El coro de voces como alternativa al ego artístico de las redes sociales

El Coro del Fin del Mundo, durante la presentación que hizo el último año en el CCK La interacción dentro de las formaciones es importante, aunque se sigue trabajando sobre un ideario de profesionalismo Si tenemos Facebook o los grupos de WhatsApp para interactuar con otras personas y la plataforma de YouTube para mostrar toda…

El coro de voces como alternativa al ego artístico de las redes sociales

El Coro del Fin del Mundo, durante la presentación que hizo el último año en el CCK

La interacción dentro de las formaciones es importante, aunque se sigue trabajando sobre un ideario de profesionalismo

Si tenemos Facebook o los grupos de WhatsApp para interactuar con otras personas y la plataforma de YouTube para mostrar toda nuestra individualidad, incluso como cantantes amateurs dispuestos a ser descubiertos por el mercado discográfico y triunfar, ¿por qué siguen existiendo los coros como expresión artística?

Por supuesto que la respuesta puede ser tan milenaria como su misma existencia. Ahí están. Siguen siendo un vínculo con el arte de manera colectiva. El Festival de Coros del Fin del Mundo, en Ushuaia, terminó anoche su primera edición. Es uno de muchos encuentros que conectan una actividad artística comunitaria que no pierde su vigencia. Hace casi una década el director Pablo Dzodan creó para el Festival Internacional de Ushuaia el Coro del Fin del Mundo, con coreutas locales. Hoy, esa agrupación es el coro oficial de Tierra del Fuego.

Su proyecto actual es generar lazos con otros coros fueguinos y de otras partes del país. Por eso, este festival, en esta primera instancia, contó con recitales de siete coros y un trabajo formativo importante, con talleres e, incluso, foros donde participarán especialistas.

“El fin es el desarrollo musical en Tierra del Fuego. El Coro del Fin del Mundo es el anfitrión. Abrimos las puertas a un evento grande, para generar intercambios. Que los coros puedan enriquecerse. Y llevamos figuras que puedan dar talleres y charlas que enriquezcan la actividad local. Le damos importancia a lo pedagógico. El eje fundamental es el desarrollo”, dice Dzodan, que desde hace más de una década viaja continuamente de Buenos Aires a Ushuaia para desarrollar esta actividad.

“En el coro confluyen muchos aspectos -continúa Dzodan-. Si bien no es para ir a hacer sociales, se generan amistades. El aspecto social es algo que en un lugar como Ushuaia funciona. Pero esto no quiere decir que el trabajo no se tome seriamente”.

De hecho, el Coro del Fin del Mundo cambió su perfil. Con los años, pasó de ser una formación sinfónica de unos 65 integrantes a otra más enfocada en el repertorio camarístico y en elevar la calidad de su trabajo.

“La idea es que se transforme en profesional. Y queremos contar con una escuela de música que sea la cantera de nuevos cantantes”. Una cosa complementa la otra: “Si solo tuviéramos una escuela, sin un organismo musical, los que estudien allí no tendrían dónde cantar”. Algo similar sucede con el festival. La idea de los organizadores es buscar continuidad, repetirlo cada año. La convocatoria para este encuentro fue hecha en octubre último. Aunque parezca mucho tiempo, para gestionar el traslado y la estadía de un coro hasta el pie de la Patagonia no es tarea sencilla, sobre todo por lo económico. El lanzamiento de la edición 2020 será próximamente, para que los coros de todo el país puedan inscribirse e intentar viajar.

La convocatoria es amplia: coros femeninos, masculinos, mixtos, de música popular o académica. Eso amplía la oferta que en cuatro días llega al público. Dzodan ofrece un ejemplo: “Ahora está de moda el repertorio contemporáneo de países bálticos. Lo importante es, por un lado, identificarse con algo; dependerá de la influencia y la persuasión del director, pero también de que el grupo disfrute del hecho musical. Por otro, tomarle el sabor a determinados repertorios para abordarlos con solidez, eso hace que un coro se especialice”.

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