El día que Jack Johnson boxeó a Arthur Cravan, el sobrino de Oscar Wilde

Youtubers, cantantes, empresarios, basquetbolistas. Los cuadriláteros parecen haberse convertido en territorio accesible para cualquiera. Ver a Floyd Mayweather, considerado uno de los mejores púgiles del siglo XX, cara a cara con Logan Paul indignó a muchos fanáticos del boxeo. Sin embargo, los arribistas con guantes no son una novedad de estos años. Hace más de…

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Youtubers, cantantes, empresarios, basquetbolistas. Los cuadriláteros parecen haberse convertido en territorio accesible para cualquiera. Ver a Floyd Mayweather, considerado uno de los mejores púgiles del siglo XX, cara a cara con Logan Paul indignó a muchos fanáticos del boxeo. Sin embargo, los arribistas con guantes no son una novedad de estos años. Hace más de un siglo, uno de los más grandes pesos pesado de todos los tiempos, Jack Johnson, también enfrentó a un bocón, pero que había construido su fama como poeta: Arthur Cravan, el sobrino de Oscar Wilde.

La fuga fue el punto de coincidencia que llevó a estos dos hombres a encontrarse en Barcelona en 1916, cuando el mundo atravesaba la primera gran guerra del siglo XX. Hasta allí había llegado Johnson, después de algunas estaciones intermedias, escapando de una pena de prisión en Estados Unidos. Y hasta allí había llegado Cravan eludiendo el reclutamiento y algunas amenazas contra su vida.

El Gigante de Galveston había sido el primer hombre negro en combatir por el título mundial pesado en tiempo en que los campeones blancos se negaban inflexiblemente a aceptar esos desafíos, al punto que existía un título paralelo de campeón mundial pesado de color. Johnson no se conformó con esa corona no oficial y consiguió, después de años de espera y desafíos rechazados, su oportunidad ante el canadiense Tommy Burns, quien exigió a cambio una bolsa de 30.000 dólares, una suma que nadie había cobrado hasta entonces.

El 26 de diciembre de 1908 en Sídney, el texano sometió a su adversario a 14 rounds de durísimo castigo hasta que la Policía detuvo la contienda. “La pelea, si se puede llamar así, fue entre un pigmeo y un coloso”, sentenció el escritor Jack London, quien cubrió la velada para el New York Herald. En su crónica, reclamó que el excampeón Jim Jeffries volviera de su retiro para desafiar al nuevo monarca. “El hombre blanco debe ser rescatado”, argumentó.

Jack Johnson noqueó a Jim Jeffries el 4 de julio de 1910 en Reno.

Jeffries, quien durante su reinado se había negado a enfrentar a Johnson (“nunca le daría a un negro la oportunidad de pelear por el campeonato mundial”, había afirmado), cedió a la presión y a los billetes para protagonizar el primer duelo al que se denominó “la pelea del siglo”. El 4 de julio de 1910, día del 134° aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos, el hijo de esclavos lo noqueó en 15 asaltos. Ese resultado disparó una serie de incidentes en distintas ciudades del país que dejaron como saldo decenas de muertos.

En tiempos de segregación máxima en Estados Unidos (pese a que la esclavitud había sido abolida medio siglo antes), el doble pecado de Johnson era ser negro y desafiar las restricciones que la lógica racista imponía: manejaba autos, jugaba al tenis, se vestía con ropa lujosa, tenía relaciones con mujeres blancas. Y eso terminó costándole caro.

En noviembre de 1912, fue arrestado y acusado de haber violado la Ley de Tráfico de Esclavos Blancos (sancionada en 1910 y conocida como Ley Mann), que penaba el transporte interestatal de “cualquier mujer o niña con el propósito de prostitución o libertinaje, o con cualquier otro propósito inmoral”. ¿Su delito? Haber sido detenido mientras circulaba en su auto junto a Belle Schreiber, una mujer blanca. Un mes antes, también había sido retenido por estar acompañado de Lucille Cameron, quien luego se convertiría en su segunda esposa.

Jack Johnson junto a Lucille Cameron, su segunda esposa.

Tras su segunda detención fue acusado, juzgado y condenado en junio de 1913 a un año y un día de prisión por un jurado íntegramente compuesto por blancos. Entonces huyó del país: cruzó la frontera hacia Canadá y desde allí viajó a París. En la capital francesa residió y combatió. También se trasladó a otros rincones del planeta para pelear, siempre lejos de Estados Unidos. Uno de esos viajes lo trajo a Buenos Aires: el 10 de enero de 1915 en la Sociedad Sportiva Argentina de Palermo, realizó dos exhibiciones ante José Guiralechea y Enrique Wilkinson y, en la misma velada, noqueó en tres asaltos a Jack Murray.

Ya con 37 años, finalmente cedió el título mundial al ser derrotado por Jess Willard en La Habana. Aquella calurosa tarde en la capital cubana, Johnson capituló en el 26° asalto de un combate pactado a 45 rondas. Nueve meses más tarde, afirmó que se había dejado vencer a cambio de 50.000 dólares y un salvoconducto para reingresar a Estados Unidos. Poco después, se desdijo. Jamás pudo probarse irregularidad alguna sobre lo sucedido aquel 5 de abril de 1915. Desde entonces, tuvieron que pasar 22 años para que un boxeador negro volviera a pelear por el título de la división máxima: fue el 22 de junio de 1937, cuando Joe Louis destronó a James Braddock en Chicago.

Lo cierto es que el excampeón no pudo volver a su país tras esa derrota ante Willard y en marzo de 1916 optó por radicarse en España junto a su esposa Lucille, su sobrino Gus Rhodes y su mánager Jack Morris. Primero se afincó en Madrid, donde realizó una exhibición el 23 de marzo en el Gran Teatro, al que asistieron aristócratas, militares, dirigentes políticos, representantes de la Iglesia Católica, artistas, empresarios y hasta el príncipe Alfonso, hijo del rey Alfonso XIII.

Jack Johnson perdió el título mundial pesado frente a Jess Willard en La Habana.

Después de tres semanas en la capital, se trasladó a Barcelona, donde se reencontró con un hombre al que había conocido durante sus recorridas nocturnas en París: Arthur Cravan.

Cravan, cuyo verdadero nombre era Fabian Avenarius Lloyd, había nacido en Lausana (Suiza), aunque sus progenitores eran británicos. Su padre, Otho Holland Lloyd, era hermano de Constance Lloyd, la esposa de Oscar Wilde. Reconocido como uno de los precursores del dadaísmo, el joven poeta se había afincado a principios de la década de 1910 en la Ciudad Luz, donde editaba Maintenant, una revista en la que fustigaba a los vanguardistas franceses.

“Escribo para hacer enojar a mis colegas, para que hablen de mí y para intentar hacerme un nombre. Con un nombre uno tiene éxito con las mujeres y en los negocios”, reconoció entonces. Uno de esos textos hizo enojar demasiado al poeta Guillaume Apollinaire, quien lo retó a un duelo que Cravan jamás aceptó. A esas tensiones con sus pares se sumó la amenaza de ser reclutado para combatir en la Primera Guerra Mundial. Ello lo llevó a abandonar París y establecerse en Barcelona junto a su hermano mayor, el fotógrafo y pintor Otho Lloyd, y su cuñada, la pintora rusa Olga Sacharoff.

La ciudad catalana era solo una estación intermedia para luego seguir viaje hacia Buenos Aires. Sin embargo, para ello necesitaba dinero. Entonces comenzó a trabajar en el Marine Club como instructor de boxeo, una disciplina que estaba dando sus primeros pasos en España y que él había practicado en Francia. Y también por eso ofreció sus servicios cuando un promotor local estaba en la búsqueda de un adversario para Jack Johnson.

Arthur Cravan había practicado boxeo en París antes de radicarse en Barcelona.

El combate fue presentado como el enfrentamiento entre el campeón mundial -aunque Johnson ya no ostentaba la corona- y el campeón europeo -pese a que Cravan jamás había protagonizado una pelea en la que se pusiera en disputa siquiera algo parecido a un título continental-. Para promocionar el duelo, ambos contendientes se presentaron diez días antes en una velada que se desarrolló en el Iris Park, aunque esa noche no boxearon, sino que oficiaron de árbitros.

Aunque parezca llamativo, no fueron demasiados quienes consideraron inapropiado que un hombre sin antecedente alguno como pugilista profesional midiera fuerzas con un excampeón mundial que, más allá de su veteranía, había enfrentado a los mejores de su tiempo. “Cravan es una incógnita. Sabemos que fuertísimos púgiles rehuyen encontrarse con él en el ring. Algunos de los que han presenciado sus paseos gimnásticos por las vertientes del Tibidabo y sus sesiones de boxeo en el Circulo Artístico nos han asegurado que está fuertísimo, ágil y bien dispuesto para vérselas con el famoso negro”, anunciaba el diario Mundo Deportivo una semana antes de la contienda.

Quien no estaba convencido era el gobernador civil de Barcelona, Félix Suárez Inclán, quien se había mostrado reticente a autorizar el combate. “Pero después de escuchadas las explicaciones que le fueron dadas por una numerosa comisión de sportsmen y periodistas de la que también formaba parte el gran Johnson, no tuvo inconveniente en dar permiso”, explicó el diario La Vanguardia en la víspera del choque. Sin embargo, el funcionario solo aceptó que el enfrentamiento se desarrollara como una exhibición.

Un afiche publicitario del combate entre Jack Johnson y Arthur Cravan en Barcelona.

La fecha elegida para la velada fue el 23 de abril de 1916, un día después del tercer centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. El lugar, la Plaza Monumental, un recinto destinado a la tauromaquia que había sido reinaugurado dos meses antes y tenía capacidad para 24.000 espectadores.

Si bien se esperaba que una multitud colmara sus tribunas, la venta de entradas no era la única fuente de ingresos a la que apuntaban los organizadores. En esos días, también resultaba rentable la venta del material fílmico que se producía en las peleas. Para esa tarea fue designado Ricardo de Baños, uno de los pioneros del cine silente en España, quien dispuso seis cámaras alrededor del ring para no perder detalle del evento.

La cartelera comenzó en las primeras horas de la tarde y anunciaba seis combates profesionales antes del duelo estelar. Sin embargo, el clima obligó a alterar los planes: una densa capa de nubes comenzó a acercarse a la Plaza Monumental y amenazaba con privar de la luz necesaria para la filmación. Por eso, la cuarta pelea de la jornada, que estaban protagonizando Gus Rhodes y Kid Johnson (el sobrino y el asistente de Jack Johnson), fue interrumpida abruptamente en el cuarto asalto para dar paso directamente al espectáculo principal. En ese momento, había solo 5.000 personas en el recinto.

A las apuradas, Johnson, Cravan y el árbitro chileno Tony Berton llegaron al ring. Enseguida trepó al ensogado el delegado de la Policía de Barcelona, Manuel Bravo Portillo, para recordar que el duelo era una exhibición y remarcar a los contendientes que debían moderar el uso de la fuerza. Luego sonó la campana y comenzó la farsa.

Muy rápido quedó en evidencia que Cravan no estaba a la altura del desafío y que su único objetivo era cobrar las 25.000 pesetas pactadas, conservar su cuerpo lo menos dañado posible y salir de allí cuanto antes. Contra su deseo atentaba la filmación de la pelea: para que el material fuera comercializable, eran necesarios al menos seis rounds de acción.

Jack Johnson esperó seis rounds antes de noquear a Arthur Cravan en la Plaza Monumental de Barcelona.

El poeta, que medía casi dos metros, se cubrió y rehusó el intercambio de golpes cuanto pudo. El excampeón, cómplice en esa puesta en escena, evitó darle la tunda que podría haberle propinado sin demasiado esfuerzo. En el quinto asalto lo conectó y lo mandó a la lona. En el sexto, tras consultar con Ricardo de Baños sobre la cantidad de película rodada, volvió a derribarlo y la contienda llegó a su fin.

El espectáculo dejó bastante disconforme al público, que abucheó sonoramente. Algunos prefirieron pasar a la acción y arrojaron sillas al cuadrilátero. Para intentar calmar los ánimos, el Gigante de Galveston improvisó una sesión de guanteo con Gus Rhodes y Kid Johnson. Luego se disputaron los dos combates que habían sido postergados por la amenaza de falta de luz. Nada de ello bastó para hacer olvidar lo que había sucedido un rato antes.

“El ansiado combate fue una verdadera desgracia. Johnson pronto se dio cuenta de que el que tenía frente a sí era un ente inofensivo más cargado de miedo que de otra cosa. Cravan estuvo haciendo el ridículo durante seis rounds. Johnson, desde que lo vio, no lo tomó en serio y estuvo guaseándose de él de una manera mordaz. De no haber pasado entre ellos lo que pasó entre bastidores, seguramente hubiese tenido la caballerosidad de ponerlo nocaut en el primer round, con lo que le hubiese evitado un triste papel”, cuestionó Mundo Deportivo al día siguiente.

Con el dinero que obtuvo por su poco decorosa labor, Cravan abandonó Barcelona, pero no con rumbo a Buenos Aires, sino a Nueva York: el 16 de diciembre de 1916 abordó en el puerto de la capital catalana el paquebote Montserrat, el mismo en el que viajaba León Trotsky. En Estados Unidos conoció a la poeta británica Mina Loy, con quien se casó en enero de 1918 en México, donde se habían radicado. Allí, el poeta daba clases de boxeo para reunir algunos billetes e incluso hizo una pelea profesional (fue noqueado por el estadounidense Jim Smith).

El plan de la pareja era finalmente radicarse en Argentina, pero no contaban con el dinero para viajar juntos. Pero eso Loy, embarazada, embarcó primero en septiembre de 1919 rumbo al sur. Su marido nunca llegó a reunirse con ella. Nadie sabe con seguridad qué le pasó. La tesis más fiable es que murió ahogado luego de que se fuera a pique el barco que había abordado en Veracruz. Otra versión afirma que fue asesinado durante una trifulca en un bar cerca de la frontera con Estados Unidos. No faltan quienes aseguran que fingió su muerte y volvió a París. Certezas, ninguna. En abril de 1919, ya de regreso en Inglaterra, Loy dio a luz a Fabienne.

A diferencia de su ocasional rival, Jack Johnson permaneció en Barcelona tres años. Allí perfeccionó su castellano, fundó la primera agencia de marketing de la ciudad, llamada La Información, y protagonizó Fuerza y nobleza, una película dirigida por Ricard de Baños de la que también participó su esposa Lucille. Después de derrotar a Cravan, solo hizo dos peleas oficiales más durante su estadía en España: en ambas se impuso antes del límite.

Jack Johnson boxeó profesionalmente hasta los 53 años.

En 1919 viajó a México, con idea de conseguir un indulto que le permitiera volver a Estados Unidos. Tras infructuosas gestiones durante un año, en el que hizo otros cuatro combates (los ganó todos), se resignó y cruzó la frontera el 20 de julio de 1920. Fue apresado y trasladado a la Penitenciaría Federal de Leavenworth (Kansas), donde estuvo detenido poco menos de un año.

Cuando fue liberado, tenía ya 43 años. Sin embargo, continuó boxeando en Estados Unidos, Canadá, Cuba y México, y buscando, sin éxito, una oportunidad de combatir nuevamente por el título pesado, que estaba en poder de Jack Dempsey y luego pasó a manos de Gene Tunney. A pesar de no conseguir esa chance, siguió pisando cuanto cuadrilátero pudo. La última vez que lo hizo oficialmente fue el 29 de abril de 1931, cuando noqueó a Brad Simmons en Wichita (Kansas). Tenía 53 años.

Ni siquiera entonces se alejó de los rings: realizó exhibiciones hasta 1945, muchas de ellas para recaudar dinero para financiar las operaciones militares estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Un año después del final del conflicto armado, el 10 de junio de 1946, Johnson murió en un accidente vial en la U.S. Route 1, a la altura de Franklinton (Carolina del Norte).

Su legado y su influencia fueron enormes en el pugilismo, sobre todo en algunos boxeadores negros, entre ellos Muhammad Ali. “Fue una gran inspiración por lo que hizo fuera del ring en tiempos en que los blancos linchaban a los negros los fines de semana”, aseguró el gran campeón de Louisville. Sin embargo, el nombre y el prontuario de Johnson recién fueron limpiados 105 años después de su condena y 72 años después de su muerte: por iniciativa del actor Sylvester Stallone, Donald Trump le otorgó el 24 de mayo de 2018 un perdón presidencial póstumo por la condena que había recibido en virtud de la Ley Mann.

Donald Trump, junto al ex campeón mundial Lennox Lewis, el actor Sylvester Stallone y familiares de Jack Johnson, durante la ceremonia en la que firmó el perdón presidencial para el primer campeón pesado negro de la historia.

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