El streaming musical y los dispositivos móviles impulsan el negocio a niveles récord

El negocio de la música en los Estados Unidos volvió a crecer por cuarto año consecutivo de manera fuerte. El total de las ganancias se acercó a los u$ 9800 millones, el nivel más alto desde 2007, cuando el récord superó los u$ 10.000 millones. De todos modos, es un crecimiento de dos dígitos interanual,…

El streaming musical y los dispositivos móviles impulsan el negocio a niveles récord

El negocio de la música en los Estados Unidos volvió a crecer por cuarto año consecutivo de manera fuerte. El total de las ganancias se acercó a los u$ 9800 millones, el nivel más alto desde 2007, cuando el récord superó los u$ 10.000 millones. De todos modos, es un crecimiento de dos dígitos interanual, un 12% (extraordinario en un país con un mercado enorme), tras las recaudaciones de u$ 8800 millones en 2017. Este crecimiento revela que, finalmente, los hábitos de consumo de música han “terminado” de cambiar, y la suscripción paga al streaming se ha convertido no solo en un estándar sino en el motor absoluto de crecimiento del sector.

En efecto, la cantidad de suscriptores pagos a algún servicio de música se incrementó un 42%, de 35,3 millones de abonados en 2017 a 50,4 millones en 2018, y se espera que este crecimiento prosiga dentro de estas cifras. ¿Cuáles son las razones por las cuales este sector es el que motoriza a la industria musical de los Estados Unidos -y del mundo, dado que el mismo comportamiento se ve en casi todos los mercados-? En primer lugar, que generaciones acostumbradas al formato físico comprenden, cada vez más, cómo funciona el digital. Pero en realidad esto tiene que ver con el crecimiento en el uso de los dispositivos móviles: la mayor parte de los contenidos que se sirven hoy pasan justamente por celulares inteligentes y sus parientes. En el caso de la música, que no requiere tener la vista ocupada -muchos la utilizan de “fondo” mientras trabaja-, es aún más grande que en el caso del audiovisual. Los servicios de streaming garantizan una cantidad enorme y a voluntad de música por un fee razonable. En gran medida, el éxito que tuvo el año pasado el rapero Drake -el más servido en Spotify, con más de 282.000 TEA para Scorpion, su último álbum (“TEA” es la medida de equivalencia entre tracks y álbumes: cada TEA implica 10 tracks servidos) tiene que ver con el auge de los móviles, que además se relaciona con el uso de las redes sociales. La sinergia entre ambas cosas es mucho más fuerte para la música que para el audiovisual.

De todos modos, no todas son rosas. Aunque la industria sigue creciendo y seguramente de acerque cada vez más -e incluso supere ya como estándar- al récord de 2007, el problema básico consiste en la piratería. Es cierto que el pago de un fee fijo disminuye la descarga ilegal, y que cuanto más abonados haya, menos volumen tendrá. Pero lo que no puede controlarse es el streaming no autorizado, el “compartir” una cuenta por más de un usuario, etcétera, lo que genera distorsiones importantes en el negocio.

Drake, el artista más descargado desde plataformas como Spotify durante 2018