Cuando la crisis obliga a enterrar los dogmas

29 de abril de 2019  • 17:04 Si el problema es político, la respuesta debía ser más política que técnica. Ese parece haber sido el razonamiento del Fondo Monetario Internacional ( FMI ), que finalmente cedió y, en contra de sus dogmas, dio al Gobierno el visto bueno para aplicar una estrategia que hasta ayer…

Cuando la crisis obliga a enterrar los dogmas
29 de abril de 2019  • 17:04

Si el problema es político, la respuesta debía ser más política que técnica. Ese parece haber sido el razonamiento del Fondo Monetario Internacional (

FMI

), que
finalmente cedió y, en contra de sus dogmas, dio al Gobierno el visto bueno para aplicar una estrategia que hasta ayer resistía tenazmente: permitir que el

Banco Central

venda reservas en el mercado para aumentar la oferta de dólares y contener así el precio.

En la Argentina el dólar no solo alimenta la inflación, sino que es clave para transmitir la sensación de que la situación está bajo control. Aquí, cuanto más aumenta el precio del “verde”, más se retrae la oferta y más firme se pone la demanda en una espiral difícil de cortar.

“Todos los países se creen que son especiales, pero son todos iguales”, respondían en el organismo a los funcionarios de Macri ante esta singularidad del caso argentino. Para ellos, la plata que prestan debe ir a pagar deuda, no a rescatar inversores ni para que los grandes fondos compren dólares baratos y se vayan del país, pero la dinámica de la crisis empujó al Fondo al bando del pragmatismo, al que el Gobierno ya se pasó hace tiempo.

También lo llevó a ser consecuente con el diagnóstico de sus técnicos. Fueron ellos quienes este año reconocieron que las elecciones de octubre eran un riesgo para la economía, que podían despertar ansiedad en los mercados si crecían las chances de una opción populista y alentar una dolarización fuerte, algo que en los hechos ha sucedido en casi todas las elecciones anteriores.

Un duro aprendizaje que quizás podría haber evitado cimbronazos adicionales en una situación ya de por sí muy frágil, como la salida, el año pasado, del entonces presidente del Banco Central Luis Caputo, partidario de la venta de reservas para frenar al dólar y cuya rebeldía con la receta del Fondo, que se aprestaba a cerrar su segundo acuerdo con el país y ampliar el monto del crédito, le valió el despido.

¿Cuántos dólares podrá vender de golpe ahora el Banco Central?, ¿Alcanzarán para frenar una corrida importante? ¿Si se venden en el mercado faltarán dólares para pagar la deuda con el Fondo? Son algunas de las dudas que expresan ahora los analistas. La magnitud de la intervención y la capacidad de sorpresa jugarán un papel importante, señalan. También proponen que se pongan todas las herramientas sobre la mesa al mismo tiempo y sin mayores demoras como, por ejemplo, la recompra de deuda para despejar temores sobre su sustentabilidad. En otras palabras, ir delante de los acontecimientos.

La situación no es la misma de hace un año. No hay déficit comercial, el Tesoro tiene sobrante en dólares y los vende, ya no hay sequía en el campo y podrían aumentar la liquidación de divisas, y la política monetaria contractiva hizo que ya no haya tantos pesos en el mercado para irse al dólar. Pero un exfuncionario pide prestar atención al stock de plazos fijos en pesos, que supera el billón de pesos. Más dudas.

Pero más allá de las respuestas técnicas, las subas del dólar y del riesgo país son reflejo de la pérdida de credibilidad. Errar pronósticos no es gratis, modificar tres veces en poco tiempo la política cambiaria tampoco y el fondo del problema es cómo generar de vuelta expectativas positivas y confianza. Sólo así los que tengan que vender dólares venderán, los que tengan que comprar no se apurarán y lo que tengan bonos se los quedarán.

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