Los “demonios en la cabeza” de Simone Biles, la atleta que no eligió ser la estrella de Tokio 2020

Michael Phelps acumuló 28 medallas olímpicas, de las cuales 23 fueron doradas. Sin embargo, cuando se alejó de la pileta tras los Juegos de Río 2016 contó que había atravesado una profunda depresión que lo había dejado al borde del suicidio. El hueco que él dejó hace cinco años pareció un espacio perfecto para que…

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Michael Phelps acumuló 28 medallas olímpicas, de las cuales 23 fueron doradas. Sin embargo, cuando se alejó de la pileta tras los Juegos de Río 2016 contó que había atravesado una profunda depresión que lo había dejado al borde del suicidio.

El hueco que él dejó hace cinco años pareció un espacio perfecto para que ocupara Simone Biles, la gimnasta estadounidense que asombra el mundo. En la previa de Tokio 2020, la prensa del mundo le auguraba un futuro con récord de medallas doradas. Sin embargo, en su primera final -por equipos-, la deportista de 24 años abandonó la competencia para priorizar su salud mental.

Desde que entro al tapiz, estoy yo sola con mi cabeza, tratando con demonios en mi cabeza. Debo hacer lo que es bueno para mí y concentrarme en mi salud mental y no comprometer mi salud y mi bienestar”, le dijo a la prensa minutos después de colgarse la medalla plateada de una prueba que ganó el Comité Olímpico Ruso (ROC) y del que solo pudo participar en una rotación, la del salto.


Su primera medalla olímpica plateada. En Río 2016, Biles tenís cuatro oros y un bronce. Foto REUTERS/Lindsey Wasson

Biles era la gimnasta que cerraba la primera rotación, que Estados Unidos compartió con las rusas. Había anunciado un Amanar con dos giros y medio. Sin embargo, pareció perderse en el aire e hizo un Amanar con giro y medio, lo que le bajó la puntuación a 13.766, la peor entre las integrantes su selección.

La decepción se adueñó de su cara e instantes después de conocer su calificación, la vigente campeona olímpica abandonó el escenario con el médico del equipo. Regresó unos minutos después, con un vendaje en un pie. Y entonces, ante la mirada atónita del mundo, confirmó que abandonaba la prueba por equipos.


La única actuación de Simone Biles en la final fue el salto. Foto AP Photo/Morry Gash

No abandonó el Ariake Gymnastics Centre. Se cambió y se quedó junto a sus compañeras. “Pueden hacer esto sin mí”, les dijo a Grace Mc Callum, Jordan Chiles y Sunisa Lee. Sin ella, sin embargo, Estados Unidos no pudo pelearle al ROC, que cerró una brillante actuación y rompió con una década de hegemonía estadounidense.

Tras colgarse la medalla de plata y al llegar a la zona mixta, Biles lloró. Fue allí donde confirmó que su retiro no se debió a “un problema médico”, como había informado USA Gymnastics, sino a su salud mental. Según la señal CNN, no estaba conforme con su desempeño en el salto -uno de sus mejores aparatos- y decidió dar un paso al costado.

“Después de la actuación que hice, no quería ir a los otros eventos, así que pensé en dar un paso atrás. Estoy orgullosa de cómo las chicas dieron un paso adelante e hicieron lo que tenían que hacer. Sentí que necesitaban dar un paso al frente sin mí y eso fue lo que hicieron”, dijo la quíntuple campeona del mundo, única en lograrlo tres veces consecutivas. “Se lo debo a las chicas, no tiene nada que ver conmigo”, agregó sobre la medalla que colgaba de su pecho.

“El peso del mundo” sobre los hombros de Biles

La presión sobre los deportistas no es nueva. Sí lo es que ahora le presten atención a su salud mental. Naomi Osaka, por nombrar uno de los últimos casos, se retiró de Roland Garros y de Wimbledon por ese motivo.

En la previa de la primera final que debía afrontar en Japón, Biles tuvo un rendimiento irregular y anticipó que sentía la presión de ser la estrella de Tokio 2020. “No fue un día fácil o mi mejor jornada, pero lo superé. A veces, realmente siento como si tuviera el peso del mundo sobre mis hombros. Sé que lo olvido y parece que la presión no me afecta, pero a veces es difícil”, escribió en su cuenta de Instagram. Su mensaje lo cerró con risas pero se trataba de un tema profundo, que un día después impactó de lleno en su performance.

En la clasificación hacia esta final olímpica, a Biles le costó meterse en las barras asimétricas, que nunca fueron su fuerte; de hecho, quedó octava y fue la última clasificada. Y también en la viga, donde quedó sexta. Pero incluso en sus mejores aparatos cometió errores: terminó segunda en suelo, poniendo los pies fuera de la zona practicable, algo que repitió en salto, aunque ahí no le costó el primer lugar.

Tom Foster, uno de los responsables del equipo estadounidense, justificó los fallos por “el nerviosismo”. Biles también recordó que “los Juegos Olímpicos no son un juego”. Pero la posibilidad de igualar el récord de nueve medallas de oro de la soviética Larisa Latynina, o incluso superarla ahora con las seis finales jugó su papel en la ganadora cuatro oros y un bronce en Río 2016.

Luego de lo ocurrido en la final por equipo, las estadounidenses planean tener un “día de descanso mental” el miércoles, ya que un día después se pondrán en juego las medallas del all around individual, mientras que en los días subsiguientes habrá finales por aparato. “Me sentí bastante cómoda al llegar a los Juegos Olímpicos y realmente no sé qué pasó. Lo tomaremos un día a la vez”, avisó Biles, quien tuvo el coraje de confesarle al mundo sus demonios internos. Porque aunque parezca una extraterrestre, es solo una chica con un sueño olímpico.

“En lo que respecta a las competencias individuales del jueves, veremos qué decido”, anticipó Simone Biles más tarde, la estrella de la gimnasia artística estadounidense anticipando la que podría ser la baja más resonante de los Juegos Olímpicos de Tokio.

Entre una infancia difícil y el calvario de los abusos en la gimnasia estadounidense

Nació en Columbus (Ohio) el 14 de marzo de 1997 pero pasó los primeros años de su vida en orfanatos. Como sus padres biológicos, adictos a las drogas y al alcohol, no se pudieron hacer cargo de ella ni de sus tres hermanos, Simone Biles esperó hasta 2003 para tener un hogar, cuando sus abuelos maternos, Ron y Nellie, la adoptaron junto a su hermana Adria.

Ese mismo año, durante una visita escolar a un gimnasio de Houston, la pequeña Simone descubrió el deporte que dominaría y que también la hizo vivir una de las peores experiencias de su vida.

En enero de 2018, Biles confesó que fue una de las víctimas de abuso sexual de Larry Nassar, el ex médico del equipo estadounidense que fue condenado a más de 175 años de prisión por abusar de 250 niñas y mujeres durante casi 20 años.

“La mayoría me conoce como una chica feliz, graciosa y con energía. Pero últimamente me he sentido rota y cuanto más trato de apagar esa pequeña voz en mi cabeza, más alto me grita. Ya no tengo miedo de contar mi historia. Yo también soy una de las supervivientes que sufrió abusos sexuales por parte de Larry Nassar“, escribió Biles en su cuenta de Twitter.


La sonrisa de Simone Biles pese a no tener la actuación que había soñado en su primera final. Foto REUTERS/Dylan Martinez

Con terapia sobrellevó ese episodio traumático y también trabajó en su salud mental para lograr la convivencia entre una chica de 24 años y la mejor gimnasta del mundo. Hoy, el mundo supo de esos demonios contra los que ella batalla a diario y que los deportistas ya no mantienen ocultos en una habitación.

Ya no confío tanto en mí misma. Tal vez sea por hacerme mayor. Pero no quería salir y hacer algo estúpido y salir lesionada. Creo que el hecho de que muchos atletas hablen ha sido de gran ayuda. Esto es tan grande, son los Juegos Olímpicos. Al fin y al cabo, no queremos que nos saquen de allí en camilla”, resumió tras la primera final. La esperan otras y seguramente tendrá revancha.

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