Historia del trueque en el fútbol argentino: entre los grandes impactos y algunos que se frustraron

No son días sencillos en el fútbol argentino. Más simple: como pocas veces, una crisis económica se hizo tan visible. La pandemia ​y su consecuente cuarentena pararon la pelota. Recién el lunes volverán a entrenarse los planteles. No hay recaudación, muchos socios se dan de baja, los ingresos se recortan por todos lados. Los gastos se…

Historia del trueque en el fútbol argentino: entre los grandes impactos y algunos que se frustraron

No son días sencillos en el fútbol argentino. Más simple: como pocas veces, una crisis económica se hizo tan visible. La pandemia ​y su consecuente cuarentena pararon la pelota. Recién el lunes volverán a entrenarse los planteles. No hay recaudación, muchos socios se dan de baja, los ingresos se recortan por todos lados. Los gastos se sostienen o crecen por inflación. Ante ese escenario volvió un recurso de los tiempos traumáticos: el trueque.

El caso actual de Boca e Independiente ​es paradigmático de la situación. Dos de los más grandes del fútbol argentino estudian recurrir al intercambio de sus futbolistas para reforzarse.

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Los de la Ribera quieren a Silvio Romero​, goleador en Avellaneda, ahí cerquita del otro lado del Riachuelo. También pretendían a Cecilio Domínguez, aunque el paraguayo se declaró libre y parece que rumbeará hacia el exterior. Los que se visten de rojo pretenden a Iván Marcone y a Walter Bou, el nombre que se incorporó en las últimas horas a esta historia de idas y vueltas. De los dos lados hay imaginación e ingeniería financiera al servicio de ser competitivos sin fundirse en lo económico.

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En ambos clubes, los dirigentes cuentan optimismos. De todos modos, no parece sencillo el desenlace favorable. Apenas hay una certeza: esta historia de trueques en medio de la crisis tendrá más capítulos.​ Algunos, por necesidad.

La historia cuenta otros casos. El más emblemático y exitoso de todos fue -curiosamente- entre los archirrivales del Superclásico. Sucedió en 1985. Oscar Ruggeri y Ricardo Gareca pasaron de Boca a River; Julio Olarticoechea y Carlos Tapia recorrieron el camino inverso.

Oscar Ruggeri y Rivardo Gareca, ya vestidos de River

Fue un paradigma de la expresión británica “win win. Todos ganan. Sirve el dato: Ruggeri, Olarticoechea y Tapia fueron campeones en México 1986, abrazados a Diego Maradona. Y Gareca fue el que empujó la pelota que llevó a la Argentina a clasificarse en las Eliminatorias, en el encuentro decisivo frente a Perú.

Los resabios de otra crisis económica, heredados de los tiempos de José Alfredo Martinez de Hoz, ministro de Economía de la última dictadura, jugaron su rol. Un detalle de empobrecimiento, también en los clubes: en 1984 Boca llegó a jugar en un partido frente a Atlanta​, en la Bombonera, con una camiseta blanca cuyos números estaban pintados con marcador. Se despintaron todos.

En medio de aquella crisis, Ruggeri y Gareca -ya entonces íntimos amigos-, representados por Guillermo Coppola, solicitaron la libertad de acción. No fue sencillo el trámite.

Fueron meses de negociaciones entre los jugadores, los dirigentes, el presidente de la AFA, Julio Grondona,​ y hasta autoridades de la política nacional. Sin embargo, al cabo, Lo que parecía un caos terminó siendo una fiesta para todos, poco tiempo después.

No todos los trueques tuvieron desenlaces mágicos como aquel. En 1988, los que apostaron a una maniobra similar fueron otros dos equipos grandes: River y San Lorenzo. La idea: Sergio Goycochea y Néstor Gorosito se mudarían de Núñez a Boedo; a cambio llegarían José Luis Chilavert y Darío Siviski. Fueron tapas de revistas y de ellos se habló por semanas.

Fue un caso confuso. Trascendió inicialmente que Goycochea tenía una lesión o una enfermedad que no le iba a permitir jugar. Se cayeron los pases de tres de los cuatro futbolistas. 

En abril de este año, en diálogo con Fox Sports, Chilavert ofreció otra mirada: “Habría que preguntarle a Menotti, por culpa de él no llegue a River”.

José Luis Chilavert, listo para atajar en River. El pase se frustró.

La única transferencia que se realizó, al cabo, fue la de Gorosito a San Lorenzo, donde ya había hecho pie al jugar un partido por Copa Libertadores. Fue el club donde se convirtió en ídolo. Allí donde escuchó el agradable estruendo: “Pipooooo/Pipoooo”.

En tiempos más lejanos, sobre todo entre los 40 y los 60, este tipo de transferencias múltiples eran más frecuentes. La más famosa, quizá, sucedió en 1948: Racing se llevó de Huracán a Norberto Méndez, Juan Carlos Salvini y Llamil Simes. Pagó una cifra relevante para la época y cedió a cinco futbolistas (Waldino Aguirre, Octavio Caserio, Juan Filgueiras, Héctor Ricardo y Héctor Uzal).

La Academia no salía campeón desde 1925. Con esos refuerzos ganó los tres títulos siguientes. En 1949, Huracán se salvó del descenso en un desempate frente a Lanús. Las dos caras del trueque, que no ofrece garantías.

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