El dolor de la mamá de Lola: “Confié en que era mi amigo, pero traje el diablo a mi casa”

Vanesa recuerda flashes del día en que empezó su calvario. El mundo se vino abajo cuando le dijeron que su hija de 17 años había fallecido en la casa del “tío Cristian”, como solía llamarlo. Una hora antes habían intercambiado mensajes de texto y voz y acordaron que cuando Lola llegara condimentaba y metía las…

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Vanesa recuerda flashes del día en que empezó su calvario. El mundo se vino abajo cuando le dijeron que su hija de 17 años había fallecido en la casa del “tío Cristian”, como solía llamarlo. Una hora antes habían intercambiado mensajes de texto y voz y acordaron que cuando Lola llegara condimentaba y metía las papas en el horno para cocinarlas.

– Lolex voy a ir al chino. Necesitas algo? A la noche que querés comer? Otra vez papá al horno?

– Yo no tengo drama. Hace lo que vos quieras, lo que te parezca.

Pero un llamado inesperado cambió el curso de los planes.

Según relata Vanesa, a las 21.07 recibió el llamado de Cristian, un amigo suyo desde hace 5 años con quien solía compartir encuentros familiares, con un alarmante enunciado: “La tengo a Lola en casa y se siente mal”. Tres minutos después, le informó que había llamado a la ambulancia porque la joven estaba convulsionando. “Le quise dar cerveza, pero pidió un vaso de agua porque no tomaba alcohol”, le dijo.

Casi 10 cuadras separan ambas viviendas. Vanesa no dudó y se cambió el camisón para acercarse al Hospital Tornú donde esperaba ver a su hija. Antes de salir, le pidió a Cristian que no la dejara sola porque era menor.

“¿Dónde está mi hija?”, se preguntó cuando llegó hasta el centro médico y no la divisó por ningún lado. Esperaba encontrarla compensada con suero y se desconcertó cuando un oficial se acercó a pedirle los datos.

La última alerta fue descubrir la escena dentro y fuera de la vivienda de Cristian. Lola Lourdes Nieto Villares, la adolescente de 17 años, había fallecido por un edema cerebral y pulmonar, según reveló luego la autopsia. Le dijeron que cuando llegó la unidad de emergencia todavía estaba con vida, pero que no pudieron revivirla.

Vanesa sigue sin entender qué pasó en ese lapso de tiempo, pero sospecha de Cristian Gilardenghi (44), quien hasta ese día era su amigo. Tenían un vínculo de amistad desde hace 5 años y estaba saliendo con una amiga suya a quien conoce desde sus 15. Incluso, para Lola era un tío del corazón.

“Ahora que puedo analizar la situación en frío, descubro una cadena de equivocaciones. Confié en que era mi amigo, pero traje al diablo a mi casa. Si hubiera sabido que le ofrecía alguna sustancia no la hubiera dejado ir. Él estaba eufórico, sacado, a los gritos y con olor a alcohol. Lo que menos imaginé fue que mi hija había muerto”, confiesa. “Cristian me dio el beso de Judas”, agrega.

La mujer describe a su hija como una persona muy familiera, alegre y amante de los animales. Moly, una de las perras que rescató de la calle, todavía la espera en la puerta de su casa.

El misterio del teléfono

Un dato que le llama la atención es que haya desaparecido el teléfono de Cristian. “Si no escondés nada no tenés por qué escaparte. Aporté audios a la justicia que lo involucran”, asegura e intuye que se fue a San Luis donde vive su hermano.

Fuentes de la investigación, le dijeron a Clarín que en su declaración, Cristian asume haber arrojado el celular en la calle cuando se enteró de que falleció Lola y después, no se encontró.

“Cristian dijo que mi hija había llegado a su casa dada vuelta, pero eso no es verdad y todo apunta a él. Su teléfono desapareció y tengo llamadas entrantes y salientes de ese mismo día”.

MG

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