Nicaragua: a treinta años de una esperanza

25/02/2020 – 10:39 Opinión Por Mariano Caucino. Especialista en Relaciones Internacionales. Ex embajador argentino en Israel y Costa Rica. Las encuestas previas indicaban que los sandinistas retendrían el poder. Evidentemente, la sorpresa tenía una explicación: la población temía confesar que votaría contra el régimen dictatorial. La situación económica, por otro lado, era catastrófica. La caída…

Nicaragua: a treinta años de una esperanza

10:39 Opinión

Por Mariano Caucino. Especialista en Relaciones Internacionales. Ex embajador argentino en Israel y Costa Rica.

Las encuestas previas indicaban que los sandinistas retendrían el poder. Evidentemente, la sorpresa tenía una explicación: la población temía confesar que votaría contra el régimen dictatorial. La situación económica, por otro lado, era catastrófica.

La caída en las exportaciones nicaragüenses a lo largo de los años 80 había sido dramática. De nada habían servido las interminables peregrinaciones del comandante Ortega a Moscú mendigando ayuda.

Si Ortega soñó con lograr una asistencia financiera como la que los soviéticos proveyeron a los cubanos en las dos décadas previas, se equivocó. O tuvo mala suerte: los bajos precios de los commodities energéticos en los ochenta vaciaron las arcas del Kremlin. A su vez, un nuevo liderazgo a cargo de Mikhail Gorbachov a partir de marzo de 1985 impulsaría políticas de apertura (Glasnost), reforma (Perestroika) y de abandono progresivo a los países satélites y aliados. La Doctrina Brezhnev de soberanía limitada de los estados dependientes de Moscú había dado paso a la llamada Doctrina Sinatra, acuñada por el vocero del Ministerio de Exteriores soviético Gennadi Gerasimov. En pocas palabras, los aliados de Moscú tendrían que arreglárselas, o seguir su camino al socialismo “a su manera”.

Para un líder revolucionario admirador de la tradición leninista, perder el poder solo puede ser entendido como un error inadmisible. Un error que no volvería a cometer.


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Pese a todas las especulaciones, Ortega entregó el poder. Podrían haber anulado las elecciones, o simplemente podrían haberse rehusado a reconocer la elección de Chamorro y continuar gobernando por decreto y por la fuerza. En su obra “A Twilight Struggle. American Power and Nicaragua, 1977-1990”, Robert Kagan explica que el costo de esas medidas hubiera significado abandonar las razones que habían determinado al régimen a llamar a elecciones. Esto era, escapar al aislamiento internacional, la catástrofe económica y la interminable lucha con los Contras.

En los años siguientes, se sucedieron los gobiernos de Chamorro (1990-97), Arnoldo Alemán (1997-2002) y Enrique Bolaños (2002-2007). Ortega procuró reiteradamente volver al poder. Tras varios intentos frustrados, lo lograría en 2006. Diversos factores contribuyeron a su regreso a la Presidencia. Por un lado, su discurso socialista de los años 80 fue disimulado a través de una apelación a los valores cristianos muy arraigados en el país -y en toda la región centroamericana- prometiendo imponer duras penas a quienes realizaran abortos. Pero sin dudas, las claves que permitieron su triunfo se debieron al apoyo que el régimen venezolano de Hugo Chávez le dispensó y al pacto firmado por el FSLN y el Partido Liberal Constitucional del ex presidente Alemán. Los petrodólares chavistas y una conveniente reforma del sistema electoral se convirtieron en la llave que abrió las puertas al regreso de Ortega al poder en Nicaragua. El requisito constitucional de obtener el 45 por ciento de los votos para acceder a la Presidencia fue rebajado al 35 por ciento. Las gentes hablaron de un “pacto siniestro” con Alemán, quien a cambio no sería molestado por las numerosas causas de corrupción que lo aquejaban. Ortega se impuso en las elecciones de 2006 con solo el 37,99 por ciento de los votos.


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Aquel exiguo número le permitió regresar al poder el 10 de enero de 2007. Nunca más lo abandonó. Una a una, las instituciones republicanas del país fueron desmontadas convirtiendo la democracia nicaragüense en una mera ilusión. En las últimas elecciones, incluso, se dio el lujo de imponer a su esposa, la influyente Rosario Murillo como vicepresidente. En los últimos meses, protestas contra el régimen provocaron cientos de muertes y encarcelamientos de opositores políticos. Grupos de Derechos Humanos estimaron que el número de muertos superaba los 650 casos a fines de 2019. Las lecciones del socialismo del siglo XXI parecen haber sido incorporadas plenamente en la sufrida Nicaragua. Ortega parece haber aprendido la lección que Fidel Castro, tempranamente, le había advertido hace treinta años. Aquella que enseña que una vez en el poder, el comunismo no puede abandonarlo.