Jarvis Cocker, la vida del caballero inglés más común del mundo después de Pulp

“House Music All Night Long”, canción del nuevo disco 05:54 Video Allá por 2006 Pulp ya era un recuerdo para Jarvis Cocker. Por aquel entonces, Jarvis tenía 42 años y decía con honestidad brutal que había tenido que matar a la banda para salvarse como artista. “Pulp era mi peluche protector. Aún cuando pasamos algunos…

Jarvis Cocker, la vida del caballero inglés más común del mundo después de Pulp

“House Music All Night Long”, canción del nuevo disco

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Allá por 2006 Pulp ya era un recuerdo para Jarvis Cocker. Por aquel entonces, Jarvis tenía 42 años y decía con honestidad brutal que había tenido que matar a la banda para salvarse como artista. “Pulp era mi peluche protector. Aún cuando pasamos algunos períodos relativamente largos de inactividad, yo sabía que la banda siempre estaba ahí, lista para retomar. Pero andar con ese peluche protector a los 42 años es un poco triste, así que tuve que deshacerme de él”. El peluche revivió fugazmente en 2012 para ofrecer un puñado de conciertos como cabeza de cartel en grandes festivales (Coachella, Primavera Sound, Glastonbury) e incluso visitó ese mismo año Buenos Aires, donde Pulp dio un show memorable en el Luna Park.

Hoy por hoy, a los 56 años, este músico de Sheffield que fue una pieza clave del britpop -quizá su cara más política y sofisticada- está enfocado exclusivamente en su carrera solista, iniciada con Jarvis (2006), un despegue virtuoso al que sucedieron Further Complications (2009), Room 29 (disco en sociedad con el intrépido pianista canadiense Chilly Gonzales) y, ahora, Beyond the Pale, álbum editado por el prestigioso sello Rough Trade que no estaba planificado y terminó naciendo como otro subproducto de estos anormales tiempos de cuarentena global.


Todo el garbo de una figura fundamental en la música popular de los últimos 25 años Fuente: LA NACION

La vida de Cocker fuera de los límites de Pulp siempre fue intensa: se casó con Camille Bidault-Waddington en 2002, un año después de la aparición del último álbum de la banda hasta la fecha, We Love Life, producido por uno de sus héroes, Scott Walker, y se mudó a París. Tuvo un hijo, se divorció, volvió a Inglaterra y conoció a su actual pareja, Kim Sion. Armó con Richard Hawley Relaxed Muscle, un dúo de electrónica sórdida que grabó un solo disco. Le cedió dos temas a Nancy Sinatra para un álbum donde la hija de Frank también interpretó canciones de U2, Morrissey y Thurston Moore (Sonic Youth). Compuso otros tres para la banda sonora de Harry Potter y el cáliz de fuego, donde también apareció en un breve cameo. Cantó en el documental y el disco de versiones I’m Your Man, un homenaje a Leonard Cohen cuya continuación queda ahora plasmada inconfundiblemente en el tema de apertura de Beyond the Pale, “Save the Whale” (donde también resuena el estilo vocal de David Sylvian). Participó de otro disco homenaje dedicado al dandy francés Serge Gainsbourg, otra figura crucial en su mapa de influencias, y colaboró con su hija Charlotte en su hermoso álbum debut, 5:55.

En 2017, Jarvis reunió una banda de seis integrantes ingleses con la idea de hacer solamente presentaciones en vivo. Bautizó a su nuevo proyecto JARV IS… (“los puntos suspensivos son importantes porque describen algo que no está terminado”, explicó el músico) y se abocó a la tarea de crear un repertorio en el que sus compañeros de ruta tuvieron un papel muy relevante. La selección de esos músicos ya daba pistas sobre el rumbo escogido: la multiinstrumentista Serafina Steer y la violinista Emma Smith (ambas de la banda postpunk Bas Jan), Andrew McKinney (bajista de una formación de jazz, Rochester James Taylor Quartet), Jason Buckle (miembro del grupo electrónico Sheffield All Seeing I) y Adam Betts (baterista Three Trapped Tigers, un proyecto de rock experimental). Quedaba claro que el objetivo principal no era la producción de hits rotundos del estilo “Common People” o “Disco 2000”, sino recorrer un camino de exploración sonora que resultara más estimulante para un artista que, en plena etapa de madurez, también diversificó sus actividades con un excelente programa radial en la BBC 6 (Sunday Service, que duró de 2010 a 2017) y, este año, una serie de animados DJ sets caseros que alegraron los sábados de muchísimos fans obligados al encierro por la pandemia.

“Common people”, su hitazo con Pulp

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Toda esta historia sirve para entender mejor qué clase de disco es Beyond the Pale. Fue Geoff Barrow (Portishead) quien convenció a Jarvis de editarlo, proponiéndole usar unas grabaciones de los conciertos de la banda como base y añadirles sobregrabaciones de estudio que le darían forma a lo que ellos definen como “álbum vivo”, más que “en vivo”. El resultado es irregular: un repertorio configurado a partir de fragmentos dispersos cuya dinámica a veces funciona bien y otras no tanto, y en el que la singular voz de Jarvis es un elemento más, no necesariamente el preponderante. En más de un pasaje del disco, Cocker apela a sugestivos recitados que en los shows, gracias a su presencia magnética, funcionan muy bien, pero que aquí pierden una parte importante de su efectividad, sobre todo en los temas cuya duración se vuelve excesiva (el cierre, “Children of the Echo”, un dardo bien apuntado contra la estupidez, la agresividad y la cobardía que hoy es moneda corriente en las redes sociales, es un caso patente).

Es muy probable que el pop electrónico de esta nueva etapa de Jarvis se vaya aceitando a medida que la banda vaya sumando tiempo de trabajo y pueda finalmente grabar un álbum en condiciones más convencionales. Aun así, es justo decir que el disco tiene grandes momentos. En “Must I Evolve?”, por caso, Cocker vuelve a recordarnos que sabe perfectamente cómo introducir en el terreno de la canción pop asuntos que por lo general no aparecen en ese universo: en una historia que se remonta hasta el big bang que habría originado la materia, el tempo y el espacio, repite obsesivamente preguntas como “¿Debo cambiar?” y “¿Debo evolucionar?”, y recibe la respuesta de un coro femenino que decreta que sí por triplicado. Cuando consulta si debe permanecer igual, en cambio, la respuesta es, obviamente, “no, no, no”. La elección de voces de mujeres no es aleatoria: a los dilemas existenciales de la humanidad en esta fase alienante se suma la conciencia del necesario replanteo de una masculinidad cuyos preceptos más tradicionales vienen tambaleando hace rato.


Jarvis Cocker en escena Fuente: LA NACION

Y los interrogantes no se agotan ahí. En “And I Missing Something?”, Cocker se mantiene “de pie frente a la extinción” (un verso premonitorio que escribió hace más de un año) y surfea sobre una base de inspiración krautrock para revelar con su habitual acidez las paranoias de estos tiempos que nos empujan a estar en demasiados lugares a la vez (“¿Hay algo que me falta?”, “¿Pasa algo a mis espaldas?”). Nada que no hayamos vivido cuando el contacto cara a cara se empieza a entrecortar por la demanda abusiva de los teléfonos inteligentes y sus docenas de aplicaciones. En “Swanky Modes”, en cambio, Jarvis exhibe su estatus de gran narrador urbano con una historia susurrada de flirteos y decepciones ambientada en las siempre pobladas calles de Camden Town. La canción está teñida de una melancólica añoranza por los días de “VHS y sexo casual”, más apasionantes que este presente de ciudades gentrificadas en serie.

Las reflexiones de Jarvis sobre el mundo en el que nos toca vivir, una de las fortalezas más notorias de Beyond the Pale, tienen una agudeza y una profundidad que no son para nada comunes en la música pop. Son el fruto de sus lecturas –El Libro Rojo de Carl Jung, las indagaciones sobre mitología comparada de Joseph Campbell- y también de su interés en la idea del inconsciente colectivo, “ese océano primario en el que nos sumergimos cuando dormimos y en el que están los símbolos compartidos por toda la humanidad, sin importar su situación geográfica”, según declaró en una entrevista reciente. “Todo esto me interesa especialmente en un momento en que la gente se ha polarizado tanto -subrayó en esa misma nota-. Un ejemplo es lo que pasó con el Brexit: el 50% contra el 50%. Hay una tendencia a las facciones y la pelea. Me parece mucho mejor pensar en las cosas que tenemos en común, en lugar de dividirnos en buenos y malos. Subrayar nuestra humanidad, en lugar de sentir la diferencia. Y la música siempre ha sido buena en este sentido. Porque cuando las personas escuchan una canción en un concierto, la bailan y la disfrutan juntas, están compartiendo un momento. Eso es lo que de verdad vale la pena. La música es nuestro reino. Y transforma al mundo en un lugar mejor”.

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