Una derrota con Boca fue el impulso para que Rodolfo D’Onofrio pusiera en marcha el ciclo más exitoso de River

“¡Iarley, Iarley, Iarley!”…Desde lo más alto de la tribuna Centenario los hinchas de Boca le hacían culto al delantero brasileño que vestido de azul y amarillo acababa de sentenciar con una gran jugada individual el Superclásico del Apertura 2003, disputado en el Monumental el 9 de noviembre de ese año. Era el 2-0 del equipo…

Una derrota con Boca fue el impulso para que Rodolfo D’Onofrio pusiera en marcha el ciclo más exitoso de River

“¡Iarley, Iarley, Iarley!”…

Desde lo más alto de la tribuna Centenario los hinchas de Boca le hacían culto al delantero brasileño que vestido de azul y amarillo acababa de sentenciar con una gran jugada individual el Superclásico del Apertura 2003, disputado en el Monumental el 9 de noviembre de ese año. Era el 2-0 del equipo de Carlos Bianch​i -que venía de obtener unos meses atrás la Copa Libertadores y que un mes más tarde le ganaría la Copa Intercontinental al Milan y también se adjudicaría el torneo local sobre el conjunto del ingeniero chileno Manuel Pellegrini.

El brasileño Pedro Iarley fue actor involuntario de una decisión que cambió la historia de River en estos últimos años. (Foto: Archivo Clarín).

Mientras, en las otras tribunas del estadio atronaba un canto que poco tenía que ver con la historia de River​: “Y pongan huevos la p…que lo parió…Y pongan huevos la p…que lo parió”. Núñez era un hervidero…

En un palco de la platea Belgrano, junto a su familia, estaba Rodolfo D’Onofrio​, presidente de La Caja, la compañía de seguros que presidía en aquel entonces. Fue a ver a River como un espectador más, como lo hacía todos los domingos, lejos de la arena política del club. Pero, detectó algo que le llamó la atención y no le gustó para nada. “¿Cómo puede ser que Boca nos pegue un baile en nuestra casa y que nuestros hinchas le pidan a gritos a los jugadores que pongan huevo? ¿Qué hicieron con River? Me cambiaron la filosofía del club que yo siempre conocí…”, les dijo a sus más allegados. 

D’Onofrio y Gallardo, artífices de una era exitosa en River. ( Foto: Rolando Andrade Stracuzzi).

En una charla con Clarín, lo recuerda perfectamente. “Este tipo (por el ex presidente José María Aguilar) me está cambiando River y a mí no me gustaba para nada. Eso que veía en la cancha no nos identificaba con lo que fue nuestra historia”, remarcó D’Onofrio. Y agregó: “Ese día vi a River jugar a lo Boca y eso a mi no me gusta. La hinchada en vez de cantar ‘ole’, gritaba ‘huevo, huevo, huevo'”.

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Ya en la noche de ese domingo de noviembre, en su casa, llamó a un amigo que la semana anterior le había pedido si podía poner su firma para que oficialicen una Agrupación que estaba por formarse. Y tanto él como su familia pusieron el gancho.

“Escuchame, ¿a quién apoya esa agrupación?”, preguntó D’Onofrio. “A Aguilar”, le respondió el amigo. “Ah bueno, entonces de ahora en más voy a ir a todas las reuniones para decir lo que pienso”, fue la devolución del hoy presidente de River.  

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A partir de allí, nació el D’Onofrio político en el club de Núñez. “Esa situación llevó a que yo me meta cada vez más. En 2005 fui vocal opositor y entré a la Comisión Directiva. Eramos tres nada más por la oposición y ahí empecé a ver la realidad de River, que había que cambiarla. Arrancamos con un proyecto. Nos presentamos en 2009, perdimos por tres votos (con Daniel Passarella), pensé que no me iba a presentar más, pero cuando faltaban 10 meses para la elección de 2013 vinieron con una encuesta y me dijeron: ‘Mirá cuánto medís, la gente de River te quiere como presidente’. Entonces me reuní con los muchachos que me acompañaban y ahí empezamos armar este proyecto y el equipo. Y fuimos para adelante”, recordó D’Onofrio.

Al poco tiempo se sumó al espacio de Alfredo Davicce, quien compitió con Aguilar en 2005. A pesar de la derrota electoral, D’Onofrio ingresó como vocal por la minoría. El resto es historia conocida. En 2009 fue candidato presidencial y perdió con Passarella por “tres votos” y en 2013 arrasó en las urnas, superando a Antonio Caselli y convirtiéndose en el presidente de River. En diciembre de 2017 fue reelegido en otra elección emblemática, sacando el mayor porcentaje de votos en la historia del club. 

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Cuando asumió en 2013 encontró al club “en coma 8”, según lo definió él mismo en una entrevista con Clarín a pocos días de su asunción. Pero, con el paso de los años y de su gestión, el club se fue ordenando en lo institucional y en lo económico y -con Marcelo Gallardo al frente- alcanzó mayor gloria deportiva.

Designó a Enzo Francescoli como secretario técnico, quien le indicó que había que traer a Marcelo Gallardo​ cuando Ramón Díaz, inesperadamente, se fue luego de salir campeón. En seis meses de gestión ya había ganado dos títulos (el torneo local y la Copa Campeonato con una victoria en la final a San Lorenzo). Y de la mano del Muñeco llegaron 10 títulos más: dos Copa Libertadores, una Sudamericana, tres Recopa, dos Copa Argentina, una Supercopa Argentina y una Suruga Bank.

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Lo más sustancial: cuatro de esos 10 títulos en la era Gallardo llegaron tras eliminaciones a Boca: en la semifinal de la Copa Sudamericana 2014, en los octavos de final de la Libertadores 2015 y el triunfo en dos finales: la Supercopa Argentina y la Copa Libertadores, ambas en 2018. Hace poco hubo una quinta eliminación a Boca, en las semifinales de la Copa Libertadores de este año, que River definirá en la final contra Flamengo, en Lima, dentro de dos semanas.

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Una derrota de River contra Boca, hace 16 años, impulsó a D’Onofrio a meterle el cuerpo la política del club de Núñez. Vaya paradoja. Terminó siendo el presidente de una era plagada de éxitos deportivos en River, en la que superó ampliamente a Boca. Y así, junto a Gallardo, también se transformó en una pesadilla para el eterno rival. 

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