Carlos Delfino: el desafío de Pesaro, el deseo de elegir el final de su carrera y la tensa situación judicial en la Argentina

Carlos Delfino toma con alegría el nuevo desafío: rendir a los 37 años en Victoria Libertas Pesaro, de Italia. Crédito: Mauro Alfieri Se lo escucha pleno. No le escapa a nada. Nunca lo hizo. En cada charla se muestra genuino y no le gustan demasiados los “moños” a la hora de decir. Está en Italia,…

Carlos Delfino: el desafío de Pesaro, el deseo de elegir el final de su carrera y la tensa situación judicial en la Argentina

Carlos Delfino toma con alegría el nuevo desafío: rendir a los 37 años en Victoria Libertas Pesaro, de Italia. Crédito: Mauro Alfieri

Se lo escucha pleno. No le escapa a nada. Nunca lo hizo. En cada charla se muestra genuino y no le gustan demasiados los “moños” a la hora de decir. Está en Italia, descansa, se entrena, se prepara para el gran desafío. No mira el calendario, entiende que es apenas un detalle. Su talento no tiene vencimiento, pero sabe que lo que sí es diferente es su mirada sobre el deporte. A los 37 años se le presentó una chance que no quiere dejar pasar. Carlos Delfino va por más. Victoria Libertas Pesaro será su gran desafío, aunque la zanahoria que persigue es mucho más grande: un año pleno, una temporada para demostrarse que le quema la pasión por la pelota, que “el Cabezón no está terminado”.

Se entrena cada día. Está concentrado. Está entusiasmado y se traduce en su voz. En la charla con LA NACION, no elude nada. Ahuyenta las especulaciones y aclara que necesita elegir cómo cerrar su carrera. No quiere que aquella lesión en su pie derecho, que le costó siete cirugías y que lo sacó de la NBA, sea la foto del adiós. Quiere la última bola en sus manos.


Carlos Delfino, en los chequeos de rutina antes de la presentación en su nuevo club. Crédito: VL Pesaro Basket

-Hace un tiempo decías que querías “volver a ser un asesino en la cancha”. A los 37 años, ¿qué perseguís? ¿qué te moviliza?

-Jugar y divertirme, siempre busqué eso. Sigo viviendo el juego de la misma forma, no cambió nunca eso. Y la verdad que no quiero sonar arrogante, pero uno llega a un punto que no juega más por el dinero, sino por la pasión por el deporte. Por ahí, la gente de mi edad se quita el vicio jugando con los veteranos una vez por semana, o en el Maxibásquet, pero yo tengo la suerte de que todavía me llaman para competir en el alto nivel y contra gente más joven. Y eso me estimula muchísimo. Después sí, se empieza a mover un montón de cartas a partir de eso, pero tener la pelota en las manos me hace feliz. Lo único que pido es estar contento y tener un año con salud y lejos de las lesiones.

-Más allá de divertirte, ¿te debés un año sin lesiones y en tu nivel?

-Es tal cual, es eso. Lo estoy buscando te diría desde el día que fui a Baskonia y Pablo [Prigioni] me dijo que fuera a jugar a España a la ACB. Podría decirte qué pasó en cada equipo desde que volví a intentar jugar. A Boca fui dos meses, me estaba recuperando, de hecho, el primer partido jugué 8 minutos, cuando estaba en pleno proceso de kinesiología. Las ganas por estar me hicieron jugar con fuego. Fui a entrenarme con Baskonia y cuando nos juntamos con Pablo le dije que necesitaba jugar un año completo y que me encantaba que fuera con él. Después, las cosas pasaron y nos fuimos casi el mismo día de Baskonia. Un tiempo más tarde tuve la experiencia de Torino, algo emotivo que me movilizó, porque había aparecido la chance de jugar un año en Italia. Y en el momento que estaba recuperando mi nivel, pasa algo extrabasquetbolístico, por la discusión en el vestuario [se peleó con Francesco Forni, vicepresidente ejecutivo e hijo del presidente, Antonio]. Me voy a Bologna: no comencé la temporada por lo que estaba viviendo en la Argentina, pero en el momento en el que sentí que ya se podían ocupar mis abogados de esos asuntos y yo pensar sólo en el básquet, apareció el coronavirus. Y este año quería jugar, me entrenaba para eso, pero no sabía si alguien me iba a llamar. Y cuando me salió lo de Pesaro (Victoria Libertas), lo acepté porque quiero elegir yo cómo y cuándo va a ser el final. Que no sea por una lesión o porque tuve una discusión, que sea porque ya no tengo más energía para jugar. Dudo que sea pronto porque me siento bien. Cuando no esté más para competir, dejo. Pero hoy pienso y siento que puedo sorprender a más de uno, porque mi estado físico es mejor de lo que muchos piensan.

-¿Estás buscando un cierre para tu carrera parecido al que tuvo Fabricio Oberto?

-Hablo a ciegas. Fabri hizo el documental y yo no lo vi. Incluso, un amigo me dijo que lo vio y me preguntó por qué yo no estaba. “Es acerca de cómo se fueron retirando”, me dice. Yo le respondo que es lógico que yo no esté porque no estoy retirado. Entonces, le mando a Fabri el tráiler y lo cargo con que yo no estaba. Y me responde que sí estoy, que hicimos una nota en Santa Fe. Y la verdad que sí, me acuerdo de eso, pero nunca supe que era para un documental que hablaba del proceso del retiro. Yo sigo pensando como un jugador, nunca tomé dimensión de eso. Ni lo pienso. Y le dije que tenía dudas de qué pude haber dicho. Le aseguré que no iba a mirar el documental porque no sé qué dije en ese sentido. Además, no me gusta verme. Y puntualmente sobre el final de la carrera, creo que la gente se queda con la última foto y se olvida de todo lo anterior. Si vos metés el último tiro, se queda con eso, si tus últimos tres años son buenos, se quedan con eso. Si tuviste un pozo en tu carrera y la terminás arriba, se quedan con eso. Es difícil cuando no sos vos el que elige cómo terminar. Es difícil de asimilar, todos soñamos con esa curva ascendente. No creo que yo pueda tener ese final en la cima, porque mi mejor momento lo tuve a los 30 años, porque estaba en la NBA. Hoy no estoy en ese punto, pero desde la cabeza me siento mucho más exitoso que en ese entonces. Porque estoy más maduro y valoro otras cosas. Uno quiere cerrar la cajita de los recuerdos con un moño. Tengo otro turno de la calesita y estoy arriba, estoy contento.

-Selección y Juegos Olímpicos. ¿Cuánto hay de motivación y cuánto hay de realidad?

-Lo primero que te comento es que nunca dije que quiero estar en los próximos Juegos Olímpicos. Si me preguntás si quiero estar en unos, digo que sí, pero no estoy jugando para eso. Una de las cosas que más claras tengo, es la palabra respeto. Y cada vez la uso más y en especial con la camiseta de la selección. Siempre lo hice y todos los que estuvimos lo hicimos de esa manera. Por eso hemos ganado tantas cosas. Además, respeto mucho al entrenador y yo no puedo decir juego o no juego. Y nadie puede hacerlo, siempre está por encima la selección. Y también respeto mucho a los que están en el proceso, porque yo no estuve en el último tiempo. Si bien en alguna ventana hubo un llamado de Sergio [Hernández], yo no soy parte de este proceso que llegó a lo más alto en China. Me parece que hay que aclararlo, porque después de un título se genera algo que es muy arrogante y me resulta incómodo. Claro que sueño con cosas, pero lo tengo que ver yo antes de que lo vean los demás. Y tengo que trabajar por eso. Quizá tengo la mejor temporada de la historia y no me alcanza para jugar en la selección. ¿Quién puede saber qué puede pasar? Pero mientras sea un jugador de básquet… Lo que nunca dije era que me retiraba a la selección, no lo haría jamás, porque es un lugar de pertenencia. Si no estoy es porque no me llaman o hay uno mejor. Pero mientras esté en una cancha yo siento que compito y mi pasaporte es argentino. Mi sueño es como el de cualquiera que juega al básquet. Pero tengo claro que respeto a los que están y así debe ser siempre.


Trabajos de fuerza en sus primeros pasos en el club italiano. Crédito: VL Pesaro Basket

-¿Qué sentiste con la selección en el Mundial de China?

-Primero, envidio mucho a Luis [Scola], por cómo está cerrando su carrera en un equipo y en la selección. Y se lo digo siempre. Cuando uno tuvo la suerte de jugar alguna vez con la camiseta de la selección, después tiene un sentido de pertenencia. No se puede explicar. Entonces, por más que no estés, cuando hay doce convocados, te convencés de que son los 12 mejores y lo vivís como un hincha. Y en el Mundial, me pasaba que inflaba el pecho. Yo estaba acá en Italia, entonces pasaban los partidos del seleccionado italiano. Y los partidos de Argentina los enganchaba por streaming y estaba a los gritos festejando. Sentí que estaba sentado en el banco en vivo en China. Uno quiere que a la selección siempre le vaya bien. Una de las mentiras más grandes, cuando estás en un equipo, es decir que no pasa nada si juega el otro, porque en realidad querés que se sienta que te necesitan. Pero con la selección nunca experimenté ese deseo. Yo quiero que siempre gane la selección.

A mis primeros Juegos Olímpicos yo fui para jugar de base y, en realidad, en mi posición había todos fenómenos. Estaba Ginóbili, Sconochini, Nocioni y Herrmann. Y como bases estaban el ‘Puma’ Montechia y ‘Pepe’ Sánchez. Ni se me ocurría querer que no jueguen bien para poder estar yo. Ni loco, quería que juguemos bien. Y de hecho me veías en el banco saltando como loco. Son tus colores, no siento que si no me llama la Argentina juego para otra selección. Y ese equipo en el Mundial de China jugó como tal, y cuando ves a 12 personas hacer algo bien juntos, disfrutando de eso, te ponés orgulloso. Más allá de los nombres o de quién juegue.

-Después de tantos éxitos, ¿cómo se reactiva el hambre? ¿Peleando contra un descenso o tratando de recuperar a un equipo que apenas ganó un partido en la temporada, como Pesaro?

-Lo primero que me dijo [el entrenador Jasmin] Repesa cuando nos juntamos fue: “Es el desafío más grande de mi carrera”. Por la suya, y tiene una carrera increíble en Europa y con la selección croata. Es un entrenador de alto vuelo en Europa. Me dijo: “Me avergüenza lo que podemos ofrecerte económicamente, pero lógicamente que te quiero adentro del equipo”. Y tener la oportunidad de afrontar un desafío tan importante, con alguien que admiro, es algo. Seguramente no ganemos el título, es muy difícil que Pesaro pueda hacerlo. No tiene la billetera de Milano, Venezia, los dos equipos de Bologna o Brescia, cinco equipos que cuadriplican el presupuesto de Pesaro. Hasta Varese, que se llevó a Luis, que no está para el título, es más poderoso. Nosotros estamos para otra cosa, vamos a ver cómo nos armamos, cuándo podemos volver a entrenarnos y jugar. Pero que hayan pensado en mí como primer fichaje para afrontar un cambio rotundo en el equipo, me da. La verdad que estoy como una moto por poder estar adentro de una cancha. Y me gusta esa responsabilidad. Sin duda que no estoy para jugar 40 minutos como antes, que no tengo el mismo despliegue físico, pero puedo aportar desde otro lado y diferentes cosas. Estos desafíos me recontra gustan, me hacen sentir vivo dentro de una cancha. Y Pesaro es un equipo histórico dentro de la liga italiana. Si no hubiera pasado esto de la pandemia, es posible que Pesaro hubiera armado un equipo para la A2, porque ganó un juego la temporada pasada. Así y todo, llevaba 4500 personas a la cancha en un estadio para 10.000. Entonces, la idea es tratar de hacer las cosas prolijas, de tener un equipo competitivo y eso me encanta porque deseo competir.


Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro son la competencia más reciente del alero en el seleccionado; le gustaría estar en Tokio 2020, pero respeta el lugar de quienes lograron la clasificación. Fuente: Archivo

-¿Cómo viviste el proceso de la pandemia estando en Italia?

-No empecé a jugar porque estaba tratando de arreglar las cartas fuera de la cancha a nivel jurídico, por lo que me pasa en la Argentina. Cuando terminé de acomodar todo, me tomé el primer avión que tuve a disposición. Eso fue el 22 de febrero y el 23 cerraron acá las escuelas. Es decir que desde ese día comenzamos a vivir lo que es el encierro. Toda la etapa más fulera la vivimos más en casa. Nosotros estamos en una ciudad chica, que se llama Cento, que es algo similar a lo que sería San Pedro para Buenos Aires, entonces en comunidades más chicas se sufre menos. No podíamos hacer muchas actividades, pero no la pasamos terriblemente mal. Se sufrió mucho en Italia, pero no fue en esta zona. Hoy se vive prácticamente normal y se tienen muchos recaudos en los lugares cerrados. En medio de la situación más dura, alguna medianoche me escapé para correr en medio del campo para despejar la cabeza.

-Tendrás una lupa encima en este nuevo desafío, ¿Te incomoda o ya estás acostumbrado a eso?

-Estoy acostumbrado, porque de alguna manera pasó en los últimos años. Esta claro que, si yo estoy en Houston jugando junto a James Harden, es lógico que van a estar mirando más al ‘Barba’ que al ‘Cabezón’. A lo largo de la carrera se van creando callos y a mí siempre me gustó un poco ser el pegamento del equipo. En esta etapa de mi carrera tengo más claro que está en la mira más mi número de documento, por el tema de la edad, y cómo puedo responder a la competencia. Pero no me quita el sueño, la edad pienso que es un número y me siento con muchas ganas. Y las críticas siempre fueron un combustible en mi carrera. A esta edad sé que no puedo gustarles a todos y no gasto energía en eso. Quiero divertirme, esto es un juego, cuando era chico lo miraba diferente, pero más allá de profesionalismo, no deja de ser un juego.


Delfino jugó ocho temporadas en la NBA; fue titular en sus tres campeonatos en Milwaukee Bucks. Fuente: Archivo

-¿En Italia podés despuntar el vicio de la pesca?

-Acá, de una manera muy amarga, tengo que ir a un lago de media hectárea y pagar por el pez que saco, entonces ni lo hago. En Pesaro, una de las cosas que más me han ofrecido, conociendo lo que me gusta pescar, es hacer alguna salidita en la semana, porque estamos en la costa. Pero ojo, cuando estuve afuera de la cancha la pesca no me gustó tanto como me gustaba cuando la usaba para relajarme de las presiones del básquet. Como una actividad para despejarme me ayuda, pero como primer hobby no me sirve, no me alimenta, por eso sigo jugando.

-Cuando tenés una pelota de básquet en las manos, ¿qué te pasa?

-Soy yo, es la cosa que más me gusta. Me hice abrir la canchita de Cento y hacía 33 grados. El señor que me abrió la cancha me preguntó si estaba seguro por el calor que hacía y le dije inmediatamente que sí, porque necesito picar la pelota y tirar al aro. Cuando no puedo ir a una cancha lo hago en el subsuelo de mi casa, donde me armé un gimnasio chico. Entonces me la paso manchando las paredes, porque la pico y se la paso a la pared. Es el juguete más lindo que tuve siempre. Es como una parte de mi cuerpo. Mi hijo el otro día cumplió años, le regalaron un montón de juguetes y lagrimeé cuando vi que el nene tiró todo y se quedó con la pelota de básquet y salió picando. Me vi yo cuando era chico. La pelota sigue siendo la número uno para mí.

“Gané todo mi dinero en blanco; no tengo por qué andar haciendo otras cosas”

Vivió momentos difíciles en los últimos años. Se lo vinculó con el lavado de dinero y su mundo se descolocó. Su cabeza no podía estar en el básquetbol y eso, incluso, lo complicó para conseguir algún club en Europa. Está procesado y su padre (Carlos Gustavo Delfino) también, por estar acusados de supuesto lavado de activos provenientes del tráfico de drogas, luego de que se investigara en Santa Fe la transacción de una casa de un country a manos de un narcotraficante que está prófugo.


El santafesino vive momentos complicados en la Argentina en el plano judicial. Fuente: Archivo – Crédito: Mauro Alfieri

-Mencionaste un par de veces la situación jurídica que tenés en la Argentina, ¿podés dar tu explicación sobre la situación?

-Voy a tratar de explicarlo lo más corto posible. Porque la pasé mal y no sólo yo, sino que también lo sufrió y lo sufre mi familia. Lo concreto es que cuando estaba en Boca me entraron a robar en una casa que tengo en un country privado y por eso la pongo en venta. Al ser una persona pública trascendió el robo y como todo, te tiran la cotización abajo. Me llega por parte de un intermediario, en realidad le llega a mi viejo, una oferta que se acercaba a lo pretendido, pero no me conformaba. Entonces, la casa pasó de estar a la venta a alquiler, con una opción de venta que estaba sujeta en el tiempo a cumplirse o no. Se puso en alquiler, nada más que eso. Cuando yo compré la casa, estaba bajo una sociedad offshore, que no es algo ilegal, pero como yo estaba en Italia, lo dejé así, y no cambié esa condición.


Delfino, durante la revisión médica en Pesaro. Crédito: VL Pesaro Basket

No se detiene, quiere ser claro y explica con detalles qué pasó con esta acusación que lo atormentó: “Ahora bien, cuando salta que adentro de la casa estaba la mujer de una persona que está prófuga de la justicia, que nosotros no teníamos ni idea y no tenemos nada que ver con esta gente, todo se agrandó. En realidad, en una casa de mi propiedad, había gente que era perseguida por la justicia. Hubo una vinculación, se habló mucho sin saber, yo no volví a tiempo de Bologna, no pude estar en el día de la causa. Entonces, todo avanzó increíblemente rápido en la Argentina y nos procesaron a mi viejo y a mí. Estamos yendo a juicio, pero estoy muy tranquilo porque tengo todos los papeles en regla, porque esa casa figura a nombre de una sociedad que es mía. El total de las acciones de la sociedad es la casa, si vas al historial de la propiedad nunca cambió de nombre y ese nombre es el mío. Entonces, nunca vendí nada, sí la tenía alquilada a esta gente. Así que bueno, ahora está en manos de la justicia, en los tiempos que se tome la justicia, pero estoy tranquilo. Hoy estoy en calma, porque logré juntar todos los papeles para demostrar que siempre fue mío, para demostrar qué hay y qué hubo siempre y no hay nada suelto. Ahora hay que esperar. Incluso, muchos jueces se jubilaron y el que estaba en esta causa se jubiló, por lo tanto, eso hace que se demore todo mucho más. Mirá, hasta que fui a Boca nunca tuve que contratar a un abogado, y cuando me robaron tuve que hacerlo para ver quién me había robado y todo lo que me sacaron. Ahora con este tema, otro abogado más. Entonces, cuando no sos del palo, ni tenés un amigo abogado, un problema así te hace pensar en otra cosa. Jugué en Estados Unidos, tengo la visa de allá, me gané todo mi dinero en blanco, no tengo por qué andar haciendo otras cosas. Hay mucha gente que habló por hablar, cualquiera puede escribir o decir cualquier cosa. Yo sé muy bien quién soy y quiénes me rodean, en especial cuando alguno pueda dudar de vos. Estoy muy tranquilo, hoy pienso solamente en jugar al básquet; después, el resto se va arreglar cuando se tenga que solucionar. Tengo todo como para encarar cualquier tipo de juicio”.

-¿Vos le compraste la casa a una empresa offshore?

-Yo le compré la casa a una persona física en Argentina y esta persona la tenía inscripta bajo una sociedad offshore.

-¿Vos desconocías que estaba bajo esa modalidad?

-No, yo lo sabía. Es una sociedad que, incluso, salió en las Wikileaks, pero no es para nada ilegal eso. Es más, para aclarar más el tema, hay muchas casas en los country que están bajo esa condición. Ahora se empezó a escriturar y uno de los que lo está haciendo soy yo. Incluso, le dije al abogado: “¿Cómo puede ser que estoy escriturando a nombre mío y la sociedad está a nombre mío, y la Justicia me está haciendo un juicio por lavado de dinero por una propiedad que está a nombre mío y que no vendí? Estaría escriturando a nombre de otro”. Pero no sólo me señalan por haberlo vendido, sino de que yo había facilitado la creación de la offshore para el lavado de dinero. Yo compré la propiedad bajo una offshore, yo no creé nada. La compré hace siete años cuando estaba en Estados Unidos, en Houston. Es más, el año pasado, cuando no podía jugar, muchos equipos me preguntaban cómo estaba todo este tema. Fue un dolor de cabeza. Pero estoy muy seguro de quién soy y cómo me manejo en la vida.

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