Cárcel, drogas y una muerte prematura por el VIH: la caída de Esteban De Jesús, el boxeador que sorprendió al mundo al noquear a Mano de Piedra Durán

El abandono de Roberto Durán frente a Sugar Ray Leonard en la revancha entre ambos en Nueva Orleans en noviembre de 1980 quedó incorporado a los libros de historia del boxeo desde el instante en que ocurrió y desde entonces es recordado por dos palabras: no más. Hasta ese infausto momento, el panameño había desarrollado…

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El abandono de Roberto Durán frente a Sugar Ray Leonard en la revancha entre ambos en Nueva Orleans en noviembre de 1980 quedó incorporado a los libros de historia del boxeo desde el instante en que ocurrió y desde entonces es recordado por dos palabras: no más. Hasta ese infausto momento, el panameño había desarrollado una carrera profesional deslumbrante: en 12 años, había ganado 72 de sus 73 peleas. Solo un hombre había logrado vencerlo. Un hombre con el que protagonizó una brillante trilogía y que terminó sus días en las peores condiciones, pero abrazado a su viejo adversario: el puertorriqueño Esteban De Jesús.

En su génesis, el cruce de caminos entre Durán y De Jesús no parecía estar llamado a generar grandes cosas. Si bien la primera vez que se encontraron frente a frente en el Madison Square Garden, el 17 de noviembre de 1972, ambos eran muchachos de apenas 21 años (sus nacimientos estuvieron separados por 47 días), el duelo se presentaba como un enfrentamiento sin equivalencia, una tarea sencilla para un campeón mundial con proyección de ídolo frente a un cuasidesconocido en la Gran Manzana.

Durán, un joven áspero y curtido en las calles del barrio El Chorrillo de la Ciudad de Panamá, estaba invicto en 31 presentaciones y había ganado el título ligero de la Asociación Mundial de Boxeo cinco meses antes al noquear al escocés Ken Buchanan en el Madison. Desde entonces, había hecho dos combates en su país, sin exponer la corona, y los había ganado en el primer asalto.


Esteban De Jesús y Roberto Durán junto al doctor Harry Kleinman, de la Comisión de Boxeo del Estado de Nueva York, durante la revisión médica previa a la primera pelea entre ambos.

Tampoco pondría en juego su cinturón en esta tercera contienda ante un adversario sin antecedentes de fuste. Oriundo de Carolina, la misma ciudad en la que había nacido el legendario beisbolista Roberto Clemente, una de las máximas figuras del deporte puertorriqueño, De Jesús, a quien apodaban Vita, llegaba a esa cita con una marca de 32 victorias y solo una derrota (ante el venezolano Antonio Gómez, quien luego sería campeón pluma de la AMB), aunque sin nombres de relieve entre sus vencidos.

Esa noche, el show estaba montado para que los 9.144 espectadores que pagaron su entrada al Garden vieran un triunfo sencillo del campeón. Pero antes de que terminaran de acomodarse en sus butacas, cuando solo habían transcurrido 46 segundos de acción, un gancho zurdo de De Jesús mandó al suelo a Durán. Si bien el panameño se repuso de esa caída, nunca le encontró la vuelta a la pelea. Con una tarea sumamente inteligente, el boricua neutralizó a su rival, le impidió que transformara el duelo en un tornado, como solía ser cada presentación del Cholo, lo desconcertó con sus prolijas combinaciones y terminó imponiéndose por decisión de los jueces.


Esteban De Jesús fue el primer hombre que derribó y derrotó a Roberto Durán.

Unas horas antes de aquella pelea, mientras exudaba tranquilidad ante la inminente presentación de su boxeador, Carlos Eleta, el mánager del panameño, había sido consultado sobre qué sucedería en caso de que De Jesús se impusiera esa noche. “Nunca tendrá una pelea por el título con Durán. Nunca”, había enfatizado. Sin embargo, una racha de ocho victorias en poco más de un año (entre ellas, una ante el ex campeón mundial Alfonso Frazer, quien en 1972 le había arrebatado la corona superligero de la AMB a Nicolino Locche) catapultó al puertorriqueño a una chance de combatir por la corona. Mal que le pesara a Eleta.

La revancha se consumó el 16 de marzo de 1974. Eso sí: esta vez el pleito se programó en el patio de la casa del campeón, el gimnasio Nueva Panamá de la capital de ese país, que esa noche fue una olla a presión y que años más tarde recibiría el nombre de Roberto Durán.

La multitud tuvo que tragar saliva de entrada. Como si se tratara de un déjà vu de aquella velada de noviembre de 1972, un golpe casi calcado puso las nalgas del Cholo en contacto con el tapiz cuando solo habían trascurrido 78 segundos del campanazo inicial. El local se levantó como si nada hubiese sucedido y siguió intercambiando golpes.


Esteban De Jesús, de rodillas en la lona durante el séptimo asalto de la segunda pelea ante Roberto Durán.

Esta vez, la presión y la intensidad de Durán, combinadas con un calor y una humedad insoportables, hicieron que la labor fuera demasiado complicada para De Jesús. En el séptimo asalto, cuando los golpes al cuerpo ya le estaban pasando factura, el retador cayó luego de una combinación culminada con un cross de derecha. Logró levantarse, pero el desenlace parecía solo cuestión de tiempo.

Con una enjundia a toda prueba, el visitante se mantuvo en pelea hasta el arranque del 11° episodio, cuando un derechazo a la sien lo hizo mandó nuevamente al suelo. Desde allí escuchó al árbitro Isaac Herrera llevar el conteo hasta diez. Así, Durán se tomaba revancha de su única derrota profesional y De Jesús veía escapar su primera gran chance.

En la segunda, 14 meses después y en el mismo escenario, no le fue demasiado mejor. Instalado en la división superligero, desafió al colombiano Antonio Cervantes, conocido como Kid Pambelé, quien era desde 1972 el propietario del cinturón de la AMB y lo había defendido ya ocho veces, entre ellas ante Nicolino Locche y frente al bahiense Carlos María Giménez.

De Jesús fue vapuleado por Cervantes, quien lo castigó casi a voluntad y lo derribó tres veces. Pese a ello, el puertorriqueño consiguió completar los 15 asaltos y escuchar las tarjetas de los tres jueces, que lo vieron ampliamente perdedor.

Esa desafortunada experiencia lo convenció de volver a su categoría, la de las 135 libras, y a buscar un camino alternativo hacia el título. Ese sendero se lo ofreció el Consejo Mundial de Boxeo, que por entonces tenía como campeón al japonés Guts Ishimatsu, un boxeador de modesto currículum que llevaba dos años como monarca, aunque siempre combatiendo en su tierra.

Los manejadores de Vita no solo consiguieron la chance, sino también lograron sacar a Ishimatsu de suelo nipón. El 8 de mayo de 1976, el asiático no ofreció demasiado en el estadio Juan Ramón Loubriel de Bayamón. En una contienda bastante deslucida, el local fue claro dominador y al cabo de 15 asaltos se quedó con ese premio que ya se le había escurrido de las manos dos veces.


Esteban De Jesús ganó el título ligero del CMB al derrotar al japonés Guts Ishimatsu.

Desde el mismo día de la consagración de De Jesús comenzó a fraguarse la tercera batalla con Durán. Quien se puso al frente de la tarea fue Don King, quien, pese a su habilidad para los negocios, no la tuvo sencilla: le llevó un año y medio trasladar el duelo del mundo de las ideas a un cuadrilátero. En ese tiempo, el boricua defendió su corona tres veces: ante el invicto dominicano Héctor Medina, frente al japonés Shinichi Yamabe y contra el también imbatido mexicano Vicente Mijares.

“Fue un trabajo hacer que los managers de los dos pensaran siquiera en un combate. Ya habían peleado dos veces y ninguno quería pelear una tercera. Cuando estuvimos de acuerdo, encontrar un sitio que los convenciera era casi imposible. Un lugar era demasiado frío, otro demasiado caliente. Finalmente dijeron que sí a Las Vegas”, contó el promotor de la cabellera electrizada unos días antes de ese tercer enfrentamiento, pactado para el 21 de enero de 1978 en el Caesars Palace.

Por entonces, De Jesús ya se había desvinculado de Gregorio Benítez (padre del triple campeón mundial Wilfred Benítez), quien había sido su entrenador y mánager durante el último tramo de su trayectoria amateur y los primeros años de su carrera profesional. Años más tarde se conocería el motivo principal del divorcio. Por lo pronto, Benítez había vendido por 25.000 dólares el contrato que lo unía con el púgil a José Rafael Santiago, un exbeisbolista que se había desempeñado en las Grandes Ligas y que luego había incursionado en la promoción del boxeo.

Entre De Jesús y Durán había una tirria de larga data. “No me agrada por muchas razones, principalmente porque es el único hombre que me derrotó y el único que me derribó. No me agrada por esas razones, pero también por esas razones tengo que respetarlo”, argumentó el panameño, quien computaba 62 victorias (50 antes del límite) junto a esa solitaria derrota y había defendido su cetro de la AMB 11 veces.

“Si no le agrado porque lo derribé, que espere hasta después de esta pelea. Esta vez voy a destruirlo. Cuando lo derribe esta vez, si se levanta, lo mataré. Él me ignoró, así que le digo que pelearé con él en la calle, en cualquier momento y a cambio de nada”, respondió el puertorriqueño, quien llegaba a ese pleito con una marca de 51 victorias y 3 derrotas.

Seis horas antes de la pelea, ambos debieron cumplir con el compromiso de la balanza, que superaron sin dificultad (pese al fantasma del peso que ya perseguía a Durán). Apenas terminaron la ceremonia sobre la báscula, se trenzaron en una contienda verbal que enseguida escaló: algunas manos volaron hasta que los contendientes fueron separados.


Esteban De Jesús y Roberto Durán se enfrentaron por tercera vez el 21 de enero de 1978 en Las Vegas.

Cuando llegó la hora de los golpes en serio, De Jesús se mostró más decidido en el arranque frente a un adversario que, curado de espanto después de sus caídas en el primer round en los enfrentamientos previos entre ambos, optó inicialmente por la cautela y el contragolpe. A partir del tercer asalto, Durán, sin dejar de lado la movilidad y una sólida defensa, comenzó a desgastar a su rival con golpes al cuerpo que terminarían siendo decisivos.

A partir del sexto capítulo, el dominio del Cholo se hizo evidente, lo que además le permitió consolidar una buena ventaja en las tarjetas de los tres jueces: al final del 11° round, Isidro Rodríguez (109-104), Richard Steele (107-104) y Art Lurie (107-102) lo llevaban al frente en la puntuación.

De todos modos, no fue necesario que los oficiales de ring completaran su labor, ya que en el 12° capítulo un derechazo fulminante de Durán tomó avanzando y desprotegido a De Jesús y lo derribó. Aturdido, el puertorriqueño se levantó, aunque solo fue para recibir 10 golpes sin oponer resistencia antes de caer nuevamente. Apenas el árbitro Buddy Basilico iniciaba nuevamente la cuenta, los asistentes de Vita, encabezados por el entrenador Manny Siaca, invadieron el cuadrilátero para detener la pelea.

“Volveré. Quiero otra oportunidad con Durán”, clamó el vencido esa noche. Nunca la tendría.

Esa victoria cerró el brillante ciclo de Durán como campeón ligero. Jaqueado por la dificultad para marcar las 135 libras y deseoso de encontrar nuevos desafíos, se mudó a la división wélter, en la que obtendría el título del CMB en junio de 1980 ante Leonard antes del oprobioso “no más” de la revancha. Luego también sería campeón superwélter y mediano. Pero sus mejores años estaban terminando con el cambio de década. En 2001, la revista The Ring lo reconocería como el mejor peso ligero de todos los tiempos.

La derrota contra Mano de Piedra también clausuró el período en esa categoría de De Jesús, quien probó suerte entre los superwélter, aunque su estrella también había empezado a apagarse. Un puñado de victorias, la sonoridad de su nombre y las buenas artes de Don King lo colocaron ante una nueva chance titular.

El 7 de julio de 1980, presentó batalla en el primer segmento del combate en el Metropolitan Sports Center de Bloomington (Minnesota) ante Saoul Mamby, campeón de las 140 libras reconocido por el CMB. Pero a partir del quinto episodio se fue desinflando, recibió mucho castigo, cayó en el 12° asalto y terminó desmoronándose en el 13°. Entonces anunció su retiro, con solo 30 años y una marca de 57 victorias y 5 caídas (todas ante campeones o futuros campeones mundiales).

Unos meses más tarde, el 25 de noviembre de 1980, el “no más” de Durán en Nueva Orleans le haría perder el privilegio de ser el único vencedor del panameño. Dos días después de la victoria de Leonard ante el Cholo, también perdería la libertad. Y luego, la salud.

Un roce entre la camioneta que De Jesús manejaba en San Juan y el auto que conducía Roberto Cintrón González, un trabajador de la construcción de apenas 18 años, derivó en una discusión que solo terminó cuando el púgil, en un semáforo en rojo, puso su vehículo a la par del de González y disparó tres veces con una pistola calibre .25. Una de las balas se incrustó en la cabeza del joven, quien murió tres días más tarde.


Esteban De Jesús ganó 57 de sus 62 peleas profesionales.

Pese a que intentó escapar, Vita fue detenido, reconocido por dos testigos como el autor de los disparos y acusado de homicidio en primer grado, tentativa de homicidio de las otras dos personas que viajaban en el auto junto a González y posesión de arma de fuego sin autorización.

Si bien fue liberado el 18 de diciembre tras pagar una fianza de 115.000 dólares, un mes más tarde la jueza Priscila Curet Cuevas, del Tribunal de Distrito de San Juan, elevó la causa a juicio por el homicidio de González y la tenencia sin permiso de la pistola, aunque descartó los cargos por tentativa de homicidio de los acompañantes.

El juicio comenzó el 17 de febrero y allí quedó expuesto abiertamente el vínculo de De Jesús con las drogas. Si bien anteriormente había sido acusado de comercialización de heroína, esa causa había naufragado por contradicciones en las declaraciones del agente encubierto al que supuestamente le había vendido la droga. Ahora se sabía que era un consumidor frecuente.

Nada de ello sirvió como atenuante para eludir la más dura pena. “Desafortunadamente, estoy convencido de su culpabilidad”, le dijo Elpidio Batista, juez de la Corte Superior, al anunciar el 13 de mayo de 1981 la condena a cadena perpetua. Ese mismo día, el ex campeón mundial fue trasladado al Complejo Correccional de Bayamón.

En prisión, se volcó a la religión: a diario brindaba sermones para sus compañeros de detención en una pequeña capilla. Y allí también se enteró, en 1985, de la muerte como consecuencia del VIH de uno de sus hermanos mayores, Enrique, con quien había compartido el hábito del consumo de drogas. Con la certeza en el cuerpo, se sometió a un test. El resultado fue positivo.

Por esos días, el VIH era una patología sobre la que existía poco conocimiento y muchos prejuicios. Y cuyo diagnóstico representaba una virtual sentencia de muerte que también alcanzaba a personajes públicos como el actor Rock Hudson. Sin embargo, el deporte parecía ajeno a la enfermedad. En octubre de 1986, Jerry Smith, quien se había destacado durante 13 temporadas en los Washington Redskins de la NFL, se convertiría en la primera víctima fatal entre los atletas de elite.


Esteban de Jesús posa junto a Frank Sinatra.

Cuando De Jesús comenzó a evidenciar síntomas del avance del VIH, inició un proceso legal para conseguir que le fuera conmutada la pena de prisión. También reconoció públicamente que había comenzado a consumir estupefacientes al principio de su carrera profesional y detalló que el raid había incluido primero marihuana, luego cocaína y finalmente heroína.

“Empiezas primero con los amigos y te envuelves tanto con las drogas que antes de darte cuenta, estás enganchado. Te llevan a fiestas y comienzas a consumir. La peor parte es que cuando abres los ojos, es demasiado tarde. Ya eres adicto”, sostuvo en una entrevista emitida en el noticiero televisivo Pulso Preciso en febrero de 1989.

También Gregorio Benítez contó que se había enterado por medio de un oficial de policía en 1974, poco antes de la revancha con Durán, que De Jesús estaba enganchado con la cocaína. “Le dije que si quería seguir boxeando, debía dejar las drogas. Pero él lo negó todo. Era un buen tipo, pero la gente lo hizo malo”, sostuvo el exentrenador, quien aseguró que el vínculo de su pupilo con los estupefacientes había sido el motivo que lo había llevado a separarse de él.

El 28 de marzo de 1989, el gobernador de Puerto Rico, Rafael Hernández Colón, hizo lugar al segundo pedido de conmutación de pena y ordenó la liberación del ex campeón mundial para permitir que fuera internado en un centro asistencial para pacientes con VIH instalado en una vieja fábrica de leche en Río Piedras, en las afueras de San Juan.

Allí, con su cuerpo sumamente deteriorado (su peso apenas superaba los 40 kilos), pasó sus últimos días junto a su esposa Nelly y a sus tres hijos, Lilian, Vivian y Esteban Jr, y fue visitado por celebridades de su país como el cantante de salsa Cheo Feliciano y el exbeisbolista Orlando Cepeda.

También por un viejo adversario que viajó desde Panamá para regalarle una última muestra de afecto. Dieciséis años después del primer enfrentamiento entre ambos y 11 años después del combate que cerró la trilogía, Roberto Durán abrazó y besó en la frente a Vita, un gesto valiente en tiempos en que las formas de contagio del VIH todavía resultaban poco claras para el gran público. Apenas unos días después, el 12 de mayo de 1989, De Jesús murió a los 37 años.


El último abrazo entre Esteban De Jesús y Roberto Durán.

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