A 35 años de México 86: Zaki Badou, el arquero de Marruecos que hizo historia en tierras aztecas

En el Mundial de Diego Maradona, hubo un arquero que se animó a hacer historia. Se llamó y se llama Zaki Badou. Era el líder de la manada de aquel Marruecos que hizo historia bajo el cielo de México, en aquel 1986. Con sus atajadas consiguió todo lo que sigue: fue elegido Balón de Oro…

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En el Mundial de Diego Maradona, hubo un arquero que se animó a hacer historia. Se llamó y se llama Zaki Badou. Era el líder de la manada de aquel Marruecos que hizo historia bajo el cielo de México, en aquel 1986. Con sus atajadas consiguió todo lo que sigue: fue elegido Balón de Oro africano, Mejor arquero árabe del año, Mejor arquero de Marruecos, Mejor jugador de su país. Todo eso en un año, en ese año.

Ese arquero que medía 188 centímetros parecía capaz de todo. Parecía un superhéroe. Y lo era para su país. De hecho, fue galardonado como el mejor de ese Mundial, según France Football. A pesar de competir con el belga Jean-Marie Pfaff, el norirlandés Pat Jennings, el alemán Harald Schumacher, el francés Joel Bats, el inglés Peter Shilton y el español Andoni Zubizarreta, entre otros grandes arqueros de esa Copa del Mundo.

Marruecos sólo había participado de una Copa del Mundo, la de México en 1970. Y volvió esta vez a territorio azteca. Aquella aventura de Marruecos, que culminó en los octavos de final un 17 de junio, fue la más relevante para el fútbol de ese país. Con ese arquerazo los del norte de África se animaron a soñar un milagro: eliminar a Alemania. En el Estadio Universitario, también conocido como El Volcán, no hubo fiesta para los marroquíes.


Zaki Badou.

Alemania Federal, siempre Alemania, consiguió lo que casi siempre hace: ganar esos partidos que parecen rotos. El único gol de esa cita, en Monterrey, lo convirtió Lothar Matthaus. Le faltaba casi nada al partido, apenas tres minutos y lo que quedaba de descuento. El arquero inmenso se quedó con la historia. Alemania lo eliminó. Pero el condecorado fue él. El nacido en Sidi Kacem hace 62 años, quien ahora es un técnico exitoso, recuerda aquellos bellos momentos. Se lo dijo a la revista France Football: “El Mundial, ese Mundial del 86, me quedó en el alma. Fue el de Maradona pero también fue el mío”.

Marruecos hizo su mejor Mundial. Se clasificó al eliminar a Sierra Leona en la fase previa; dejó afuera a Malawi. Lo venció en Rabat, su capital, y luego del empate de visitante pasó a la tercera ronda. Le tocó un gigante del continente: Egipto. Igualó en El Cairo y ganó en Casablanca, la ciudad de la película.

En la fase final se enfrentó a Libia. Ganó de local, perdió de visitante pero el resultante fue un éxito: 3-1 para los marroquíes.


El plantel de Marruecos en el Mundial de México con Zaki Badou con la cinta de capitán.

Antes de aquella caída ante Alemania, Marruecos había asombrado al mundo. Con ese arquero infranqueable el paraíso podía resultar posible. El Grupo F parecía imposible para los africanos. Estaba Inglaterra, estaba Polonia, estaba Portugal.

En el recorrido inicial, hubo dos empates en cero. Polonia e Inglaterra no pudieron con él. En el tercer partido, curiosamente en el estadio Tres de Marzo en Jalisco, el 3-1 contra Portugal le permitió a Marruecos acceder a la Segunda Fase, invicto.

Gracias a esas manos, que también brillaron en el Mallorca de la Liga de España, el seleccionado marroquí construyó un asombro. Una historia que late en este Mundial en el que Zaki resultó un hermoso protagonista.

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