En el nuevo fútbol, el miedo escénico ha muerto

Cuenta la historia que Amadeo Carrizo temblaba en el vestuario de la Bombonera.​ Que calentaba tirando la pelota contra la pared y que invariablemente se le caía al tratar de recogerla. La leyenda dice que alguna vez hasta pidió no jugar en la cancha de Boca, tanto que lo intimidaba ese estadio.​ Medias verdades, medio…

En el nuevo fútbol, el miedo escénico ha muerto

Cuenta la historia que Amadeo Carrizo temblaba en el vestuario de la Bombonera.​ Que calentaba tirando la pelota contra la pared y que invariablemente se le caía al tratar de recogerla. La leyenda dice que alguna vez hasta pidió no jugar en la cancha de Boca, tanto que lo intimidaba ese estadio.​ Medias verdades, medio mito, a Amadeo no le gustaba ser visitante de Boca. Hay cientos de casos parecidos. Y otros tantos que cuentas historias opuestas, de “agrande” en canchas bravas. Y están los indiferentes, a quienes le da lo mismo.

A Maradona le encantaba tener el público en contra. ¿Cómo olvidar aquellas imagenes del Mundial 90? A Messi parece no importarle el lugar del partido. Se trata del miedo escénico, esa maravilla que usó García Márquez para definir su sensación ante la hoja en blanco y que Jorge Valdano se apropió para llevarla al fútbol.

Como un caballero, Valdano reconoció el copyright del colombiano en innumerables oportunidades pero puede rescatarse la profundidad del concepto en un artículo suyo de 2016, en su página. Wikipedia a veces hace las cosas muy fáciles.​ Pero ahora, a 2020, muerto y venerado García Márquez, vivito y coleando Valdano, acuciado el fútbol como parte del todo por el coronavirus, parece que estamos cerca de decir que el miedo escénico ha muerto.​

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No hay excusas. Acostumbrados al 50% de los estadios llenos por la prohibición de asistencia de los hinchas visitantes, los equipos que iban a terreno ajeno tenía la soledad a su espalda y el aliento rival frente a la cara. Jugar a puertas cerradas, como parece ser el destino próximo y por un largo tiempo, empareja las cosas. La Bombonera, aquella que cohibía a Amadeo, solo amedrentará desde su arquitectura y su historia, silenciada por completo. No hay que temer ese “latido” que le atribuyen los hinchas de Boca ni al constante canto de La 12 y sus adyacencias. ¿Sufrirán los jugadores de Russo jugar en “modo avión” en su propia casa?

Desde tiempos inmemoriales el fútbol dio lugares hostiles. Podrían decirlo los que iban al Centenario a jugar esas batallas de la Libertadores. ¿Que podía esperar un equipo porteño, por grande que fuera, en el Parque Independencia o en Arroyito? Fieras gritando a favor de los propios y hostigando a los ajenos. Ser visitante era ir a perder. O casi.​

Casos como esos no han sido exclusivos de los argentinos, que nos creemos diferentes en todo. Los italianos quieren demoler San Siro, donde toda la vida Inter y Milan convirtieron esa caja llamada oficialmente Giuseppe Meazza en una jaula de leones vestidos de rojo y negro o de negro y azul. “No tiene interés cultural”, es la excusa que ponen ciertos funcionarios italianos para tirar abajo San Siro. Pecado mortal. No saben lo que hacen.​

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¿Miedo escénico? ¿En el peor de los lugares? Cuando Estudiantes fue a jugar con el Manchester United a Old Trafford la cancha hervía desde varias horas antes. Zubeldía ordenó salir al campo para aclimatarse. Los jugadores caminaron mientras el coro de “¡Animals, animals!” heredado del Mundial 66 acogía de los jugadores de Osvaldo. Algunos se acercaron a las tribunas. Alberto Poletti fue reclamado para firmar autógrafos por algunos que eran más british que hooligans. Poletti los firmó con cuidado, uno por uno. Y antes de devolver los papeles, los rompió en mil pedazos y se los tiró a la cara.

Miedo escénico…​

No debe ser fácil jugar en la cancha del Dortmund con esa cabecera que se viene encima. Ni soportar en Anfield a las fieras rojas bramando “You Will never walk alone”, el haka de los hinchas de Liverpool.​ Queda el miedo al rival, desde luego. Bueno: contra eso no se puede hacer nada. Hay once del otro lado a los que hay que vencer, ahora casi en terreno neutral.

El fútbol parece que se jugará siempre en Suiza. Al público le queda la TV. Y ver a nuestro equipo en el coto adversario no tiene solución. El miedo escénico solo nos quedará a los hinchas pero, como dijo Obdulio, “los de afuera son de palo”.

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