El Araña Amuchástegui, el crack que rechazó un BMW y se volvió de Europa sin jugar ni un minuto

El gran dilema de siempre en Córdoba es el género del apodo por el que todos lo conocen.-¿El Araña o la Araña?-Yo siempre seré “El Araña”, responde y lanza una carcajada estruendosa.Luis Antonio Amuchástegui (Ciudad de Córdoba, 12 de diciembre de 1960) fue uno de los últimos grandes wings del fútbol argentino. En sus pagos, y…

El Araña Amuchástegui, el crack que rechazó un BMW y se volvió de Europa sin jugar ni un minuto

El gran dilema de siempre en Córdoba es el género del apodo por el que todos lo conocen.

-¿El Araña o la Araña?

-Yo siempre seré “El Araña”, responde y lanza una carcajada estruendosa.

Luis Antonio Amuchástegui (Ciudad de Córdoba, 12 de diciembre de 1960) fue uno de los últimos grandes wings del fútbol argentino. En sus pagos, y en el resto del mundo, todos le dicen “El Araña”, mote que se ganó cuando era pibe y “ruludito” en su barrio de San Vicente y se trepaba a los árboles con una facilidad extrema. Un amigo con mucho ingenio industria cordobesa se lo puso y el apodo quedó para siempre. Incluso ahora, camino a los 60 años, cuando las gambetas electrizantes, esas que deleitaron a los hinchas de Racing de Córdoba, San Lorenzo y River​, son parte de un hermoso recuerdo y pasa sus días trabajando para el gobierno provincial en la Defensoría del Niño, desde donde ayuda a los pibes que menos tienen y más necesitan.

Araña Amuchástegui, en familia.

“El Araña” jugaba como pocos, pero muchos le decían que era un “morfón” porque agarraba la pelota y no la largaba. Pero tenía condiciones, estampa de crack. No tardó mucho en descubrirlo René Gorreta, un entrenador de las divisiones inferiores de Racing de Córdoba que lo llevó al club de Nueva Italia. Estaba a punto de recibirse de bachiller y decidió apostar a pleno por el fútbol. Sin embargo, nada fue sencillo: la familia de Amuchástegui era pobre y no tenía dinero para solventar los viajes en colectivo. La solución llegó gracias a otro amigo, que le prestaba una bicicleta para que pudiera ir a los entrenamientos.

Y así comenzó la historia de “El Araña”, que fue tan buen jugador que se ganó los elogios de los mejores. El mismísimo Enzo Francescoli​, cuando eran compañeros en River, contaba: “Yo levantaba la cabeza y sabía que ‘El Araña’ estaba presto para correr y definir. Fue uno de los que mejor tocaba la pelota y por eso lo admiraba”.

Araña Amuchástegui y Enzo Francescoli, en su partido de despedida.

La carrera de Amuchástegui, no obstante, tuvo muchos altibajos. Tocó fondo cuando se sintió “traicionado” por los dirigentes de Racing de Córdoba, quienes lo vendieron al Valencia de España sin que él diera la venia. Eran épocas en las que no era tan común ser transferido al exterior, pero “El Araña” la estaba rompiendo en el club de Nueva Italia, con el que venía de ser subcampeón del Nacional de 1980, y había sido convocado para jugar en la Selección​. No quería saber nada y terminó viajando. Pero apenas duró cuatro días.

“No juego más”, fue su respuesta tajante. Allá, en Valencia, el propio Mario Alberto Kempes​ lo quiso convencer de que se quedara. Un dirigente del club español le entregó las llaves de un BMW cero kilómetro y otro del Racing cordobés le tiró sobre su cama varios fajos de dólares. “La plata no la quiero, me voy a ver a mi familia a Córdoba y no juego más”, respondió y se volvió a subir a un avión que lo trajo otra vez a la Argentina.

Araña Amuchástegui con su amada camiseta del Racing cordobés.

El “no juego más” iba en serio. Pero apareció Héctor Rodolfo Veira lo convenció y en unos días se hizo el pase a San Lorenzo de la mano de Fernando Miele, que pagó el pase. Después pasó a River, donde integró uno de los mejores equipos de la historia del club de Núñez, con el que ganó el Metropolitano 85/86, también con el “Bambino” Veira como entrenador.

Si bien jugó el primer partido de aquella Copa Libertadores que también ganaría el Millonario, “El Araña” fue vendido al América de México​, donde había sido pedido por el “Zurdo” Miguel Angel López. Apenas un año aguantó en tierras aztecas, ya que apenas terminó la temporada volvió a subirse a un avión para ponerse otra vez la camiseta del Racing cordobés.

Era un delantero letal cuando encaraba. Amuchástegui le cuenta a Clarín que el día del 4 a 0 en el viejo Chateau Carreras frente a Independiente, por las semifinales del Nacional 80, tuvo a maltraer a su marcador. “Le pegué un baile bárbaro al ‘Japonés’ Pérez. Una vez lo encontré en Tucumán y me saludó con cara de pocos amigos”, rememora.

Ese día metió un gol inolvidable en el que hizo revolcar a media defensa del Rojo. “Recuerdo que la gente me gritaba que pateara porque había hecho una jugada bárbara y la terminé con un golazo. Fue uno de los que más grité porque era prácticamente la clasificación para la final. La revancha en Avellaneda perdimos por 5 a 3. Ahí lo expulsaron a Osvaldo Coloccini. Por eso el Coco Basile​ tuvo que rearmar toda la defensa en la final que al final perdimos con Rosario Central. Pero ese Racing era un equipazo con el ‘Pato’ Gasparini, el ‘Negro’ Ramos, Pascual Noriega, Guillermo Aramayo y el ‘Panza’ López entre otros. Jugábamos de memoria”, recuerda.

Para “El Araña”, Basile fue el mejor director técnico de su carrera. “Una vez se enojó conmigo porque empatábamos sin goles contra Juniors. Me agarró del cuello y me dijo: ‘Qué te pasa, Araña. Jugá este segundo tiempo bien porque hoy tenemos que ganar’. Me desperté y convertí cuatro goles. Era bravo Basile para decirte las cosas. Pero un gran motivador como el Negro (Pedro) Marchetta”, relata y le brillan los ojos de la emoción.

Araña Amuchástegui y sus compañeros de Racing de Córdoba.

También guarda grandes recuerdos de Carlos Bilardo​. Cuando estaba en la Selección, el Narigón lo convocó a su pieza para mostrarle un video. “‘No, eso no, Carlos, porque me aburro mucho. Usted dígame qué hago en la cancha y yo lo cumpliré. Pero videos no quiero ver’, le rogué. Y me dejó ir”, rememora.

Amuchástegui está convencido de que César Luis Menotti lo debió llevar al Mundial de España de 1982, pero finalmente perdió la pulseada con Santiago Cucurucho Santamaría. “Eso me puso bastante triste porque estaba en el mejor momento de mi carrera. Después Julio Grondona​ me recomendó a Bilardo y me incorporé a la Selección. Esa fue un alegría inmensa para a mí”, resalta el viejo puntero derecho.

Y enseguida se acuerda de su gran paso por River y pone un grito en el cielo. “Casi nunca se acuerdan de aquel equipo de Oscar Ruggeri, Américo Gallego, Enrique y compañía. Veo que siempre elogian a otros equipos de River y nosotros tambien fuimos campeones. Hasta se ganó la Intercontinental por única vez. Por eso estoy de acuerdo con el ‘Cabezón'”, resume.

Araña Amuchástegui y el Cabezón Ruggeri.

Amuchástegui sigue siendo el mismo que dejó la secundaria para apostar por el fútbol, el mismo que ama pescar en el Río Suquía, el mismo que trabaja en una dependencia del gobierno provincial ayudando a los chicos. Nunca se arrepintió de haber renunciado al Valencia por un puñado de dolares porque luego triunfó en San Lorenzo y en River, aunque económicamente no le sobra nada. Tiene dos hijos mellizos pero ninguno salió “morfón” como él. “También jugaron y se divirtieron en una cancha”, los elogia. Y, sonrisa indeleble, sigue su camino por las calles de Córdoba.

Córdoba. Corresponsalía.

MFV

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