Gobernador, es hora de avanzar

Cuando me disponía a escribir estas líneas, dos veces fui interrumpido por el timbre de mi casa. Primero un hombre joven y amable, protegido con su correspondiente barbijo, pidiendo algo de ropa y calzado para sus hijos. Cinco o diez minutos después, una persona de similares características, quizá un poco más joven, ofreciéndose a barrer…

Gobernador, es hora de avanzar

Cuando me disponía a escribir estas líneas, dos veces fui interrumpido por el timbre de mi casa. Primero un hombre joven y amable, protegido con su correspondiente barbijo, pidiendo algo de ropa y calzado para sus hijos. Cinco o diez minutos después, una persona de similares características, quizá un poco más joven, ofreciéndose a barrer la vereda a cambio de una propina. “Tengo hambre, don, deme aunque sea para un paquete de arroz” suplicó.

Por Alejandro Parnás

Podría ser un hecho casual, dado que Santiago acarrea desde hace décadas una pobreza estructural que nadie, ni el propio gobierno, se anima a negar. Pero no lo creo: la crisis económica y social que trae consigo la pandemia comienza a impactar con crudeza y lo que nos espera en los próximos meses probablemente sea peor de lo que imaginábamos semanas atrás. No hay economista que avisore un futuro esperanzador para los próximos dos años.

En este marco, y en virtud de la favorable situación epidemiológica de la provincia, con nula circulación local del virus y 21 casos importados desde que se inició esta pesadilla, todos esperábamos una nueva fase de aislamiento más flexible y equilibrada, tan enfocada en las cuestiones sanitarias como en amortiguar los efectos económicos, sociales y psicológicos de la pandemia.

No es más ni menos que lo viene ocurriendo en otras jurisdicciones, incluso en algunas mucho más complicadas que la nuestra, donde se han habilitado, con los controles y cuidados pertinentes, numerosas  actividades productivas, sociales y hasta deportivas.

Sin embargo, y habiendo transcurrido cinco días desde que se anunciara la quinta prórroga de la cuarentena, lo único que obtuvimos fue un silencio atronador por parte del gobernador, quien se limitó a compartir en su Facebook una escueta síntesis del discurso del presidente y a firmar el decreto que extiende el aislamiento y toda la normativa complementaria “bajo idénticos términos y condiciones”.

Sin explicación alguna, y a contramano de lo que sucede en casi todo el país, los santiagueños seguimos atascados en las etapas iniciales del aislamiento, e incluso con más restricciones: en La Banda los castigados comerciantes se encontraron este martes con flamantes limitaciones para el ingreso al casco céntrico, mientras en la ciudad capital, los propietarios de pequeños comercios barriales en rubros como forrajería o artículos de limpieza, denuncian que desde el fin de semana vienen siendo sometidos a reducciones horarias forzosas e incluso a clausuras intempestivas, en algunos casos con intimaciones de carácter verbal.

Dos posibilidades: o bien existe información sobre la evolución del virus que las autoridades, por alguna razón, nos estarían ocultando; o bien el gobierno provincial ostenta un manifiesto desinterés por la situación de miles de comerciantes, profesionales y trabajadores independientes, que ya han llegado al punto de la desesperación.

Desde el radicalismo venimos reclamando insistentemente mayor claridad en las decisiones adoptadas en el contexto de la pandemia e impulsando propuestas ordenadoras tanto para evitar las situaciones arbitrarias e injustas que se viven a diario en los controles de circulación, como para implementar soluciones adaptadas a la realidad de nuestro extenso territorio, promoviendo, por ejemplo, la apertura progresiva de actividades en localidades del interior sin casos confirmados ni sospechosos.

Creemos que es hora de avanzar, de pensar de manera colectiva y de apoyar a todos los santiagueños en esta difícil situación. Son más de 50.000 puestos de trabajo registrados y otros tantos informales los que están en juego. Con las precauciones y cuidados que hagan falta, siempre habrá margen para volver atrás.

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