Dónde y cada cuánto hacer backups: SSD o HDD, esa es la cuestión

“Bueno, pero tenías backup, ¿no?” La pregunta resuena una y otra vez, por lo general, cuando ya es demasiado tarde. Respaldar la información es fundamental, y nunca hubo tantas facilidades para hacerlo como hoy. Pero aunque muchos usuarios tengan sus cosas “en la nube” sigue siendo importantísimo guardar en un medio físico. Con el avance…

Dónde y cada cuánto hacer backups: SSD o HDD, esa es la cuestión

“Bueno, pero tenías backup, ¿no?” La pregunta resuena una y otra vez, por lo general, cuando ya es demasiado tarde. Respaldar la información es fundamental, y nunca hubo tantas facilidades para hacerlo como hoy. Pero aunque muchos usuarios tengan sus cosas “en la nube” sigue siendo importantísimo guardar en un medio físico. Con el avance de la tecnología de almacenamiento de los últimos años, la pregunta es dónde.

Durante los últimos 5 años se popularizó una tecnología en particular para guardar nuestra información, los discos de estado sólido (SSD).

Los SSD (Solid State Drive) mejoran muchísimo el rendimiento de las computadoras (ejemplo), haciéndolas entre 10 y 15 veces más rápidas que los discos tradicionales, esto es, los discos rígidos (HDD, Hard Disk Drive) que funcionan de manera mecánica con una púa que lee, precisamente, un disco duro.

El problema principal es que de tanto trabajar en servicios online como Google Drive, iCloud o Dropboxla práctica del descuido de los datos se volvió un poco peligrosa. Poner todos los huevos en una canasta nunca está recomendado para preservar información.

Discos de estado sólido en formato SATA y NVMe. Foto Kingston

“Nunca hay que olvidarse que la nube en realidad son computadoras de otros, que te dan un servicio gratis o pago con unos términos y condiciones que mejor ni leer. Aunque parece imposible, de acá a 10 años puede que los grandes como Dropbox o Google Drive no existan, pero queremos seguir preservando nuestra memoria digital, para pasarla a nuevas generaciones”, explica a Clarín Nicolás Wolovick, Licenciado y Doctor en Ciencias de la Computación de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba.

Datos “fríos”: dónde guardarlos

Lo primero que hay que entender para evaluar qué tecnología usar es que hay una categoría de información que se llama “dato frío”: esta se compone de todo lo que queremos tener guardado pero no consultamos con frecuencia.

Fotos de vacaciones, trabajos prácticos del colegio, textos o resúmenes de la facultad, la grabación de una entrevista periodística, son ejemplos de datos fríos. No los consultamos con frecuencia pero queremos tenerlos a salvo.

Lo segundo es evaluar dos parámetros. Por un lado, qué tecnología es más segura para no perder información en un futuro. Y por otro, algo no menor: el costo.

Respecto de la seguridad de una y otra tecnología, el especialista tampoco tiene dudas: “La tecnología SSD para el gran público tiene algo así como 1 década, la de HDD ¡ya cumple 5! Eso quiere decir que está muy muy probada. No van a aparecer sorpresas”, cuenta a Clarín.

Pero esto no es tan taxativo: “En los primeros momentos se desaconsejaba el uso de SSD para almacenar datos fríos donde uno hacía un backup y lo guardaba en un cajón, no es el uso ideal para un SSD porque hay un tiempo de retención, pero a mí no me consta: he tenido SSD guardados y luego lee los datos perfectamente”, explica José Luis Fernández, gerente de tecnología de Kingston para Sudamérica.

Los discos rígidos tradicionales son el lugar más común para datos fríos. Foto Shutterstock

Y es cierto que los discos mecánicos tradicionales tienen fama de ser, por estas cuestiones, más seguros. Pero hay algo de mito también: “La expectativa de vida de los SSD ha aumentado muchísimo, la vida útil de un SSD se mide en terabytes escritos, y se puede calcular con exactitud cuánto va a durar, se pueden hacer estimaciones mucho más confiables que en el caso del disco mecánico es cuando falle una parte mecánica, se rompió y listo, no se puede usar más”, explica.

Esto no es menor: “En el disco mecánico hay falla mecánica, en el SSD no he visto nunca un SSD muerto por desgaste, generalmente cuando falla es porque hubo una falla de alimentación eléctrica muy grosera que hace que la unidad se apague mal (aunque tiene muchas protecciones para poder cerrarse de manera adecuada), queda en un estado en el cual no se puede volver a bootear y ahí va para garantía, pero la realidad es que los SSD son unidades muy confiables”.

Atención: tampoco los SSD son infalibles. “El SSD puede ser susceptible a falla, por eso hay que cuidar el suministro eléctrico -estar conectado a una buena fuente de alimentación- pero la expectativa de vida de un SSD de uso hogareño es de 6 a 9 años con total tranquilidad”, explica a Clarín el especialista de Kingston.

La mayoría de las laptops, ahora, vienen con discos de estado solido. Foto Kingston

Ahora bien, si se trabaja con grandes volúmenes de información que hay que backupear seguido (esto no serían datos fríos, sino lo contrario), la diferencia de tiempos es abismal.

“Al popularizarse más la tecnología, ser más barato y poder tener SSD de más gigas se usa cada vez más como backup, y sobre todo en entornos donde se backupea a diario y se necesita hacer rápido: backupear a SSD es cinco/seis veces más rápido que hacerlo a disco mecánico, por eso es la gran ventaja”, agrega Fernández.

Por todo esto es fundamental la segunda cuestión: el costo.

“Hay una razón de peso para un país periférico como el nuestro, los SSD triplican a los HDD en costo por GB”, cuenta Wolovick. A esto no hay con qué darle: un HDD de 1TB de almacenamiento ronda los 4.500 pesos, un SSD del mismo tamaño, los 12 mil.

Y esto es, a fin de cuentas, lo que termina inclinando la balanza.

En resumen: ambas tecnologías son seguras y -como todo- pueden fallar por diversos motivos.

“Nosotros tenemos SSD de 8TB con un costo más alto, pero para el consumo masivo conviene tener disco mecánico con los datos fríos: todo se reduce a una cuestión de costos”, concluye Fernández.

Precisamente por esto, el escenario ideal en la actualidad es tener un disco de estado sólido de pequeño tamaño 256 GB para bootear, esto es, iniciar Windows -ya que esto hará a la máquina muchísimo más rápida- y uno mecánico para almacenar información.

Cada cuánto respaldar la información

“Plato y púa”: en los HDD existe el riesgo de que se rompa el mecanismo. Foto Shutterstock

Justo antes de que ocurra algo”, bromea Wolovick. “Yo diría que al menos una vez por mes. Si el software que hace eso lo realiza de manera incremental, es decir solo guarda las diferencias y evitamos guardar cosas de tamaño mayor a 512 GB (como pelis), el proceso es rápido, muy rápido, así que se podría hacer todas las semanas”, explica a Clarín.

Y respecto a qué backupear, Wolovick recomienda “absolutamente todo”.

“El valor de nuestros recuerdos en bits solo lo sabemos nosotros, solo nosotros podemos de manera independiente ir migrando esa última foto de nuestra abuela a un HDD moderno, formateado en un sistema de archivos actual, y almacenado en un formato de datos ampliamente utilizado”, cierra el especialista.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *