El encanto de ser otras sin dejar de ser la misteriosa Julia Roberts

Todavía gravita en el imaginario de toda una generación la inmensa sonrisa que hizo famosa a Julia Roberts . En los 90 parecía más que su marca registrada, recordaba una forma inusual de ser estrella en un Hollywood que ya anticipaba su lenta transformación. ¿Cómo seguir después de aquella aparición en Mujer bonita? ¿Cómo estar…

El encanto de ser otras sin dejar de ser la misteriosa Julia Roberts

Todavía gravita en el imaginario de toda una generación la inmensa sonrisa que hizo famosa a

Julia Roberts

. En los 90 parecía más que su marca registrada, recordaba una forma inusual de ser estrella en un Hollywood que ya anticipaba su lenta transformación.
¿Cómo seguir después de aquella aparición en Mujer bonita? ¿Cómo estar siempre a la altura de ese encanto prometido que destilaba la Cenicienta de las calles sucias de Los Ángeles, con sus botas largas y su esperado cuento de hadas? Julia Roberts demostró entonces que podía hacerlo todo, filmar comedias inolvidables y ser la chica de portada durante un tiempo, hacer películas mediocres y salir airosa, perseguir el Oscar y el reconocimiento, llegar a su madurez con la tranquilidad necesaria para entender su propio personaje, para preservar su vida de todas las vorágines, para conservar su magia en estos tiempos de celebridad efímera.

En los últimos años sus actuaciones han sido esporádicas, como un plan de contingencia para mantenerse activa sin renunciar a la vida íntima y familiar que ha decidido preservar. Antes que imaginar papeles consagratorios o interpretaciones audaces, sus apariciones contagian una secreta emoción por jugar a ser otra y nunca dejar de ser ella misma. Como si nos hiciera un guiño desde la pantalla, ese que nos recuerda que sigue ahí, vital como siempre, aunque ahora no esté en el centro de la escena. Madres en conflicto, mujeres con poder, villanas de leyenda, todos los personajes a los que les dio vida en este tiempo de reinvenciones nacen de un extraño encuentro entre la verdad y la ficción, entre la certeza de ser una cara conocida y el deseo secreto de ser anónima, entre el aprendizaje que llega con tiempo y el placer que siempre reservan los aplausos. Ser Julia detrás de ellos, ser otra cada vez.

Trailer de Regresa a mi – Fuente: YouTube

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Julia en el cine

En
Regresa a mí, la nueva película de Peter Hedges (
Dani, un tipo de suerte,
La extraña vida de Timothy Green), Julia Roberts es Holly, una madre que se reencuentra con su hijo mayor en una Nochebuena fuera de lo común. Es que su amado y extraviado Ben (Lucas Hedges) regresa a casa luego de un tiempo internado por su adicción a las drogas. Su llegada es inesperada y sumerge a la familia y al pequeño pueblo en un extraño estado de alerta y hostilidad, que se propaga por ese invierno como los rumores maliciosos. Holly apenas había logrado restaurar el precario equilibrio que rige su vida con su marido y sus otros hijos pese a esa dolorosa ausencia.

La película se construye alrededor de esa compleja relación entre madre e hijo, más allá de las drogas, de la reacción de la comunidad, del intento de restauración de lo perdido. Ese vínculo, tan frágil y al mismo tiempo indestructible, está asediado por el temor y la desconfianza de Holly, por la culpa y autodestrucción de Ben. Sin embargo, en el tiempo que comparten, hay algo tan profundo que los une que mantiene a la película encendida, y le permite sugerir esa verdad más allá de todo lo que se propone decir.


En Regresa a mí Roberts es Holly, una madre que intentará rehacer el vínculo con su hijo

Y Julia Roberts consigue darle a Holly todas sus emociones, el anhelo de ser estricta frente a la manipulación de su hijo, el deber de ser justa con su familia, el desgarro de su entrega pese a todos los contratiempos.

Como en
Wonder (2017) -película de la que fue la principal impulsora porque quería interpretar a la madre de Auggie, un chico con malformaciones en el rostro que debía enfrentarse a sus propios miedos y a la intolerancia del entorno- la maternidad se forja en un estado de crisis, alejada de cualquier receta o previsión. Aquí Roberts logra humanizar los vaivenes emotivos de su personaje con algo más que su carisma incandescente. Su Holly puede transmitir la muda desesperación en las esquivas miradas dentro del auto en el que deambula durante una larga noche, o puede aferrarse a los recuerdos de ese niño que crió, a la culpa por sus decisiones del pasado, a la incondicional lealtad del presente. Esa eterna sonrisa que ahora le regala a su hijo, como la bienvenida esperada en ese tiempo tan oscuro, encuentra en las tenues sombras de su tristeza la certeza de una mutua comprensión.


En Wonder encarna a otra madre fuerte, la de Auggie, un niño con malformaciones en su rostro

Su incursión en el streaming

Este nuevo camino que Julia Roberts ha emprendido en los últimos años parece nutrirse de esa incipiente ambigüedad que ahora puede verse sobre su imagen, antes transparente. No son solo las interpretaciones sino la forma de abordarlas, como con cierta inconsciencia de lo que su propia vida puede aportarles a sus personajes. Nada es transparente, parece decirnos, y ese brillo que su sonrisa consagraba ahora tiene nuevas aristas. La prueba de ello es su inesperada interpretación en
Homecoming, la extraordinaria serie de Amazon que fue celebrada el año pasado como la llave de su renacimiento. Es, sin lugar a dudas, lo mejor que ha filmado en los últimos años, pero además de eso explora una zona de su carácter que todavía resulta intrigante. Su personaje es una especie de burócrata de mediana edad, atrapada en un espiral de deseo y maquinaciones del que nunca puede desenredarse. Y esa pátina grisácea que parece velar cualquier aspiración a lo extraordinario es lo que dota a su potencial ambigüedad de un destello de escondida malicia.

Homecoming, creada por Sam Esmail (
Mr. Robot), funciona como un extraño rompecabezas, con sus encuadres incómodos, sus tonos opacos y sus intrincados recorridos visuales, escenario en el que los personajes parecen títeres de una trampa que siempre se ejecuta pese a su resistencia. Roberts interpreta a Heidi Bergman, una funcionaria a cargo de un programa de reinserción de soldados en la vida civil, confinado a una retirada estación militar. Su aspecto atildado se tensa en cada entrevista con el joven Walter, su impasible comportamiento se agita en las conversaciones con su histriónico jefe, su contención se revela como el movimiento de un insecto bajo la lupa del microscopio. Nos sentimos intrusos al mirarla, al descubrir la distancia que separa su vida presente y pasada, los huecos en su evolución, los secretos que resguardan el misterio.


Homecoming, la serie de Amazon que marcó un nuevo inicio en la carrera de Julia Roberts Crédito: amazon

La crítica estadounidense coincidió en los méritos de su interpretación y el año pasado recibió una nominación a los premios Globo de Oro, que perdió a manos de Sandra Oh (
Killing Eve). “Roberts ofrece su actuación más sorprendente, aplastando su carisma natural y absorbiendo los sentimientos de su personaje hasta que resulta absolutamente irreconocible”, escribía Sophie Gilbert en
The Atlantic. Pero el éxito de la serie y los elogios a su trabajo no la decidieron a continuar en la segunda temporada. Como se anunció a comienzos de este año, la serie regresará con Roberts solo como su productora ejecutiva. Si bien se fantasea con alguna aparición esporádica de su Heidi Bergman, esta nueva entrega promete despegar del podcast que le dio origen y explorar nuevos rumbos. Esa decisión de Roberts de correrse del centro de un éxito parece ser parte de su estrategia de no asfixiar esta elusiva imagen que ha decidido mantener con la justa y necesaria presencia.

Hacia el futuro

El próximo proyecto que tiene en carpeta es una miniserie, también para Amazon, basada en
Charlotte Walsh Likes To Win, la historia de una mujer que inicia una dura campaña para ser parte del parlamento de los Estados Unidos. Escrita por la periodista Jo Piazza y adaptada por el dramaturgo Jon Robin Baitz, promete combinar el retrato de una intensa voluntad política con una aguda mirada sobre los tiempos actuales. En sintonía con el compromiso que definió a algunos de sus personajes del pasado, como el de la célebre
Erin Brockovich que le valió el Oscar, Roberts decide su permanencia en el territorio del streaming, atenta a los deseos de una nueva etapa en su carrera que ha decidido encarar con el impulso de su reinventada versatilidad.


Con Erin Brockovich se alzó con el Oscar Crédito: amazon