Un culto imperdible del rugby: las reuniones de las camadas

El encuentro de las camadas 1956 y 1957 que se realizó en el Buenos Aires Criquet and Rugby Club Crédito: Pedro Ganduglia El culto al encuentro es algo que el rugby argentino no sólo mantiene, sino que lo fomenta cada vez más. Porque, de eso se trata, el juego sigue incluso más allá del tercer…

Un culto imperdible del rugby: las reuniones de las camadas

El encuentro de las camadas 1956 y 1957 que se realizó en el Buenos Aires Criquet and Rugby Club Crédito: Pedro Ganduglia

El culto al encuentro es algo que el rugby argentino no sólo mantiene, sino que lo fomenta cada vez más. Porque, de eso se trata, el juego sigue incluso más allá del tercer tiempo, que, al decir del maestro
Carlos
Veco Villegas
, es el más importante de los tres en un partido. En los últimos años se ha generado un nuevo fenómeno que amplía los espacios habituales para confraternizar. El más convocante es el de las reuniones de camadas. Es una experiencia que nació formalmente en 2011 con la camada 1961 que celebró los 50 años con una fiesta de todo el día en el CASI.
El emprendimiento fue reflejado en una nota de LA NACION. Hoy, ya no se celebran sólo los 50, sino los números redondos: en el CASI, que ha quedado como la sede emblemática, se juntaron este año los de 1959 y 1969 y en estos días se sumarán los de 1979.

Estos encuentros, que forman parte de la esencia del rugby, tienen dos elementos extraordinarios: pueden coincidir una leyenda de los Pumas (por ejemplo, este año fue
Marcelo Loffreda, exjugador del SIC y del seleccionado, además de dirigirlo en el histórico Mundial 2007) con uno que jugó sólo hasta los 17 años, y también dos de distintos clubes que en todo ese tiempo quizá se vieron dos o tres veces. Como mencionó uno de los cultores de estas reuniones: “Uno piensa que a los 50 años no hará más amigos, pero después de estos encuentros sumás otros”.

El encuentro de las camadas de rugby

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Algunas camadas han establecido encuentros mensuales a partir de esta movida, celebrándolas cada vez en un club distinto. Porque las reuniones juntan a gente de muchos clubes, que a la primera cita concurren con sus respectivas camisetas, retratados siempre en una foto grupal en la tribuna de cemento del CASI.

Pero la necesidad de juntarse, que se incrementa con el sentido de pertenencia en tiempos en los cuales la velocidad aplasta a la pausa y la convivencia es bombardeada desde todo tipo de pantallas, ya superó a la celebración de un número redondo. El pasado viernes 22 de noviembre, 120 integrantes de las camadas 1956 y 1957 se reunieron en uno de los clubes fundadores, Buenos Aires Criquet & Rugby Club. “Con Santiago Chiappe, también del SIC, y con Martín García Laborde, de CUBA, una noche nos propusimos armar un encuentro. Lo subimos a un chat de WhatsApp y al otro día habían contestado unos 80”, me cuenta
Pedro Ganduglia, ex pilar del SIC. El teléfono ayudó a separarse del teléfono, una metáfora de estas épocas.


El encuentro de las camadas 1959 y 1969 se reunieron en el CASI

La tarea que le siguió fue encontrar a un representante de cada club para que se comunicara con los suyos. Y así, en un abrir y cerrar de ojos, estaban todos compartiendo anécdotas, risas, pizzas y bebidas y comprometiéndose para armar otro más multitudinario en marzo próximo. Allí también se dio la conjunción de Pumas como
Tomás Petersen y
Sandro Iachetti con otros que no llegaron a un plantel superior.

Otra variante que empezó a ofrecer el rugby son los rincones que se armaron en los clubes para juntar a aquellos que en un partido quedan fuera del almuerzo tradicional previo o del tercer tiempo.
CUBA dio el kick-off con su Rincón del ex y otros clubes lo siguieron. Hace unos meses surgió otra vuelta de tuerca: el Rincón del scrum, forjado por un legendario pilar de los Pumas,
Fernando “Pope” Morel. El sector funciona atrás de las parrillas de la sede La Boya, del CASI. Y es sólo reservado para las primeras líneas.

“¿Qué hacemos además de divertirnos? Hablamos del juego, algo que parece estar en desuso. Nos juntamos los martes, cada 15 días, después del entrenamiento de scrum. A veces se suman segundas líneas. Pero nunca backs. Salvo el
Traquea Olivera, al cual invitamos porque es un fanático del scrum”, me dice
Pope. Porque el rugby nunca se termina de jugar.

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