Alberto Cortez y Hugo Díaz: la historia de dos grandes en suelo santiagueño

Se conocieron en estas tierras y emprendieron una gira por Europa. Fueron estafados, y allá el cantante conoció a quien luego sería el amor de su vida Alberto Cortez nació en La Pampa, pero el gran cambio en su vida se dio luego de un viaje a Santiago del Estero, donde inició el camino que…

Alberto Cortez y Hugo Díaz: la historia de dos grandes en suelo santiagueño

Se conocieron en estas tierras y emprendieron una gira por Europa. Fueron estafados, y allá el cantante conoció a quien luego sería el amor de su vida

Alberto Cortez nació en La Pampa, pero el gran cambio en su vida se dio luego de un viaje a Santiago del Estero, donde inició el camino que lo llevaría a Europa y a conocer al amor de su vida.

Cuando terminó la secundaria, como tantos jóvenes del interior, viajó a Buenos Aires para estudiar Derecho. La bohemia de la noche porteña lo atrapó mucho más que los códigos y las leyes. Con el nombre artístico de Alberto Cortez empezó a cantar en peñas y piringundines y en un viaje a Santiago del Estero conoció al célebre armonicista Hugo Díaz, quien lo escuchó cantar folclore y le propuso acompañarlo a una aventura.

Como integrantes de la Argentine International Ballet and Show, Alberto y Hugo se embarcaron a Europa con destino final en Amberes, Bélgica. Pero la agrupación se disolvió cuando el empresario que los contrató se fugó.

Cortez y Díaz quedaron perdidos en Bélgica, sin dinero y sin conocer a nadie, pero el destino le sonreiría al pampeano. Ahí, en Amberes, apareció en la vida del cantante Renée Govaert, una hermosa belga que quería perfeccionar su español para estudiar a los poetas clásicos. O eso le hizo creer. Se casaron el 2 de junio de 1964 y al otro día se fueron a vivir a Madrid.

Estuvieron juntos hasta el final de sus días. “Ella está en todas mis canciones, es la musa que me llevó a vivir todo esto”, reconoció el cantor.

Instalados en España, un productor que lo escuchó cantar le ofreció grabar un disco de canciones hispanoamericanas, entre las que se incluía “Sucu-Sucu”. Estas canciones más livianas, sumadas a boleros como “Las palmeras” tuvieron un éxito casi inmediato. Todo por aquel primer paso en Santiago del Estero cantando folclore, un estilo musical que abandonaría al poco tiempo de llegar al viejo continente, desde donde enamoró al mundo con sus emotivas canciones.