Sufrieron violencia de género y hoy trabajan cuidando las plazas

En Escobar, un programa municipal busca dar trabajo a mujeres víctimas de violencia de género. Se trata de un programa de reinserción laboral donde las mujeres se suman a trabajar en las plazas del distrito, como “cuidadoras” de las mismas. Actualmente, el programa cuenta con diez placeras, cada una con su historia. “Son mujeres a…

Sufrieron violencia de género y hoy trabajan cuidando las plazas

En Escobar, un programa municipal busca dar trabajo a mujeres víctimas de violencia de género. Se trata de un programa de reinserción laboral donde las mujeres se suman a trabajar en las plazas del distrito, como “cuidadoras” de las mismas. Actualmente, el programa cuenta con diez placeras, cada una con su historia.

“Son mujeres a las que asistimos desde la Dirección de Políticas de Género. Son mujeres que ya están empoderadas, que pudieron salir de su situación de violencia de género”, explica Lorena Vogel, directora de Género del municipio.

Y si bien la figura del cuidador de plaza ya existía en el municipio hace varios años, en 2017 el intendente  Ariel Sujarchuk firmó un decreto para que las placeras fueran mujeres que sufrieron algún tipo de violencia, con el objeto de favorecer su autonomía económica, uno de los aspectos por el que muchas mujeres no se animan a denunciar situaciones de violencia doméstica, por la dependencia financiera que ellas y sus hijos tienen con el agresor. A fines del año pasado, además, se inauguró un hogar de protección integral para las mujeres, un refugio para aquellas que tienen que dejar sus casas en situaciones de violencia.

Historias. Entre las placeras hay muchas historias. De agresión física, psicológica. Una de ellas, a quien su ex pareja maltrataba a tal punto que una noche la terminó echando de su casa, dejándola sin un lugar donde ir con sus hijos, hoy, empoderada, logró tener su propia casa.

Otra de las cuidadoras, que venía con mucha violencia física y psicológica, y sentía que no contaba con una red de contención porque su agresor la había obligado a alejarse de amigos y familiares, logró denunciarlo y que le dieran la exclusión del hogar. Le costó, pero el trabajo le cambió la vida, a ella y a sus hijos. Volvió a formar pareja, y el año pasado se casó.