La rabona, aquel invento argentino

La Plata late de fútbol. La presencia de Diego Maradona en la ciudad modificó el escenario. Es omnipresente. Algunos hinchas del Lobo, el domingo del debut del Diez ante Racing, lo decían sin vueltas: “Es nuestro segundo nacimiento”. Para un club que se asomó a la historia en 1887 no es poca cosa semejante enunciado.…

La rabona, aquel invento argentino

La Plata late de fútbol. La presencia de Diego Maradona en la ciudad modificó el escenario. Es omnipresente. Algunos hinchas del Lobo, el domingo del debut del Diez ante Racing, lo decían sin vueltas: “Es nuestro segundo nacimiento”. Para un club que se asomó a la historia en 1887 no es poca cosa semejante enunciado. A 300 metros de 60 y 118, otra historia acontece: Estudiantes -archirrival del Lobo que ahora se muestra al mundo- se prepara para su fiesta, la del regreso del estadio de 1 y 57.

Y ahí, una suerte de magia sucede. No todos están vestidos de Gimnasia. Un tipo que parece que vivió muchas vidas no quiere hablar de Maradona. “Acá fundamos la rabona”, dice. No tiene la camiseta de Estudiantes, pero se confiesa Pincha de todos los modos. Habla de un hombre sin olvido: Ricardo Infante. 

Newsletters Clarín

Lo que tenés que saber hoy | Las noticias más importantes del día para leer en diez minutos

De lunes a viernes por la mañana.

Recibir newsletter

Y tiene razón. Allí nació ese hermoso invento que el mundo del fútbol aplaude.

Sirve el detalle más reciente al respecto para interpretarlo. Esta semana, en la Superliga China, el israelí Eran Zahavi le dio el triunfo al Guangzhou R&F frente al Tianjin Quanjian en el último minuto. Fue un homenaje -de alguno o de todos los modos- a ese Infante que en las calles de La Plata recordaban. Maravillosa rabona. Ya está entre los candidatos al Premio Puskas de la FIFA. Pase y vea...

Pasó en 2005. Ahí estaba Ricardo Infante. Sentado, manso, dispuesto al diálogo, entretenido abrazando anécdotas en la penúltima mesa del bar La Ley, en la zona de tribunales de La Plata. Ese era el escenario en el que el memorable Beto le había puesto palabras a la presentación del libro “Estudiantes, historias de 100 años“, del periodista y narrador Gustavo Flores. Hacía frío aquella tarde que se hizo noche al compás de recuerdos traídos desde lo más profundo de la gloria.

“Cuente cómo inventó la rabona, Beto”, le pidió un periodista que sabía de lo que preguntaba. Antes de empezar con los detalles, Infante se definió en un puñado de palabras: “No fue para tanto…”. Sencillez pura, modestia natural.

El libro en cuestión también lo contaba al crack platense. Escribió Flores en su relato “El día que se inventó la rabona“: No eran goles, eran sutilezas. No eran tiros al arco, eran pincelazos. No eran remates, eran caricias. Ricardo Beto Infante hizo de cada gol una obra de arte. Y su máxima expresión fue aquella definición a Rosario Central, allá por 1948″.

A consecuencia de ese gol sin olvido en el arco de la Calle 57, la revista El Gráfico hizo una producción en la que aparecía una caricatura de Infante vestido de alumno. El título fue un principio: “El infante que se hizo la rabona”. Desde entonces a esa jugada se la llama así: la rabona. Es la misma que más tarde utilizaron con acierto figuras como Diego Maradona, Claudio Borghi, Marco Van Basten, George Weah, Rivaldo, entre otros.

La jugada fue así: un remate de Julio Gagliardo -conocido como El Loco– había rebotado muy fuerte en uno de los palos. Entonces, la pelota le quedó a Infante, que se encontraba afuera del área (algunos señalan que a 35 metros del arco). Un pique lo incomodó. Había que resolver rápido y como se pudiera, pensó. Entonces, concibió una jugada de asombro: cruzó su pierna derecha por detrás de la izquierda y le pegó de lleno. Cada instante brevísimo de ese recorrido es una memoria que vive por los rincones de La Plata. Ese día, 19 de septiembre de 1948, Estudiantes venció 3-0 a Rosario Central. Sin embargo, aquel resultado quedó eclipsado: la historia le ofreció el merecido protagonismo a ese gol lleno de magia.

Cuando se cumplieron los 50 años de aquel nacimiento, el periodista Walter Raiño entrevistó a Infante. Recordaba entonces ese delantero que convirtió 217 goles en 439 encuentros de Primera, entre 1942 y 1961: “Jamás pensé que iba a ponerla ahí, en el ángulo superior izquierdo. Aquel gol -de hachita- no tuvo la repercusión que merecía. No existía la televisión y los medios gráficos no cubrían todos los partidos”. Detalle curioso de aquel día: sólo un reportero gráfico estuvo a la altura de lo impensado. Apenas una foto se obtuvo de aquel episodio. La hizo un fotógrafo del desaparecido diario platense El Argentino. En la imagen se observa la pelota suspendida en el aire, con el gol inminente.

Pero Infante no fue sólo esa jugada. Es parte del top ten de los goleadores del fútbol argentino. Fue figura en Estudiantes, en las décadas del 40 y del 50. Sólo se fue del club por cuestiones políticas: cuando en 1952 la institución fue intervenida por el Gobierno peronista, Infante partió a Huracán. Jugó tres temporadas, siguió haciendo goles, escuchó más aplausos.

Pero volvió a su amor inaugural, El Pincha. Sin embargo, se retiró en Gimnasia en 1961. Sus goles y su técnica lo llevaron a la Selección. Y participó de un dolor: el duro golpe del Mundial de Suecia 1958, con eliminación en la primera ronda incluida. Con la camiseta celeste y blanca, jugó cuatro encuentros e hizo dos goles. Entre los grandes eventos, se perdió la Copa América de 1957.

“Se nos fue el Gran Beto”, tituló el diario platense El Día, cuando Infante murió en diciembre de 2008. Retrataba sensaciones la nota: “La noticia pegó muy duro. Durísimo. Ayer, a los 84 años, se nos fue para siempre Ricardo Infante, el ‘Gran Beto’, aquel notable futbolista, aquel goleador de raza”. Habían pasado pocos días del cumpleaños número 60 del día de su más conocida creación. Cuando se fue, habitaba una certeza entre los tantos que lo fueron a despedir al cementerio Parque Centenario: Infante seguirá viviendo en cada rabona que suceda en el mundo. Como en esa tan reciente de Zahavi. La misma que parece capaz de ganar el Premio  Puskas.