Ahora que sí las ven: cómo se vivió el primer Boca-River femenino de la era profesional

“Ahora que sí nos ven”. El cartel azul con letras amarillas estaba acompañado por otro: “Ahora que estamos juntas”. Y en esas dos frases que decoraban la platea baja se sintetiza no solamente la tarde histórica que se vivió en la Bombonera, sino toda la lucha del fútbol femenino que viene ganando batallas y festejando…

Ahora que sí las ven: cómo se vivió el primer Boca-River femenino de la era profesional

“Ahora que sí nos ven”. El cartel azul con letras amarillas estaba acompañado por otro: “Ahora que estamos juntas”. Y en esas dos frases que decoraban la platea baja se sintetiza no solamente la tarde histórica que se vivió en la Bombonera, sino toda la lucha del fútbol femenino que viene ganando batallas y festejando victorias que tienen la única premisa de seguir mirando hacia adelante y ya no volver a perder terreno. El primer Superclásico profesional de las chicas se palpitó, se vivió y se jugó como si fuera un domingo a la tarde. Unos 4 mil socios de Boca colmaron el sector habilitado por la dirigencia a pesar del incómodo horario de las 15.30 en una jornada laborable. Y gritaron cada uno de los cinco goles con los que el local apabulló a su eterno rival en esta primera fecha del campeonato, el primero con jugadoras contratadas oficialmente por los clubes.

Se hicieron ver. Todas y cada una de ellas. Las de River, a pesar de la frustración, también fueron parte de un día que quedará para siempre grabado en los libros del fútbol jugado por mujeres. No es que los anteriores Superclásicos ya no valen nada. Pero este tuvo un sabor muy especial. Esencialmente porque es el símbolo de la caída de un muro al que todavía le quedan algunos ladrillos por ser derrumbados.

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Se hizo ver Florencia Quiñones, que desde que jugó su primer partido informal a los 8 años esperó este momento, el de marcar el primer gol de un Boca-River en la era profesional. De cabeza se tiró la ex figura del Barcelona, hija del Colorado Quiñones, para abrir la tarde que sería toda azul y oro. “Nos abrieron La Bombonera para nosotros y vino mucha gente a pesar de ser martes a una hora difícil. Siempre estamos agradecidas a la gente que nos sigue. Empezar así es un sueño”, dijo Florencia.

Florencia Quiñones pasará a la historia como la primera goleadora del Superclásico en la era profesional.

Ahora que sí la ven, Fanny Rodríguez entró por la lesionada Yamila Rodríguez y la dejó así de chiquita. Marcó tres goles y le hicieron un penal. El detalle es que la temporada pasada era titular el River. “Esto ahora es profesional y me debo a la camiseta que defiendo”, sostuvo la dueña de la pelota, y a la que los más de 190 medios acreditados eligieron como la figura del Superclásico.

También se hizo ver Elba, la mamá de Fabiana Vallejos, la 10 xeneize que anotó el tercero de penal, que le vaticinó a su hija antes del encuentro que Boca iba a ganar 5 a 0. “Que venga la gente a vernos acá es algo histórico. Espero que los otros clubes también le abran la puerta de sus estadios a sus equipos”, pidió Fabiana.

Se hizo ver la 8, Clarisa Huber, que con sus pases entre líneas y sus pasos danzantes sobre el césped despertó los aplausos de Wanchope Ábila y de Julio Buffarini, que fueron a ver a las pibas. “Esto es un mimo, un reconocimiento para nosotras por tantos años peleándola”, expresó Clarisa.

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Las chicas de River se hicieron ver, claro. Porque a pesar del dolor de verse claramente superadas física y tácticamente por las de enfrente y al sentirse intimidadas en un territorio totalmente visitante como el que puede sentir el equipo masculino, nunca se desviaron del foco del juego y siguieron con la frente en alto intentando concentrarse en la pelota y no en las piernas de las rivales, que suelen ser presas habituales de la impotencia cuando el “Ole, ole” de la tribuna se clava como daga en el honor.

Se hizo ver Boca con una exhibición de fútbol apoyada en la columna vertebral formada por Quiñones, Lorena Benítez, Huber y Fanny, que levantó elogios entre los dirigentes que, con el presidente Daniel Angelici a la cabeza, ocuparon el palco.

Ahora que sí las ven, los socios de Boca se acercaron en masa y armaron una fiesta un martes a la tarde. “Está muy bien todo esto, pero todavía falta porque el sueldo de ellas es muy inferior al de los hombres. Todos los clubes deben darle mayor proyección al fútbol femenino”, reflexionó Mercedes, una socia de Boca seguidora de las Gladiadoras que se acercó con su hija Rocío. Jorge y sus tres hijos se vinieron exclusivamente desde Mercedes para ver el Superclásico: “Salimos a las dos de la tarde y llegamos muy justo. Estaría bueno que puedan jugar en un día y horario para que la gente se acerque más”, pidió este papá fanático. Fernando, socio activo de 38 años, tampoco se lo quiso perder: “Quería estar este día especial. Soy de apoyar el fútbol femenino. Si se jugara en otro horario la cancha se llenaría”, le dijo a Clarín.

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Ellas, las de Boca, las de River, todas sintieron que ahora sí, que ahora las ven como jugadoras profesionales, que al fin pueden cumplir el sueño de que les paguen por jugar al fútbol, aunque todavía falten muchas batallas por ganar. Ellas, ahora que están juntas, ya quedaron en la historia. Y van por más.