Alfaro – Almirón: un contraste de números y estilos, pero con una deuda en común

Cautivan algunos partidos por el peso específico de las camisetas que se enfrentan. Sin embargo, a veces atrapan todavía más por los entrenadores que se cruzan. Ahora se viene un Boca – San Lorenzo lleno de historias y de singularidades que exceden a cualquier nombre propio. Eso sí, también el clásico del sábado a las…

Alfaro – Almirón: un contraste de números y estilos, pero con una deuda en común

Cautivan algunos partidos por el peso específico de las camisetas que se enfrentan. Sin embargo, a veces atrapan todavía más por los entrenadores que se cruzan. Ahora se viene un Boca – San Lorenzo lleno de historias y de singularidades que exceden a cualquier nombre propio. Eso sí, también el clásico del sábado a las 21.30 en la Bombonera regala un plus para el análisis porque de un lado estará Gustavo Alfaro y del otro Jorge Almirón, divididos por los números que hoy sus equipos cosechan y por esos diferentes estilos que pregonan. El contraste resulta más potente que nunca. Sólo se encuentran unidos por una deuda…

Hace cuentas Alfaro con su Boca y sonríe: ganó 5 partidos de los 9 disputados, con 3 empates y una derrota. Obtuvo 18 puntos de los 27 disputados, con una eficacia del 66.66 %. Afirmó a Boca en la zona de clasificación para la Libertadores 2020.

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Repasa Almirón sus estadísticas en San Lorenzo y tiembla: todavía no sabe lo que es la victoria en azulgrana. A él le pertenecen 11 de los 14 partidos que el equipo lleva sin ganar, con 8 empates y 3 derrotas. Apenas atrapó el 24,24 % de los puntos en juego. San Lorenzo está último en la Superliga, bien lejos de las copas del año que viene. 

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El orden y el equilibrio hacen latir a la propuesta de Alfaro también en este Boca, pero no define intérpretes en el mediocampo, zona crucial que marca una identidad y una pretensión. Ahí siempre aparece Marcone, pero el repaso de la secuencia de sus acompañantes demuestra que el equipo todavía no está.

En la primera vez de Alfaro, ante Newell’s, los laderos de Marcone fueron Barrios-Reynoso. Después, con San Martín de San Juan y Godoy Cruz, el DT apeló a Campuzano-Reynoso. Luego, con Belgrano y Lanús, escogió a Campuzano-Almendra. Ya en los últimos cuatro partidos cambió siempre: Nandez-Reynoso con Atlético Tucumán, Campuzano-Almendra con Defensa y Justicia, Nandez-Campuzano con Unión y Nandez-Almendra con Jorge Wilstermann. 

Desde su mismo arranque en San Lorenzo, intentó Almirón asumir riesgos sin éxito en los resultados, pero con sus exquisitos gustos futboleros, con la salida por abajo, con el arquero Monetti jugando afuera del área, buscando a veces con un 4-3-3 y en otras ocasiones con un 4-2-3-1. 

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Todo más allá de algunas marginaciones potentes por bajo nivel (Belluschi) y de un par de cambios llamativos en los segundos tiempos, como la salida de Blandi (goleador; también suplente de arranque en alguna ocasión) para que ingrese Castellani (volante) contra Argentinos, en plena derrota en el Gasómetro que significaba el último puesto en el torneo local, y como la exclusión de Fértoli (delantero) para que entre Herrera (defensor) ante Melgar, en la altura de Arequipa.

Separados por los números que han dibujado hasta ahora con Boca y con San Lorenzo, distanciados por las filosofías que enarbolan, Alfaro y Almirón sólo se encuentran unidos porque sus equipos andan muy lejos de convencer con el juego. Deben empezar a obsequiar respuestas los dos en ese sentido, aunque a uno (Alfaro) le hayan dado mucho más (dinero invertido y calidad de refuerzos) que al otro (Almirón).

El clásico de la Superliga molesta a Alfaro y a Almirón porque se filtra en medio de la Libertadores que los obsesiona, pero también puede significar el despegue con la pelota de Boca y de San Lorenzo. ¿Por qué no?

  EG