El fútbol discute a Bielsa: golpes bajos, juego limpio

El caso Bielsa divide las opiniones Crédito: @Bielsa 30 de abril de 2019  • 23:59 Rugby, la escuela de élite inglesa del condado de Warwick, es la cuna del concepto del fair play. Formó a los baluartes del rugby amateur que ya a fines de 1800 confrontaban contra jugadores de clases menos acomodadas que exigían…

El fútbol discute a Bielsa: golpes bajos, juego limpio

El caso Bielsa divide las opiniones Crédito: @Bielsa
30 de abril de 2019  • 23:59

Rugby, la escuela de élite inglesa del condado de Warwick, es la cuna del concepto del fair play. Formó a los baluartes del rugby amateur que ya a fines de 1800 confrontaban contra jugadores de clases menos acomodadas que exigían dinero, se entrenaban duramente y, más de una vez, perdían el autocontrol. Pero también había violencia en los partidos de fútbol que se jugaban en Rugby. Hasta fue necesario el Ejército. En 1823, un tal William Webb Ellis corrió con la pelota en la mano (era un jugador “proclive generalmente a buscar ventajas antideportivas”, lo describió un libro de 1936). Su gesto, dice el relato fundacional, marcó el nacimiento del rugby. El fútbol tiene a su vez al Corinthian FC. El equipo de la Inglaterra victoriana que rechazaba los penales, sacaba a un jugador si el rival sufría una lesión y decía que sus jugadores-“gentleman” (obviamente amateurs) no debían siquiera compartir vagones de tren con jugadores-“players” (obviamente profesionales). Un siglo después llegaron los millones de la Premier League. Y un día arribó

Marcelo Bielsa.

Primero fue el “Spygate”. En el país del 007 James Bond los opinionistas que viven de indignarse por algo una vez al día, como ironizó alguien, acusaron a Bielsa de haber violado la “buena fe” que impone el reglamento. Hay que leer el gran libro de Tony Collins sobre la historia social del rugby inglés. La indefinición en los reglamentos deportivos fundacionales sobre el significado de palabras claves como “amateurismo”, “fair play” y “espíritu de las public schools”. Y leer también el libro de Martin Atherton sobre el Mundial 66 ganado de modo polémico por Inglaterra. En Sudamérica -decían tras la Copa informes diplomáticos citados por Atherton- “ya no creen más en nuestro concepto de fair play y sportmanship”. Bielsa, que en rigor tenía informes de los equipos ingleses mucho antes de ser contratado por Leeds, obligó en febrero a precisar el concepto de “buena fe”. Ahora, está obligando a los inventores del fútbol a redefinir el “fair play”. Y lo hace al modo Bielsa claro.

“¿Querés fair play? ¡Ahí lo tenés!”, pareció gritarle enojado a John Terry (alumno aventajado de José Mourinho cuando jugaba en Chelsea) el domingo pasado en Elland Road. En rigor, cada uno interpretó el gesto a su manera. “Bielsa cimentó su leyenda”, lo elogió Jonathan Wilson en The Guardian. “Vendehumo”, lo destrozaron algunos periodistas y aficionados en la Argentina. Presionado por el DT de Aston Villa, Bielsa asumió que el gol inicial de Leeds, con un rival caído y sus compañeros detenidos, había sido legal pero ilegítimo. Y, erigiéndose él mismo en garante de justicia, ordenó a su equipo, que está en crisis, lo que muchos otros pueden interpretar como la peor de las violaciones a la ética deportiva: dejarse hacer un gol. Por eso la reacción del zaguero sueco Pontus Jansson, el único que desacató la orden. Fue, toda, una escena loca. De esas que explican por qué el fútbol, en muchos sentidos, sigue siendo un escenario único.

“¿Querés fair play? ¡Ahí lo tenés!”, pareció gritarle enojado a John Terry (alumno aventajado de José Mourinho cuando jugaba en Chelsea) el domingo pasado en Elland Road.

“Esclavo de su estilo”, como lo definió su hermano Rafael, Bielsa, pasado, presente y futuro, queda ahora bajo vigilancia global. “Cosa rara, los honestos son los que deben dar explicaciones”, graficó Fernando Signorini. Es cierto que ganarle a Aston Villa habría cambiado poco. Y que será mucho mejor afrontar ahora los playoffs por el ascenso evitando que se reflotaran acusaciones de “Sucio Leeds” (el viejo “dirty Leeds” de los años ’60). Todos debatieron sobre ética y moral. Sobre fair play, tan bastardeado que hasta la FIFA de Joseph Blatter llegó a exhibirlo como bandera. Es la misma FIFA que Inglaterra denostó por darle un Mundial a Qatar. Y es el mismo petrodólar al que la Premier League había vendido sus clubes muchos años antes. El domingo, fiel a su estilo, Bielsa evitó discursos. Dijo que los hechos hablaban por sí mismo. El rosarino suele buscar que su legado se traduzca en mejores estructuras para el trabajo de los futbolistas. Pero, quiera o no, suele obligar a debates más profundos. Los ingleses lo grafican con una expresión: “Moving the goalposts” (moviendo los postes).

“Más allá de si estamos de acuerdo o no, y en su búsqueda de un fútbol ético y estético, Bielsa, una persona con las ambigüedades de todos, busca tomar decisiones coherentes a sus valores y esa búsqueda no es común”. Me lo responde el filósofo César Torres cuando le digo que un argentino, hijo de un fútbol que confunde picardía con trampa, obliga al padre fundador a rediscutir de “juego limpio”. El periodista inglés Jon Mackenzie escribe en la web un fabuloso relato sobre el libro que prepara de Bielsa. Sobre la visión del rosarino de cómo el fútbol puede parecerse a la vida. La vida al fútbol. “Devolver el gol -me dice Mackenzie- fue para Bielsa solo una forma de rectificar la situación”. En su web, Mackenzie dice que Bielsa no quiere “perder el tiempo” hablando sobre lo que sucedió el domingo. Hablar de ética o moral. Y que eso lo hace justamente “fascinante”. “Él -escribe Mackenzie- te hablará sobre la belleza del juego, su responsabilidad con los fans y el importante papel que juega el fútbol en las comunidades”.

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