Diego Monarriz: “No puedo dar un paso en falso y creerme que soy el técnico de San Lorenzo”

Se rasca la cabeza Diego Monarriz. Se volaron hace tiempo esos mechones dorados de su época de jugador, pero lo que conserva ahí arriba es una memoria envidiable. “Se me pasa la vida como una película: cuando fui a firmar, el debut en Inferiores, cuando me fichó Juan Carlos Carotti, los sandwiches, la Fanta naranja…

Diego Monarriz: “No puedo dar un paso en falso y creerme que soy el técnico de San Lorenzo”

Se rasca la cabeza Diego Monarriz. Se volaron hace tiempo esos mechones dorados de su época de jugador, pero lo que conserva ahí arriba es una memoria envidiable. “Se me pasa la vida como una película: cuando fui a firmar, el debut en Inferiores, cuando me fichó Juan Carlos Carotti, los sandwiches, la Fanta naranja con los chicos de la categoría 68, tomarme el 46 hasta Liniers…”, relata Monarriz, quien 36 años después de haber puesto sus pies por primera vez en San Lorenzo -en 1983- afronta el mayor desafío al ser el director técnico interino del equipo al menos hasta fin de año.

“Es una locura pensar en todo lo que viví y encontrarme hoy en este lugar”, dice Monarriz, que forma dupla con Hugo Tocalli. Los recuerdos le brotan y los expulsa uno detrás del otro. Bora Milutinovic, que lo subió a Primera. El Bambino Veira, que lo hizo debutar. Haber crecido en el vestuario de Los Camboyanos. Conocer a los 18 al amor de toda su vida, María Julia, con quien tuvo a Abril (24) y Tomás (23).

La película se vuelve de aventura cuando cuenta la experiencia en el fútbol sudafricano, en el 93: “Jugaba en el Orlando Pirates, de Soweto. Estuve poco, no llegué al año. Era un fútbol que no estaba profesionalizado. Fue muy difícil, raro. Pero lindo. Me tocó jugar un partido contra el Milan en el que estuvo presente Mandela​”.

“Es una locura pensar en todo lo que viví y encontrarme hoy en este lugar”, dice Monarriz. (Foto: San Lorenzo)

Y vira hacia un drama cotidiano con un toque de comedia cuando llega el 2001 y revela lo que debió hacer para ganarse el mango tras colgar los botines en un país al borde del cataclismo. Fue parte del emprendimiento de indumentaria deportiva que tenía la familia Cambiasso (fue compañero de Nicolás en El Porvenir). Y hasta se puso la pilcha de barrendero por un día: “Yo tenía que trabajar en un depósito y entregarle los materiales a los barrenderos. Pero el primer día me vistieron todo de verde fluo y me sacaron a la calle a barrer, por Flores”.

Eso, al cabo, fue lo que le generó el click. “Ahí me cayó la ficha. Cuando terminé, entregué la ropa y me fui a verlos a Madelón y a Perazzo que tenían un emprendimiento. ‘Si le dediqué mi vida al fútbol, algo debía haber cosechado'”, se dijo. Enseguida logró meterse en el Ciclón gracias a la mano de Jorge Rinaldi y de Fernando Berón​, dos viejos conocidos, y de Gabriel Rodríguez. “Arranqué en febrero de 2002 como auxiliar de técnico en Quinta y Sexta categoría. Luego hice el curso de DT y comencé”, describe en una extensa charla ante Clarín.

El camino siguió en juveniles de River y de Vélez​. Como ayudante de Eduardo Coudet incursionó en la elite y regresó a Boedo para hacerse cargo de la Reserva. Tras la ida de Juan Antonio Pizzi agarró momentáneamente el primer equipo.

-¿Qué clase de entrenador sos?

-Me gusta que lo más importante sea el jugador. Siempre. Soy flexible a diferentes sistemas de juego, no me caso con ninguno. No muero con una idea.

-¿La línea de 5 no llegó para quedarse?

-Hay que tener una coherencia. Si arrancamos así y se mejoró, la idea sería seguirla trabajando. No puse línea de 5 porque sí. Lo que quise darle al equipo con los tres centrales es una salida defensiva, pero luego llegar con cuatro o cinco personas al otra área. Había que cortar la hemorragia de derrotas. Yo hablé con los jugadores y les pregunté si estaban convencidos. En algún momento podemos cambiar. Pero hoy vamos a afianzarnos en esto.

“Vamos a afianzar la línea de 5”, asegura Diego Monarriz. (Foto: San Lorenzo)

-¿Te gustaría aprovechar esta oportunidad para lanzarte como DT de Primera?

-Vamos partido a partido. Sé dónde estoy, tengo los pies sobre la tierra. No quiero entrar en esa obsesión de decir o pensar en ganar para que me ratifiquen a fin de año. No puedo dar un paso en falso y creerme que soy el técnico de San Lorenzo. Se evaluará y se verá qué es lo que corresponde. Sé que tengo todo el apoyo dirigencial. Los dirigentes saben que uno acá está para trabajar y que no le tiembla el pulso para tomar decisiones.

-¿A qué te referís?

-Digo lo que pienso siempre. Y explico si sale un jugador por qué motivo es y lo mismo el que entra. Ojo, no quiero hacerme el guerrero y poner pibes porque sí. El otro día puse pibes porque pensé que el equipo necesitaba la inyección de rebeldía y de inconsciencia que tiene el jugador juvenil. Aire fresco sostenido por jugadores de experiencia.

-Una de tus primeras decisiones fue poner a Torrico en el arco. ¿Hablaste con Navarro?

-Se lo dije adelante de todos a Nico, él ha tenido etapas importantísimas en San Lorenzo. Ha ganado partidos. Yo no me dejo manejar por el pulso de la gente, pero no deja de ser una bomba de tiempo si un futbolista está siendo criticado y  se lo somete al circo romano. Había que descomprimir la negatividad, que puede contagiarse. Ataqué por lo emocional. No vengo a sacar a nadie porque sí. El jugador te saca la ficha al segundo. Si yo el primer día me quiero comprar a los grandes y les digo “vos sos mi bandera, el símbolo”, y después no los pongo, se van a sentir usados.

-¿No hay jugadores que cumplieron un ciclo? Por ejemplo, el otro día Blandi y Cerutti quedaron afuera del banco.

-Siendo sincero, me confundí con Blandi y con Cerutti. A ver, no lo hice para demostrar que tengo las agallas de dejarlos afuera. No soy ningún capanga. Ellos tienen una trayectoria. Para eso directamente no debería haberlos concentrado, pero me definí cuando estaba llegando al estadio y fue una decisión vinculada a la planificación del partido. Lo que quiero es que el jugador no se sienta forreado. Ninguno del plantel está pintado. Lo digo con total honestidad.

Diego Monarriz, sincero, cuenta que se equivocó en citar a Blandi y a Cerutti para luego dejarlos fuera del banco ante Argentinos. (Foto: San Lorenzo)

-¿Cómo se hace para poner juveniles y no quemarlos en este momento?

-Lo que hay que fijarse es que el chico, además de que sea bueno, tenga seguridad. No todos están preparados. Aposté a los de cabeza dura y fuerte. Yo sabía que los pibes que iban a entrar no les iba a pesar.

-Con Argentinos hiciste debutar a Sequeira con 16 años, ¿si el partido no estaba liquidado lo hubieras puesto?

-Teníamos programado que si íbamos perdiendo y se venía la cancha abajo era el momento de ponerlos para ver cómo respondían, para ver si cambiaban el efecto. El banco estaba formado por juveniles, de tres cuarto en adelante. Puede ser una locura, pero era la idea. Los más grandes que no entraron fue por el contexto. Quizás en ese momento no iban a ser una solución. Ahora, con un equipo que ganó y se soltó, esos futbolistas pueden soltarse. Y ahora quizás encajan. La cabeza mata la técnica. No es de cagón, sucede. Un jugador no es una máquina. Un triunfo puede desbloquear lo que lo tiene atado.

-Mucho se habla de Matías Palacios, pero no juega en el primer equipo. ¿Por qué?

-Es que en todo el último tiempo estuvo más con la Selección Sub 17 que en el club. Le pasó a Pizzi, que casi no lo vio entrenar. Ahora hasta fin de año está como el resto de sus compañeros y tiene las mismas chances, al igual que su hermano Julián y que Francisco Flores. No hay que marearlo, se hablan muchas cosas. Messi hay uno solo. El pibe es muy centrado y hay que llevarlo tranquilo. Esto es largo.

Diego Monarriz es DT interino de San Lorenzo junto con Hugo Tocalli. (Foto: San Lorenzo)

Monarriz, Boedo y el Gasómetro

Como jugador, Monarriz vivió la etapa post descenso (y ascenso) de San Lorenzo. “Fueron años duros. Había solamente dos canchas para entrenarse. Y a veces no teníamos agua en la Ciudad Deportiva y nos teníamos que ir a Deportivo Español. Nos bañábamos debajo de un árbol con agua mineral”, recuerda. Eso sí, nunca se olvidará del marco que proponían los hinchas del Ciclón en cada cancha que le tocaba hacer de local: “Reventaban cualquier estadio: Boca, River, Vélez, Huracán… Era una locura”.

Por eso, el actual DT interino sigue de cerca toda la gesta de la Vuelta a Boedo y no ve la hora de volver a tener la cancha en el barrio de siempre. “Me acuerdo que me llevaban de chico al Gasómetro. Centro de Ortiz, gol de Scotta. Fui el último partido, el 0-0”, comenta. Y resalta lo que significa tener nuevamente el estadio en Av. La Plata: “Es volver a tu casa, al barrio. Tener una identidad. Es todo. Es los abuelos. Los que ya no están. Los bares. Es volver a tener lo que nos arrancaron de las manos. San Lorenzo va a reventar esa cancha cuando vuelva. Y no tengo dudas de que va a hacer crecer al barrio y a toda esa zona. Se va a generar una energía tremenda”.

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