina. Aunque la filial doméstica de Amnistía Internacional la avale. ”Su informe tenía una sola fuente: los documentos del gobierno”, denuncia la corresponsal española del diario ABC Carmen de Carlos, que estuvo en Jujuy investigando el fenómeno.

El documental cuenta el accionar violento de la Tupac Amaru (Foto: Telam)

Cómo se extendió un fenómeno de dominio sobre una provincia entera

“Antes de esto sabía de Sala lo que conocemos los porteños, cosas que fui viendo por ahí, como cuando les robaron la cámara al equipo de Rodrigo Alegre, que mostraban una violencia latente, pero no más que eso. En Argentina tenemos una colección interminable de organismos equivalentes y una tradición de violencia política muy fuerte, de todos lados: sindicales, deportivas, barras bravas cruzadas con la política”, dice Racioppi.

En ese sentido, el director explicó que lo que más lo impresionó de el caso fue la escala: “Una cobertura que iba desde un intendente de un pueblito, a policías, Justicia y prensa locales (salvo contados con los dedos de la mano) a la Justicia nacional, el ejecutivo provincial, desdibujado por el poder de Sala, los organismos de Derechos Humanos y el Papa”.

Grupos de personas acampan para pedir la liberación de la activista Milagro Sala en Buenos Aires (Foto:EFE/ Juan Ignacio Roncoroni). Por: EFE Servicios

“Que haya podido construirse y expandirse un fenómeno de dominio sobre una provincia entera, un dominio político, social y psicológico, con todo este aval, en todas esas escalas, todavía es algo que me cuesta digerir. Las cosas que me contaron en cámara son apenas una pequeña muestra de lo que pasó. Hay mucho más escabrosas y terroríficas que solo contaron en off. Esto afectó a todos los jujeños por doce largos años, a los que formaron parte de sus organizaciones y a los que no también. Como dice Rosario Agostini, la periodista jujeña, debería haber un perdón de toda la sociedad argentina hacia el mayor monstruo que construyó el kirchnerismo. Porque, ¿cómo se nos pasó por alto?”.