Pensar nuevas inversiones en la cuarentena: el cultivo que se exporta a u$s 2.000 el kilo

26/03/2020 – 17:12 El Cronista Si bien el campo continúa con gran parte de sus actividades, la crisis del coronavirus puso en stand by la toma de muchas decisiones. Entre ellas, la búsqueda de nuevas inversiones, que deberá esperar hasta que amaine la tormenta. Sin embargo, siempre es bueno contar con información sobre qué otras…

Pensar nuevas inversiones en la cuarentena: el cultivo que se exporta a u$s 2.000 el kilo

17:12 El Cronista

Si bien el campo continúa con gran parte de sus actividades, la crisis del coronavirus puso en
stand by la toma de muchas decisiones. Entre ellas, la búsqueda de nuevas inversiones, que
deberá esperar hasta que amaine la tormenta. Sin embargo, siempre es bueno contar con
información sobre qué otras opciones ofrece el agro para hacer negocios. El cultivo de trufas negras
es, en este sentido, una alternativa que bien merece una consideración especial.

De descubrimiento reciente y muy demandado en el mercado europeo, su producción se coló en los
últimos años como un nicho en el campo argentino. Considerado el oro negro de la gastronomía,
este producto puede cotizar hasta u$s 2.000 el kilo. En el país hay varios emprendimientos en
marcha, principalmente en el sur de la provincia de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y algunas
regiones de la Patagonia.

El nombre científico de este cultivo es tuber melanosporum. Se trata de un hongo comestible
que compite con artículos de lujo como el caviar y el azafrán, utilizándose en pequeñas dósis
como condimentos de platos simples. Con origen en Francia, recién llegó a estas latitudes a
principios del siglo actual.

El responsable de impulsar su cultivo en el país es Agustín Lagos, un ingeniero agrónomo que tras
dejar atrás su vida en el conurbano bonaerense decidió dedicarse por completo a la trufa negra.
“Empecé a contactarme con gente de afuera y de a poco fuimos logrando resultados”, contó en
diálogo con Agrofy News, al tiempo que ubica con exactitud la fecha en que apareció el primer
ejemplar: 29 de agosto de 2014.

El uso del verbo “aparecer” no resulta casual. La cosecha de este producto es muy particular, ya que
se realiza con perros entrenados para detectar el olor que emanan las trufas maduras desde
aproximadamente medio metro bajo el suelo.

Es que a diferencia de otros cultivos, estos hongos se desarrollan sobre las raíces de robles europeos
y encinas españolas, los cuales se inoculan en la etapa de vivero y después se plantan en el campo
con las raíces llenas de esporas de tuber melanosporum. Las trufas luego crecen en simbiosis con las
raíces de los árboles durante muchos años.

“Mi objetivo es posicionar al país como referente a nivel mundial”
, indicó Lagos, quien
actualmente lleva adelante El Trufero, una consultora especializada en esa producción desde
donde afirma que el sudoeste de la provincia de Buenos Aires es el terreno más apto para su
desarrollo. La amplitud térmica, las estaciones bien marcadas, el régimen de lluvias y las
características del suelo son los principales argumentos que explican que esa definición.

Bajo rendimiento, alta rentabilidad

Como se mencionó, por ahora la producción de trufas negras no deja de estar en una etapa
experimental en el país. Además de en territorio bonaerense, hay algunos emprendimientos en Río
Negro, Neuquén, Córdoba y Mendoza, con variados resultados.

El rendimiento del cultivo puede ser de cuatro a seis kilos por hectárea después del quinto año
de producción, pero llegando hasta los 60 kilos por hectárea en el décimo año. La explotación,
incluso, puede permanecer en el mismo sitio por más de 40 años.

Así las cosas, resulta una buena alternativa de inversión para quienes gusten de escapar a las
producciones tradicionales. Para hacerse una idea de la cifra inicial, vale recordar el ejemplo de
Lagos, quien para instalar 21.000 robles, encinas y avellanos en 50 hectáreas de la localidad de El
Chillar desembolsó cerca de u$s 3 millones.

La producción de trufas negras goza de mayor tradición en Europa y Estados Unidos, pero presenta
una marcada estacionalidad. Por ello, su cultivo en Argentina representa una gran oportunidad, ya
que su cosecha se realiza en pleno invierno. Al no tener la característica de un commoditie, no tiene
un precio fijo como la soja o el trigo, pero el mercado paga precios que oscilan los 2.000 dólares el
kilo.

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