El fútbol argentino trata de entender cómo va a cambiar el fútbol y ya piensa en números bien distintos

Sucedió en la Argentina. Está sucediendo en Alemania. Y la preocupación se extiende a las grandes ligas. Jugar sin público cambiará muchas varias variables que influyen durante los 90 minutos de juego. Lo certifican las estadísticas. Lo reafirman los protagonistas. No solo los hinchas extrañarán ir a las canchas. No será lo mismo la Bombonera,…

El fútbol argentino trata de entender cómo va a cambiar el fútbol y ya piensa en números bien distintos

Sucedió en la Argentina. Está sucediendo en Alemania. Y la preocupación se extiende a las grandes ligas. Jugar sin público cambiará muchas varias variables que influyen durante los 90 minutos de juego. Lo certifican las estadísticas. Lo reafirman los protagonistas. No solo los hinchas extrañarán ir a las canchas. No será lo mismo la Bombonera, que este lunes cumplió 80 años de vida, sin público. No temblará. No latirá.

El dato parece lejano, olvidado, después de más de dos mes sin fútbol oficial en el país. Pero en la primera fecha de la inconclusa Copa Superliga, cuyos diez partidos se jugaron a puertas cerradas, apenas ganó un local: Independiente, 1-0 a Vélez. Hubo dos empates y siete triunfos visitantes (el 70%). En cambio, en toda la Superliga 2019/20 apenas ganaron el 30% de los equipos en cancha ajena.

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La Bundesliga es uno de los cinco torneos más importantes del mundo. Fue el primero en regresar tras la cuarentena obligada por la pandemia de coronovirus. Los ojos futbolísticos del mundo viraron hacia Alemania para alimentar la pasión con los goles del potente Robert Lewandowski en el Bayern Munich y la calidad de Julian Brandt en el Dortmund​. Y tiene un dato llamativo: solo hubo 3 triunfos locales (16,7%) contra 10 visitantes (55,5%).

“Si miras la Bundesliga, ya no es una gran ventaja jugar de local. Creo que es muy importante estar mentalmente preparados para esta realidad. A excepción del Dortmund, que ganó, los equipos que jugaron en casa perdieron cinco partidos y empataron tres”, dijo Karl-Heinz Rummenigge, el viejo tanque alemán ahora presidente del Bayern Munich, tras la reanudación. A la fecha siguiente otra vez hubo cinco victorias de las visitas.

El factor cancha no es ajeno a la gente de Boca. En la intimidad del cuerpo técnico reconocen que en el fútbol local la presión de la Bombonera es importante pero mucho más en el ámbito internacional. Por eso el presidente Jorge Ameal ​manifestó: “Coincidimos con (Rodolfo) D’Onofrio en que la vuelta del fútbol queremos que sea con nuestro público, como debe ser. Pero vamos a priorizar la vida por sobre cualquier otra cuestión”.

Para Boca, jugar con público representa un promedio de 45 mil personas (según el último registro anual del club en el acceso de carnet por partido) pero no un rédito económico: cada socio ingresa de manera gratuita a los partidos de local con el pago de la cuota mensual. En donde sí se ve un perjuicio económico es en los partidos de Copa Libertadores (solo perdió 2 de los últimos 20 como local en ese torneo) a puertas cerradas: Boca le cobra un adicional a cada socio por ese encuentro y tiene un ingreso mínimo de 50 millones de pesos.

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“Jugar sin público es triste. La adrenalina que te dan las hinchadas no se compara con nada. Sin público no tenés la misma motivación. La gente ayuda o perjudica a un equipo. Soy un convencido de que el resultado de un partido tiene mucho que ver con la hinchada también”, le asegura Damián Batallini, delantero de Argentinos, a Clarín.

En sintonía, Bruno Urribarri, defensor de Patronato, remarca: “Sin dudas, jugar sin público no es lo mismo. Esa presión que genera ver mucha gente en las tribunas es una sensación única y hace que todos los jugadores nos sintamos afortunados de estar donde estamos”.

El volante Cristian Lillo tiene 34 años y gran parte de su carrera la jugó en el fútbol de Ascenso. Desde 2014 defiende los colores de Deportivo Morón. Y le cuenta a Clarín: “La verdad que es feo jugar sin gente. Se pierde mucho de la esencia del fútbol. De todos modos, en el Ascenso lamentablemente estamos acostumbrados a jugar sin público. Me tocó estar en varios partidos así a lo largo de mi carrera. Y lo que he notado y seguramente pasará ahora también es que la localía va a perder fuerza. Los equipos visitantes se van a favorecer al jugar sin público”.

El aspecto psicológico también influye. En una vieja charla íntima en Barcelona, que después reveló José Luis Barrio en “El Gráfico”, César Luis Menotti le había dicho a Carlos Bilardo sobre Enzo Trossero: “De lunes a sábado es un león, pero los domingos en un gatito”. Más allá de que el ex defensor de Estudiantes e Independiente dio pruebas sobradas en las canchas de que la sentencia del Flaco era exagerada, se sabe de muchos jugadores que en las prácticas la rompen pero ya en la cancha, con público, no tienen el mismo rendimiento.

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“Para cada jugador es totalmente diferente y cada uno lo asume de acuerdo a la preparación mental que tenga. Hay tres factores que juegan: la atención, la motivación y la activación”, le dice a Clarín el psicólogo Carlos Gutiérrez, integrante del cuerpo técnico de Independiente. Y agrega: “Si un deportista tiene entrenada de manera correcta la focalización de la atención decimos que tiene una focalización de la atención estrecha. Esto quiere decir que solamente fija su atención a lo que es relevante para el desarrollo del fútbol: sus diez compañeros, la pelota, los once rivales, el árbitro y el técnico. En este caso es como dijo el capitán de Uruguay antes del Maracanazo, ‘los de afuera son de palo'”.

“En el fútbol la definición de los jugadores que no se saben relacionar adecuadamente con el público es la de ‘jugadores de entrenamiento'”, le dijo Jorge Valdano a Diego Torres en “El País” de España en estos días de análisis ante la inminente vuelta de la LaLiga​. Y remarcó: “Luego están los futbolistas que en los entrenamientos tienen un perfil bajísimo y cuando se trata de desafiar al público entran al campo con un grado de excitación que les aumenta el rendimiento claramente”.

Todavía no se sabe cuándo volverá el fútbol. Y muchos menos cómo. Tampoco se conoce la influencia que tendrá jugar a puertas cerradas. Pero hay indicios.

Colaboraron Matías Bustos Milla, Nahuel Lanzilotta, Maximiliano Benozzi y Daniel Avellaneda.

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